En el enlace al vídeo que hoy os dejo podemos escuchar la primera parte del Poema del éxtasis, Op. 54, del compositor ruso Alexander Scriabin. (Para seguir la obra completa, de unos veintitantos minutos de duración, pinchar vídeo parte 2 y vídeo parte 3). La versión de los enlaces se corresponde a una lectura efectuada por la Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por Pierre Boulez y dicha grabación se encuentra disponible en el sello DG Deutsche Grammophon (ref 459647). La obra, densa y ejecutada con una orquesta de enormes dimensiones, se abre con una introducción, Andante languido, en donde flautas y violín solo se intercambian el primer motivo, el de la Languidez, que se ve sucedido por el de la Voluntad a cargo de la trompeta. Posteriormente, el clarinete expone el tema del Sueño al que le responde la Languidez. De un nuevo episodio, lleno de impulsos y temblores, brota el Vuelo que, tras un intermedio lento y cromático, desemboca (Allegro non troppo) en el tema principal de la trompeta, contorneando el Vuelo, para llegar a la Afirmación. Desde este instante, la trompeta pasa de ser enunciativa para convertirse en concertante. Tras un episodio de gran complejidad armónica, los metales bajos exponen el tema de la Protesta aunque será el de la Afirmación el que se imponga con una intensidad sonora descomunal. Un repetición nos lleva a la Voluntad y de ahí al Sueño, siendo ahora los conflictos menos dramáticos. Tras una sucesión de acordes radiantes, campanilleos y toques de órgano, dos notas cromáticas en cuerdas y flautas sirven de plataforma para el último recuerdo del tema de la Afirmación, que concluye la obra con un gran acorde de Do mayor. Para algunos autores, todas estas explicaciones descriptivas que hemos efectuado no sirven de nada: lo mejor es sumergirse directamente en las atractivas sonoridades de la obra… Bueno, pues que cada cual elija según propia conveniencia.

Estrenado el 14 de mayo de 1907 en Nueva York bajo la dirección de Altschuler, el Poema del éxtasis fue iniciado nada más terminar el autor su Tercera Sinfonía. En un principio, Scriabin pensó titularlo Poema orgiástico y él mismo redactó el texto, de ideas mesiánicas sobre la identificación del hombre con su creador, que apareció publicado en la revista Russkie Propilei. Scriabin pensó en escribir una sinfonía de cuatro movimientos pero al final optó por un único y gran movimiento con prólogo y epílogo. El término Éxtasis debe considerarse como trascendido, desde su significación original hasta su conclusión universal. A nivel estrictamente musical, esta pieza es una obra maestra absoluta por su riqueza temática y armónica, por la originalidad de la forma y por la prodigiosa carga embriagadora que la anima.

El movimiento teosófico moderno tuvo eco en el espiritualismo y desasosiego de la sociedad rusa en el último tercio del siglo XIX. Helena Hahn, conocida popularmente como Helena Blavatsky (1831-1891), fue la cofundadora de la Sociedad Teosófica en Nueva York en 1875. Blavatsky fue autora de obras entonces muy difundidas como Isis sin velo o La doctrina secreta. Una corriente paralela a la teosófica fue la del espiritismo, opción creada por el lingüista francés Allan Kardee (1804-1869). Junto a estas dos tendencias, en Rusia se conocía desde tiempo atrás la filosofía nihilista — aunque el término nihilismo se le atribuye al alemán Friedrich Heinrich Jacobi, lo cierto es que su formulación política y filosófica se debió al ruso Dmitri Pisarev — que con el tiempo se convirtió en activismo político. Este activismo irá siendo sustituido por el socialismo y el comunismo hasta dar origen a la Revolución del 1917. Alexander Scriabin fue un compositor posrromántico que se destacó como pianista bajo el influjo de Chopin, como así se refleja en sus cuatro primeras sonatas. Sin embargo, en 1907 su línea creativa dio un giro copernicano al contactar Scriabin con el movimiento teosófico moderno.

Alexander Nikolaievitch Scriabin nació el 6 de enero de 1892 en Moscú, Rusia, y estudió piano desde una edad temprana para luego acceder al Conservatorio de Moscú, en donde fue discípulo de Safonov, Taneiev y Arenski. Tras diplomarse de sus estudios en 1892, Scriabin acometió una brillante carrera internacional como pianista aunque consagrada a la interpretación de su propia obra. Docente de piano en el Conservatorio de Moscú entre 1898 y 1903, ese mismo año decide dedicarse a la composición y sale de Rusia para vivir unos años en Suiza y Bélgica, país este último en donde frecuenta los círculos teosóficos. Volcado en la composición, no obstante Scriabin sigue con sus giras de conciertos que le llevan incluso a los EEUU entre noviembre de 1906 hasta marzo de 1907. De regreso definitivo a Rusia en 1910, Scriabin dedicó los últimos años de su vida a la elaboración de una obra integral — Mysterium — en donde fusionaría todas las artes y las culturas, pretendiendo además que la obra se estrenase en un templo hindú. Aquel proyecto no se pudo llevar a cabo ya que Scriabin falleció prematuramente víctima de la septicemia el 27 de abril de 1915 en Moscú a la edad de 43 años.

Alexander Scriabin fue uno de los compositores que mejor percibieron el fin del sistema tonal y que más cerca llegó a las puertas del atonalismo. Pasó del romanticismo de Chopin a una especie de misticismo salvificador con el que se encontró a sí mismo como compositor. A medida que sus creencias se volvieron más extravagantes, su música forzó los límites de la armonía y de la interpretación. Con todo, su utópico misticismo le hizo perder toda influencia sobre unos compositores más jóvenes e interesados en éxitos más inmediatos. Sirva desde aquí nuestro humilde homenaje a su figura.