johncage 

 Hoy me vais a correr a gorrazos pese a que os inserto un enlace con una de las obras musicales que más han dado que hablar en todo el siglo XX, la famosa pieza para piano en tres movimientos 4´33″ del compositor norteamericano John Cage. Si observamos con detenimiento este excepcional documento sonoro, apreciamos como el pianista encargado de la interpretación despliega la partitura de la obra sobre el teclado y seguidamente pone en funcionamiento un reloj cronómetro que indica la duración total de dicha obra, cuatro minutos y treinta y tres segundos. Entre tanto, el pianista se limita a levantar y cerrar la tapa del piano en los inicios de cada movimiento de esta breve obra, como bien se puede apreciar en el vídeo. Transcurridos esos cuatro minutos y treinta y tres segundos, el ejecutante para su cronómetro, recoge la partitura y se larga con viento fresco. Como habréis podido apreciar, esta obra puede ser interpretada por cualquier persona, no siendo necesaria ningún tipo de formación pianística para la misma. Pero entonces, ¿Dónde está la música? ¿Qué es eso de sentarse frente a un piano y dejar pasar casi cinco minutos sin hacer absolutamente nada, sin percutir ni siquiera una sufrida tecla? ¿Estamos ante un fraude musical? ¿Se corresponde esta obra experimental y vanguardista con una de las llamadas mistificaciones del arte?

 En 4´33″ el pianista se sienta a leer esa partitura durante exactamente ese tiempo referido, pero no toca nada. Ello se corresponde con el proceso creativo de desvinculación que llevó a cabo el conocido compositor californiano. Primeramente, prescindió en sus obras de la melodía y de la armonía; sus primeras composiciones se construyen con un ritmo puro, tocado por la percusión o el “piano preparado” — un piano agregado con diversos objetos que sirven para modificar su sonido, generalmente con tornillería intercalada en su aparato de cuerdas. Posteriormente, Cage se deshizo de la intención y de la forma al introducir operaciones “de azar” en la música que culminaron con la composición del “silencio puro” en 4´33″. Esta técnica compositiva le llevó a crear un estilo acogedor en el que cualquier sonido al azar — movimiento de la partitura, toses del público, etc… — forma también parte de la pieza. Pero no penséis que Cage se detuvo aquí, ni mucho menos: Otras obras suyas posteriores se significan por sus peculiares modos compositivos, por ejemplo las famosas Variaciones II para piano en las que la “partitura” consiste en 11 hojas transparentes con líneas o puntos, agujereadas al azar, usándose el resultado para determinar las características básicas del sonido. Su Roaratorio es una exuberante obra cacofónica para grabación electrónica e intérpretes en directo en un intento de poner música a la novela Finnegans Wake de James Joyce. (El “experimento” dura unos 75 minutos…)

 Nacido en Los Ángeles el 5 de septiembre de 1912, John Cage pronto se interesó por la música clásica hindú y las filosofías orientales. Formó una orquesta de percusión antes de establecerse en Nueva York en 1942 y empezar a colaborar con la compañía de danza de Merce Cunningham. Revolucionó la música contemporánea al dotarla de un lenguaje caótico, continuando la trayectoria de Varese y, en menor medida, de Charles Ives, el mejor compositor que hayan dado nunca los EEUU de América. Influenciado por la filosofía Zen, Cage utilizó en sus partituras sonidos desconectados, casuales y atonales con un volumen, timbre y entonación aleatorios. Utilizó un curioso sistema de 25 tonos en su intención de dar protagonismo al “ruido” como una forma más que el oído humano puede percibir. Repudió la tradición musical de Occidente, pero sin enfado ni negatividad. Incluso en sus momentos más decididamente caóticos, su música transmite exuberancia y reafirmación de la vida. Para muchos críticos, el mayor mérito de Cage fue el de “liberar” los sonidos de los efectos “intimidatorios” de las normas e intenciones humanas, para que pudieran “ser sí mismos”. Actualmente, John Cage pasa por ser uno de los compositores más originales de la historia de la música occidental. Su fallecimiento, el 12 de agosto de 1992 en Nueva York, provocó no pocas multitudinarias adhesiones y homenajes en los estudiantes de grado superior de los principales conservatorios musicales del mundo. Nuestro humilde homenaje a su figura.