* Escrito entre 1878 y 1881
* Estrenado el 9 de noviembre de 1881 en Budapest con el propio Brahms como solista
* EFECTIVOS ORQUESTALES: 2 flautas, 2 óboes, 2 clarinetes, 2 fagots, 4 trompas, 2 trompetas, timbales y sección de cuerda. Piano solista
* Duración aproximada de la ejecución: Entre 45 y 48 minutos

 Es indudable que un estudio sobre la obra de Johannes Brahms presenta de inmediato varias constantes: En primer lugar, su preocupación por la perfección que se va expresando por la gradación que se observa en la elaboración de los distintos géneros musicales del menor al mayor. Así, antes de 1853 nos encontramos con pequeñas piezas para piano, música de cámara y lieder. Posteriormente los conciertos de la década de los años cincuenta y obras para coro a partir de 1860. Desde 1873 aparecen los cuartetos de cuerda y dicha década concluye con las sinfonías. Por último, Brahms se ve motivado por otros móviles más complejos y vuelve, ya en las postrimerías de su vida, a las composiciones de cámara, a la obra instrumental para piano y a los lieder. Fruto de su etapa de mayor madurez creativa en el terreno sinfónico es este Segundo Concierto para piano, elaborado tras su Segunda Sinfonía y que precede al extraordinario Doble Concierto para violín y violoncelo.

 A diferencia de su Primer Concierto para piano, estrenado en 1859 en Hannover y que provocó un colectivo escepticismo por su orquestación un tanto pesada, esta nueva incursión en el género tuvo una extraordinaria acogida desde la misma fecha de su estreno. Luego de su estreno en Hungría, la segunda audición tuvo lugar el 22 de noviembre en Stuttgart y desde entonces la obra ocupa un lugar privilegiado entre las piezas concertantes del repertorio pianístico. Como novedad, el concierto presenta una estructura dividida en cuatro movimientos. El propio Brahms aclara este inédito esquema en una carta dirigida a su amigo Herzogenberg y que presenta una explicación del todo irónica: –“He de deciros que he escrito un pequeño concierto para piano al que le ha añadido un muy bello y también pequeño scherzo…”– Hoy en día sabemos que este Scherzo está basado en aquel que Brahms había proyectado para su Concierto para violín y que finalmente hubo de descartar. La obra, tanto por su magnífica cualidad musical como por sus dimensiones, forma parte del más destacado repertorio pianístico.

 Las opiniones de los intérpretes con respecto a este concierto están del todo divididas. Mayoritariamente, se piensa que esta es una de las piezas más difíciles de todo el repertorio debido a la casi constante presencia de la ejecución solista a lo largo de toda la obra y que determina una especial resistencia física para llevar a buen puerto su interpretación, Para otros, el concierto, si bien puede acabar con la extenuación física del solista, no presenta singulares problemas de ejecución técnica. Sea como fuere, este concierto es la composición serena de un hombre maduro y absolutamente seguro de los estados de ánimo que pretende sugerir: Heroísmo, apacible fluidez y vivacidad. Desde nuestro humilde punto de vista, su superioridad frente al Primer Concierto radica en que este último es la obra de un hombre joven y rebosante de ideas repletas de personalidad, aunque no siempre integradas de una manera ideal (Y no por ello deja de ser una pieza sensacional). Sin embargo, el Segundo Concierto presenta una extraordinaria unidad estructural enriquecida por los distintos contrastes entre los movimientos. En definitiva, es una creación mucho más pulida y elaborada, una verdadera sinfonía con piano obligado en cuatro amplios movimientos.

 Como versión en los distintos vídeos del enlace que siguen a continuación para seguir la obra, nos hemos decantado por la magistral y aterciopelada interpretación debida a Daniel Barenboim acompañado por la Orquesta Filarmónica de Munich dirigida por Sergiu Celibidache en concierto celebrado en Munich en 1987. Quisiéramos felicitar al autor de los vídeos — Bugopolo — por tan excelente trabajo. Cada uno de los cuatro movimientos se encuentra solapado en dos vídeos y basta con pinchar el siguiente tras la finalización de los que arrancan cada movimiento y que precisamente son los que enlazamos. Como versiones complementarias, mostramos también las de Sviatoslav Richter acompañado por la Filarmónica de Leningrado dirigida por Evgeni Mravinski y la de Rudolf Serkin acompañado por la Orquesta de Cleveland dirigida por George Szell. En estas dos últimas versiones basta con seguir, de igual manera, el número de orden de los distintos vídeos para complementar la audición íntegra.

DESARROLLO DE LA OBRA

PRIMER MOVIMIENTO: Allegro non troppo: Tras un enunciado de la trompa, el solista responde en el segundo compás de la partitura de una manera tranquila y atemperadamente majestuosa. Las tres frases de este primer tema (Trompa, madera y cuerda) van seguidas de una breve cadencia del piano en forma de breves arpegios rimados y saltarines, con acordes que subrayan las enormes oposiciones del registro. A continuación entra la orquesta completa. Un primer tema, en tutti, es seguido en la cuerda por una melodía impregnada de cierta tensión interna y luego por un tercer motivo decididamente impetuoso. Un último lleno orquestal precede a la reaparición del solista, quien trae de nuevo el primer tema y se afirma mediante potentes acordes antes de evolucionar ante una técnica más sutil consistente en un constante y fluido diálogo con la orquesta. Rápidos y ligeros pasajes diatónicos y arpegios divergentes van a preceder el ascenso hacia la culminación de la parte expositiva, marcada por una modulación a fa menor y una serie de ráfagas que desembocan en un martilleo de acordes rápidos y vigorosos, muy difíciles de ejecutar. Al comienzo del desarrollo el primer tema es repetido en fa menor y durante la exposición se va pasando gradualmente a un ensoñador lirismo cuando se vuelve a modular a Re mayor. Después del retorno a la tonalidad inicial, un reflejo casi impresionista reconduce a una muy condensada reexposición. La coda es una variada recopilación de todos los elementos del primer tema, con una admirable oposición antagónica, en momentos puntuales, entre solista y orquesta. Deliciosa la escritura en trino de las maderas en estos últimos compases.

SEGUNDO MOVIMIENTO: Allegro appassionato: Es el famoso Scherzo al que ya hemos aludido — en re menor — que empieza con un tema impetuoso, sombrío y teñido de fantasía expuesto por el piano en amplios acordes. Este tema, que muy lejanamente toma préstamos de la música zíngara, se ve respondido por el unísono lastimero y ansioso de la cuerda en su registro más agudo. Ambos temas son desarrollados y mezclados con una intensidad que crece hasta el paroxismo y que culmina con una rotación del segundo tema modulado a Re mayor y rítmicamente alterado. Toda la tormenta desatada por el compositor se aclara mediante unos reflejos que parecen tomados de la música pre-clasicista, aunque la sombría vehemencia no tarda en volver con el retorno de la parte principal. Uno de los mejores fragmentos de toda la producción brahmsiana. Extraordinaria escritura y desarrollo.

TERCER MOVIMIENTO: Andante – (El segundo vídeo hasta el minuto 2.40): Un segundo solista, el violoncelo, se suma a este concierto de forma realmente original. Este expone una emotiva cantinela como tema principal que es repetida posteriormente por violines y madera. Después de esta ensoñadora entrada, el piano alterna las reiteradas crispaciones sobre trinos y arpegios mediante pasajes en acordes dulcemente intercambiados entre las dos manos. El desarrollo central, en Piu adagio, es pura contemplación sonora (Se perciben lejanas resonancias del Adagio del Concierto nº1). El tema principal lo vuelve a retomar el violoncelo solo en un pasaje en el que se superpone al pianista y en el que da la impresión de ser un doble concierto. Melancólicas y expresivas notas en tresillo del piano subrayan la emotiva variación del tema en el registro agudo del violoncelo. Portentoso. Difícil no sentirse transportado ante la belleza de este final.

CUARTO MOVIMIENTO – Allegretto grazioso – (A partir del minuto 2.58): El movimiento presenta la inconfundible estructura de un rondó en medio de una amable atmósfera y dentro de un espíritu manifiestamente clásico. El primer tema, expuesto por el piano, es delicado y jovial, con las líneas perfectamente acabadas pese a los repentinos sobresaltos de fuerza y con una instrumentación muy ligera. El motivo contrastante, tras la nota perdida de una trompa, es un swing a la zíngara (Uno de los motivos más bellos de toda la historia de la música) que se ve escoltado por los acordes del piano. Un tercer tema, dulce y lírico, surge en la parte central. La escritura pianística es bastante fluida en todo el movimiento, aunque al final del mismo adquiere un vigor comparable al del movimiento inicial del concierto. La obra termina con optimismo y entusiasmo, liberada de cualquier sensación pesante. Los pianistas rusos, en virtud de su peculiar técnica de ataque, suelen bordar este bellísimo movimiento. Para quien esto escribe, esta obra es la joya de la corona de la literatura concertística para piano.

VERSIONES RECOMENDADAS

Wilhelm Backhaus acompañado de la Filarmónica de Viena dirigida por Karl Böhm. DECCA (Versión antigua pero no superada. De referencia absoluta)
Leon Fleisher acompañado por la Orquesta de Cleveland dirigida por George Szell. SONY (Aúna lo ligero, impetuoso y dramático como pocas. Excelente versión)
Daniel Barenboim acompañado de la Filarmónica de Munich dirigida por Sergiu Celibidache. TELDEC (La versión de los enlaces. Lírica y precisa. Inmejorable acompañamiento orquestal)
Sviatoslav Richter acompañado de la Sinfónica de Chicago dirigida por Erich Leinsdorf. RCA (Exhibición de talento y técnica. Impresionante versión)
Daniel Barenboim acompañado de la New Philharmonia Orchestra dirigida por Sir John Barbirolli. EMI (Versión dulce, muy orgánica. Muy buen binomio de director y solista)
Claudio Arrau acompañado de la Philharmonia Orchestra dirigida por Carlo Maria Giulini. EMI (Para los amantes del Brahms más ensoñador. Estupenda lectura)
Rudolf Buchbinder acompañado de la Orquesta del Concertgebouw dirigida por Nikolaus Harnoncourt. APEX (Lectura solemne pero muy interesante. Puede resultar algo oscura en primera audición)

 Por contra, no terminan de convencerme las versiones de Emil Gilels acompañado por la Filarmónica de Berlín dirigida por Eugen Jochum. DG (Versión considerada de absoluta referencia por toda la crítica… Pero a mí no termina por convencerme. Me resulta artificiosa) y la de Nicholas Angelich acompañado de la Sinfónica de la Radio de Frankfurt dirigida por Paavo Järvi. EMI (Sin dejar de ser una buena versión, se precipita por momentos). Por supuesto, éstas no son sino meras apreciaciones subjetivas sin ninguna pretensión vinculante.

 Mañana, Fiesta de la Hispanidad, nos tomaremos un descanso en este bar virtual de copas. Volvemos el miércoles.