Fotografía de Daniel Schwen

 

 Situado a unos 120 kilómetros de Mérida, capital del Estado de Yucatán, el complejo de Chichén Itzá se alza como uno de los emplazamientos más inquietantes y siniestros de América, un punto de encuentro de las culturas maya y tolteca. De hecho, las ruinas que actualmente se pueden observar en Chichén Itzá no son ni puramente mayas ni enteramente toltecas, sino una misteriosa fusión de las ideas y motivos de ambas culturas. Después del siglo X de nuestra era, la civilización maya empezó a declinar y este enclave fue tomado por los toltecas que lo transformaron en una versión mayor de su propia capital, Tula.

Fotografía de André Möller

Fotografía de Claude Belair

 Se piensa que Chichén Itzá fue la capital del rey-dios Topiltzin Quetzalcoatl, más conocido por la denominación de Kukulkán. Una gran pirámide conocida como El Castillo, de nueve pisos y 91 escalones, preside todo el complejo y está edificada sobre otra pirámide anterior a la que encierra por completo. Las dimensiones de la pirámide resultan fascinantes: Los días y los meses están representados por el número de escalones y terrazas, mientras que los paneles tallados simbolizan el ciclo maya de 52 años. La cuidadosa distribución del edificio crean un efecto extraordinario durante los equinocios de primavera y otoño. Las sombras proyectadas por los rayos del sol producen la impresión de que el dios serpiente, cuya cabeza y cola están talladas en la parte inferior, cobra vida y sale retorciéndose del templo.

Fotografía de André Möller

 Chichén Itzá posee un extraordinario patio en donde se practicaba un curioso juego de pelota. De dimensiones realmente gigantescas, con dos muros paralelos de 83 metros de longitud y 8 de altura, está coronado en cada extremo con un templo. Si bien no se sabe con certeza el significado exacto del juego de pelota, los bajorrelieves de los muros — con imágenes de jugadores decapitados — dan a entender que se trataba de competiciones a vida o muerte. Según una descripción del juego realizada en la época azteca, el juego lo ganaba el jugador que lograba meter la pelota por uno de los anillos de piedra situados a gran altura en cada muro. Al parecer, al jugador victorioso se le recompensaba también con las ropas de los espectadores… Por contra, y siempre según dicha descripción, el equipo perdedor era decapitado al completo y los cráneos de los infelices derrotados eran clavados en estacas.

Fotografía de Giovanirp

 El Cenote Sagrado o Pozo de los Sacrificios es un pozo natural, de unos 23 metros de profundidad, al que se accede por una calzada de 275 metros de longitud. En tiempos de sequía se arrojaban al mismo víctimas vivas con el fin de que actuara el dios de la lluvia. De sus profundidades se han extraído ofrendas de metales preciosos e imágenes sagradas. Se cree que muchas de las víctimas eran niños, al menos a tenor con los restos encontrados. A quienes podían mantenerse a flote durante un número determinado de horas los rescataban y los trataban con respeto, pues se pensaba que habían podido dialogar con los dioses. Una gran parte del material hallado en el pozo es posterior a la época de los toltecas y por ello se sostiene que el Cenote siguió siendo un lugar sagrado durante muchos años después.

Fotografía de HJPD

Fotografía de John Romkey

 La zona conocida como Antigua Chichén ha quedado un tanto descuidada y está cubierta de vegetación, aunque en ella se alzan edificios igualmente interesantes con menos indicios de influencia tolteca. Existe un observatorio construido sobre una doble plataforma y una pirámide en donde se han hallado varias tumbas. El edificio conocido como El Convento es un complejo de estancias en las que se han conservado numerosas esculturas. La llamada Iglesia presenta la fachada cubierta de máscaras mayas y otros seres mitológicos. Con todo, la supremacía de Chichén Itzá no duró mucho: El emplazamiento fue abandonado en el año 1224 tras el ataque de los reyes de Mayapán, otra poderosa ciudad situada en el Yucatán. Por último, un consejo práctico: Subir a la Pirámide es realmente fácil. Bajar de la misma es tarea tremendamente complicada para quien padezca de un mínimo de vértigo. Muchos visitantes han de bajar “sentados”, escalón a escalón.