En el enlace al vídeo que hoy os dejo podemos escuchar el cuarto y último movimiento — Allegro — de la Sinfonía nº4, Op. 29, del compositor danés Carl Nielsen. La versión ofrecida se corresponde con una sensacional lectura debida a Herbert Blomstedt y la Orquesta Sinfónica de San Francisco y dicha grabación se encuentra disponible en el sello DECCA (Ref 460988). El movimiento se lanza con una larga melodía de los violines en su registro alto que interrumpirá la implacable rítmica de los timbales situados a ambos lados del escenario. Esta rítmica obsesiva tiende el desarrollo temático constituido de contrastes dinámicos cada vez más marcados bajo una escritura de ineludible carácter contrapuntístico. Al final, un diminuendo de la orquesta prepara una nueva irrupción dramática de los timbales con marcado carácter épico. El movimiento concluye con un sostenido acorde en crescendo y acentuado por los golpes de timbal. Escrita entre 1914 y 1916, la Sinfonía nº4 de Nielsen se estrenó el 1 de febrero de 1916 en Copenhague y la obra obedece, en propias palabras de su autor, a un decidido propósito de representar la voluntad de vivir, a una verdadera manifestación inextinguible de la vida. Esta sinfonía suscitó en Nielsen una nueva fe en las formas de la vida tras la desgarradora sensación que le estaba produciendo la Primera Guerra Mundial. La obra presenta un único movimiento con sus cuatro partes encadenadas y un solo centro tonal (Mi mayor) con continuos pasos sin rupturas de un ambiente a otro. Los enlaces que siguen a continuación se corresponden con los tres primeros cortes de la obra en la misma versión de Herbert Blomstedt: 1- Allegro; 2- Poco allegretto y 3- Poco adagio quasi andante. Recomendamos encarecidamente la audición de la sinfonía completa.

 Para la mayor parte del público de Europa y de Estados Unidos, en el repertorio sólo había un sitio para un compositor escandinavo y ese no era otro que Sibelius. El músico finés eclipsó no ya sólo al resto de la música de su país de origen sino también a la de toda el área escandinava. Ciertamente, en cada región escandinava surgieron compositores de cierto nivel durante el posromanticismo, como Oskar Merikanto (1868-1924) en Finlandia, y Hugo Alfvén (1872-1960) y Wilhelm Stenhammar (1871-1927) en Suecia, ambos tras la estela romántica de Franz Berwald (1796-1868). Noruega vivía aún de las glorias de Edvard Grieg (1843-1907) y Ole Bull (1810-1880) mientras que en Dinamarca surgía la figura de un compositor no tan ligado al nacionalismo y sí claramente posromántico, Carl August Nielsen, autor que en los últimos veinte años ha adquirido cada vez más relieve pese a que su música aún no es tan conocida como realmente se merece.

 Carl Nielsen nació en Norre Lyndelse, Dinamarca, el 9 de junio de 1865 en el seno de una familia de humildes artesanos. A los 19 años consigue ingresar en el Conservatorio de Copenhague para estudiar violín y en 1889 forma ya parte de la Orquesta del Teatro Real Danés como segundo violinista. Gracias a una beca de estudios, Nielsen viajó a Alemania, Francia e Italia, países en donde cosechó una cultura musical que no le podía ofrecer el suyo propio. Tras una brillante andadura como violinista en la Orquesta del Teatro Real, Nielsen accede al podio de dicha institución en 1908 tras haber compuesto ya sus dos primeras sinfonías. En 1915 es nombrado director de la Sociedad Musical danesa y profesor del Conservatorio de Copenhague, institución que llegaría a dirigir en 1930 con un talante mucho más liberal que el de su severo antecesor, Niels Gade. Desde entonces, Nielsen dominó la vida musical danesa hasta su muerte, acaecida el 2 de octubre de 1931 en la capital danesa.

 Nielsen construyó una obra completamente original, a veces romántica, a veces agresiva y casi atonal, en una viva reacción contra el posromanticismo alemán del que Dinamarca sufría entonces una gran influencia. La evolución de su música puede perfectamente seguirse a través de sus seis sinfonías, creadas paralelamente a las siete de Sibelius. Su obra obedece a un estilo muy personal que en ocasiones delata una pobre formación académica en composición. Aunque sus armonías son esencialmente tonales, Nielsen solía crear tensiones mediante claves en bloques opuestos que ofrecen un concepto determinante de lucha en su música con una especial relevancia al dinamismo de los ritmos. Su producción sinfónica, justamente resucitada de un tiempo a esta parte, es una de las más importantes del siglo XX. Nuestro humilde homenaje a este gran compositor.