bandres

 Lo primero de todo, desearle a usted, don Juan María, una plena recuperación y que esos fastidiosos achaques no se le vuelvan a repetir. Porque usted fue uno de los primeros que comprendió que la lucha armada no tiene ni sentido ni justificación cuando se vive en un marco de libertades democráticas. A todos nos quedará ese recuerdo feliz que supusieron las conversaciones con antiguos militantes etarras cuyas manos no estaban manchadas de sangre inocente y su posterior inserción en las filas de la formación política que usted dirigía, liquidando de un plumazo ETA pm (VII Asamblea), y demostrando que cualquier idea puede y debe ser defendida dentro de unas reglas democráticas y nunca bajo el uso coactivo de la fuerza de las armas. Desgraciadamente, otros no siguieron este ejemplo y todavía por ahí siguen, ciegos, ignorantes y con una percepción distorsionada de la realidad, ensuciando el buen nombre de Euskadi mediante tiros en la nuca y bombas indiscriminadas. Allá se pudran para siempre en la cárcel. Pero su labor, don Juan María, no se paró ahí y, además de trabajar por la pacificación de Euskadi, es usted un activo defensor de los derechos humanos y un hombre comprometido con su trabajo solidario en favor de los refugiados. En estos tiempos un tanto turbios, se echan de menos personajes de su altura y honestidad política con independencia de sus posicionamientos ideológicos, que cada cual es muy libre de tener los suyos. Mi reconocimiento y mi admiración, don Juan María. La historia sabrá agradecer su gran labor.