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Mohamed VI indulta a 178 españoles presos en Marruecos

mohamed VI

 Con motivo de la Fiesta del Trono, en el décimo aniversario de la entronización del actual rey de Marruecos, Mohamed VI, el monarca ha adoptado medidas de gracia para un 40% de los presos que cumplen condena en el país magrebí, de las que aproximadamente 178 reclusos con nacionalidad española han resultado beneficiados… Y la gran mayoría, presos que cumplían su condena en Tánger. No podemos sino alegrarnos de tal medida en lo que a nuestros compatriotas se refiere, toda vez que la facultad del perdón es una virtud tanto islámica como cristiana. La naturaleza de los delitos por los que los presos españoles cumplen condena se centra, de forma casi exclusiva, en el tráfico y posesión de sustancias narcóticas, asunto tan grave como delicado. De todos es sabido que Marruecos es uno de los principales países ”productores” de hachís, circunstancia que provoca la proliferación de numerosos delitos relacionados con el tráfico de dicha sustancia narcótica y en la que determinados ciudadanos españoles se ven involucrados por los beneficios económicos que reporta tal ilegal comercio, sobre todo en su posterior distribución por España, donde la droga quintuplica, por lo menos, su valor de venta. Muchos de los condenados son simples “camellos” que trabajan para poderosas organizaciones que prácticamente acaparan la distribución de sustancias narcóticas tanto en España como en el resto de Europa, merced a una complicada red que tiene en cuenta otros aspectos colaterales de dicho negocio (Lavado de dinero, extorsión, etc…) y que, por regla general, mantienen vínculos internacionales con otros cárteles de la droga.

 Hasta aquí, todo parece una buena noticia: Insistimos, cualquier medida de gracia nos parece, al menos, misericordiosa. Muchos de esos “camellos” son unos pobres desgraciados que no tienen ni la inteligencia ni la cultura suficiente como para realizar una reflexión profunda acerca de la ilicitud y peligrosidad de sus actos, del todo censurables. Ahora bien, echando un vistazo a distintos artículos que han sido publicados en numerosos medios españoles, uno no deja de avergonzarse ante las patéticas declaraciones de algunos de estos presos que han sido indultados y que cumplían su justa condena en la prisión de Tánger. Leamos algunos ejemplos.

- Una pareja procedente de Badajoz cumplía condena en Tánger: El varón transportaba 150 kilos de hachís en una autocaravana cuando fue detenido. Su condena, bastante benevolente, fue de cuatro años, de los que sólo ha cumplido 18 meses. Su compañera llevaba encarcelada desde 2007. Las declaraciones de ambos no tienen desperdicio: –” Marruecos es un país tercermundista y allí se nota mucho más la discriminación, el racismo. En el penal de Tánger no había condiciones higiénicas. Teníamos que ducharnos con cubos de agua fría. Todo iba a base de favores, de dinero. Si quería llamar a la familia por teléfono, necesitaba dinero…”

- La madre de un detenido, un joven de apenas 19 años, muestra su preocupación, no ya por el hecho delictivo de su hijo –”Él quería ganar dinero para poderse ir a vivir con su novia”– sino por los cambios en su conducta tras su paso por la cárcel: –”La experiencia ha sido horrible y creo que eso le ha dejado muy marcado para toda la vida. Yo creo que está tocado: Me ha hablado de religión, de que lee el Corán, que tiene que rezar… y estoy preocupada”– Para esta buena señora, es una tragedia que su hijo pueda reflexionar sobre su conducta, pero no así que su hijo haya sido detenido por tenencia de 40 kilos de droga oculta en las ruedas del vehículo que conducía. El joven añade: –”La cárcel de Tánger es la peor cloaca que existe: Ratas, cucarachas, corrupción; no hay atención, no te dan comida…  No he llamado a los funcionarios del Consulado Español porque tampoco me ha hecho falta”

 Yo simplemente me pregunto:

¿QUÉ ESPERABAN USTEDES? ¿ACASO QUE LES ALOJARAN EN UN HOTEL DE CINCO ESTRELLAS? ¿ACASO QUE FUESEN ATENDIDOS POR UNA COHORTE DE BELLAS HURÍES? ¿ACASO QUE DISPUSIERAN DE ALFOMBRAS DE SEDA PARA QUE NO SE RESFRIASEN? ¿NO LEEN USTEDES LOS PERIÓDICOS? ¿NO SABEN A LO QUE SE EXPONEN INTENTANDO TRAFICAR CON DROGAS EN OTRO PAÍS? ¿ACASO SUS NECESIDADES — COMPRARSE UN PISITO PARA VIVIR CON SU NOVIA — JUSTIFICAN TAL IRRESPONSABLE CONDUCTA?

 Suerte tienen ustedes de haber sido liberados, gracias a la Providencia, al malik Mohamed VI o a quien corresponda. Suerte tienen ustedes de haber padecido las penalidades de la prisión de Tánger (De haber estado en Brasil o Tailandia, Tánger les hubiera parecido un paraíso). Pero que sepan que, con su desvergonzada actitud de miserables traficantes de droga, ustedes SI QUE HAN PODIDO LLENAR DE RATAS Y DE CUCARACHAS MUCHOS DOMICILIOS DE GENTE INOCENTE. SÍ QUE HAN PODIDO CONVERTIR EN UNA CLOACA EL HOGAR DE MUCHAS GENTES DE BUENA VOLUNTAD. Ustedes han encontrado la misma mierda que perseguían, no lo olviden. Y, por favor, cállense la boquita y reflexionen sobre su miserable actitud. Si necesitan dinero, TRABAJEN COMO CUALQUIER HIJO DE VECINO. Ustedes sí que han ensuciado el nombre de ESPAÑA en el extranjero. Ustedes sí que han ensuciado el nombre de ESPAÑA en TÁNGER. ¿Les pasará el Estado Español factura por sus trámites de excarcelación? ¿Tendremos que pagar todos de nuestro bolsillo esa factura? Me temo que sí.

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Tánger, la andaluza: Artículo de Javier Valenzuela

Tanger

 Con el permiso de Javier Valenzuela, habitual analista del programa Los desayunos de TVE y periodista del área de Opinión del diario EL PAÍS, os inserto un extraordinario artículo acerca de Tánger publicado por el autor en Marruecos Digital y que también puede ser leído en su blog personal. Nacido en Granada en 1954, Javier Valenzuela se ha destacado a lo largo de su trayectoria profesional como uno de los mejores corresponsales de la prensa española en Oriente Medio, Marruecos, Francia y EEUU. De igual manera, sus trabajos como enviado especial del periódico EL PAÍS a distintas zonas de conflicto mundial en las dos últimas décadas han sido alabados por todos los sectores de la prensa. Valenzuela es un gran especialista en temas del mundo árabe y musulmán, como así lo demuestran sus libros El Partido de Dios (EL PAÍS-Aguilar, 1989), La última frontera (Temas de hoy, 1996) y España en el punto de mira (Temas de hoy, 2002). En 2007, Javier Valenzuela recibió el Premio Convivencia de la Asociación Intercultural de Melilla.

“Si en Marrakech están los cimientos que anclan a Marruecos en África, en Tánger está el balcón que abre ese país a Europa y América. Por eso Marruecos necesita hoy más que nunca a Tánger, porque sus múltiples, amplias y hermosas estancias aún están llenas de excesivo polvo, de numerosas telarañas, de oxígeno empobrecido.

Es un secreto a voces que los marroquíes necesitan vigorosas corrientes de aire fresco que, sin derrumbar la mansión -más sólida, por lo demás, que muchas de sus vecinas en el continente africano y el mundo arábigo-musulmán-, les permitan respirar más desahogadamente. Estoy hablando, por supuesto, de democracia, de empleo, de equidad social y de limpieza en la gestión de los asuntos públicos.

Ahora bien, el mundo, y muy en particular España, también necesita a Tánger. Una de las grandes lecciones de lo que llevamos de siglo XXI es que la libertad, la prosperidad y la seguridad en Europa y América dependen en buena medida de que Marruecos, el Magreb, África y el universo musulmán también dispongan de unos mínimos razonables de libertad, prosperidad y seguridad. Y como en tantas ocasiones en el pasado, Tánger es un balcón privilegiado para la entrada en las tierras del sur de ideas, personas, inventos, mercancías, tendencias, proyectos, sueños e inversiones.

La buena noticia es que, a diferencia de los tiempos de Hassan II, que castigó a Tánger con su soberana indiferencia cuando no manifiesto desprecio, las elites que ahora gobiernan Marruecos, empezando por el rey Mohamed VI, parecen conscientes de la importancia estratégica que esa ciudad tiene para el conjunto de su país. De ahí que la urbe fundada por Anteo y los territorios de alrededor lleven unos cuantos años en permanente estado de obras. En cuanto al regreso de una presencia importante de europeos a Tánger, tanto en busca de descanso o inspiración como en calidad de empresarios o cooperantes, atestigua la renovación de un compromiso histórico.

Así que fue una pena que Tánger no resultara elegida como sede de la Exposición Universal del año 2012. Como percibieron muchos marroquíes –y también el grupo de españoles que les apoyó en ese empeño-, la celebración de tal evento en Tánger hubiera sido más positiva para el diálogo de civilizaciones que cientos de conferencias académicas y cumbres políticas. De hecho, la candidatura tangerina se presentaba con un lema que no podía ser más explícito: “Rutas del mundo, encuentro de culturas. Por un mundo unido”. El fantasma de ese gran viajero que fue el tangerino Ibn Battuta debió removerse de alborozo en su tumba.

Otra vez será. Entretanto, el objetivo español sigue siendo el establecido en los años ochenta del siglo XIX por la Sociedad Geográfica de Madrid: ni Pirineos ni Estrecho. Si lo primero, con la pertenencia de España a la Unión Europea y su mutuamente provechosa alianza con Francia, es un hecho, lo segundo aún deja que desear. No es culpa, cabe decir, ni de este Gobierno, ni de las empresas instaladas en el país magrebí, ni, mucho menos, de los españoles comprometidos con la causa de la amistad entre las dos riberas del Estrecho de Gibraltar, no pocos de ellos instalados en Tánger o visitantes asiduos de la ciudad.

De Tánger, de sus especificidades geográficas, culturales y humanas, de su período de ciudad internacional y su posterior decadencia, se ha dicho todo o casi todo. O tal vez no. Pariente de las antaño grandes ciudades cosmopolitas del Mediterráneo musulmán (Alejandría, Beirut, Estambul), Tánger, por su situación entre ese mar y el océano Mediterráneo, ha tenido, y tiene, una dimensión peculiar: la americana. Ya a comienzos del siglo XX, un presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, se interesaba por sus asuntos políticos con el célebre: “Quiero a Perdicaris vivo o a Raisuni muerto”. Desde entonces, la lista de americanos relacionados con Tánger es enorme, incluyendo escritores como Paul Bowles, William Burroughs, Truman Capote, Tennessee Williams y Jack Kerouac y millonarios como Barbara Hutton y Malcom Forbes.

Así que mediterránea y atlántica a la vez, encrucijada feraz entre el sur y el norte (África y Europa), y entre el este y el oeste (Asia y América), Tánger es, definitivamente, una ciudad andaluza. Como Granada, como Sevilla, como Cádiz. Y al decir esto, no estoy pensando, faltaría más, en ninguna ampliación de la Comunidad Autónoma de Andalucía al norte de Marruecos. No, ese ser andaluz en el que pienso no es político ni administrativo; tampoco racial o religioso. Es cultural, entendiendo cultura como una forma de vivir lo grande y lo pequeño, de vivir en el barrio y en el mundo.

Ese ser andaluz ni tan siquiera es lingüístico. Puede expresarse en castellano, francés, inglés, italiano, portugués, árabe, bereber o jaquetía, hablas todas ellas, por cierto, utilizadas en Tánger. Por mucho que sorprenda esta afirmación, el plurilingüismo es algo muy andaluz. Como lo es la pluralidad de estirpes: fenicios, latinos, bereberes, árabes, judíos, africanos, godos, anglosajones… La pureza racial, nacional o religiosa con la que sueñan los locos más peligrosos del planeta está en las antípodas de lo andaluz.

El periodista Eduardo Haro Tecglen, que conoció el cenit y el crepúsculo del Tánger cosmopolita, tenía una definición fantástica para la ciudad: decía que es “un estado de ánimo”. Pues sí, un estado de ánimo para vivir la vida con gusto, con calma, con humor. Para vivirla con la mente curiosa, el corazón abierto y el cuerpo gozoso. Para procurar embellecer cualquier lugar y cualquier momento. Un estado de ánimo pleno de liberalidad y estética.

Cabe precisar que lo andaluz de Tánger o de sus hermanas del norte del Estrecho tampoco es meramente lo andalusí. Es evidente que el rico legado de Al Andalus es una parte sustancial de lo andaluz, pero lo andaluz es más, bastante más, que ese legado, no en vano han pasado cinco siglos. En este sentido, puede decirse que la medina de Fez es maravillosamente andalusí, un auténtico viaje al pasado común, mientras que Tánger, en sus zocos y en sus barrios modernos, es contemporáneamente andaluza. Por Tánger, como por Jerez o Málaga, han pasado, y dejado una intensa huella, muchos ingleses, franceses, alemanes y americanos desde que Boabdil fuera destronado.

En Rostros, amores, maldiciones, su última obra, Mohamed Chukri escribió: “Tenía un amigo que opinaba que aquel que no supiese soñar su vida debía venir a Tánger”. Es un consejo excelente. Sirve para lo personal –Tánger te hacer soñar que allí es posible comenzar una nueva vida- y sirve para lo colectivo –la superación del Estrecho tendría que ser el sueño común de marroquíes y españoles-. Y es que, en la región del mundo que nos ha tocado habitar, el siglo XXI será andaluz o no será”

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