Tal día como hoy, hace ahora cuatro años, las puertas de este bar virtual de copas se abrieron al tiempo que despegamos en una nave espacial rumbo a la estrella más cercana, Próxima Centauri, a una velocidad muy cercana a la de la luz. Sin embargo, algunos extraños procedimientos están sucediendo a bordo: mientras que el reloj central de mi panel de instrumentos me confirma que llevamos cuatro años viajando por el espacio abierto, el mismo ordenador nuclear me afirma que en el planeta Tierra, origen de nuestro viaje, han transcurrido nada más ni nada menos que 200 millones de años. Pero eso no es todo. Otro equipo de medición suplementario de la nave me ofrece datos totalmente contradictorios al respecto: dice que sólo llevo viajando siete meses y que en el planeta Tierra han pasado ya ocho años. Sinceramente, ya no sé ni en qué tiempo vivo ni en qué tiempo estoy. Serán cosas de la Relatividad.

Apenas nos faltan dos meses — desde mi punto de vista temporal — para alcanzar nuestro destino estelar y no os podéis imaginar las maravillas que estoy contemplando a través del cockpit de la aeronave. Muy a lo lejos, ya percibo las siluetas de las tres brillantes estrellas que perfilan el Sistema Alfa Centauri. Y os confirmo que hay planetas orbitando alrededor de una ellas según detectan los equipos de rastreo de la nave. Tal vez exista vida en alguno de ellos. Por lo pronto, el ordenador central me ha sugerido que nos desviemos de la trayectoria directa hacia Próxima Centauri ya que parece ser una estrella que no admite invitados así porque sí. Vamos ahora rumbo a Alfa Centauri B, un astro que parece más amigable y justo en donde se han detectado los exoplanetas. Ya nos queda muy poco para llegar y ello es motivo de alegría.

Sin embargo, toda esta felicidad se ha visto empañada porque el equipo de enfermería de mi aeronave ha detectado una serie de convulsiones en mi organismo que no auguran una evolución del todo fácil y rápida. Además, de un tiempo a esta parte he tenido que activar el piloto automático de la nave de BLUES ya que una serie de cambios protocolarios en mi tratamiento me han obligado a permanecer casi tumbado durante toda la jornada. Por eso mismo mis contactos con otros bares o naves planetarias se verán restringidos al menos hasta este verano, estación en la que se estima que mi cuerpo ya esté adaptado a todos los nuevos fármacos. Y, aunque resulte un tanto triste para mí permanecer incomunicado, también tengo que afirmar que estoy aprovechando todo este tiempo en hacer algo que últimamente no ejercía con la frecuencia debida: LEER. Y es de agradecer, ya que sin lectura se puede secar la fuente de conocimiento. Y peor aún, se puede anquilosar. Así que, desde la humildad de creer que sólo sé que no sé nada, sabia frase socrática que más de uno debería aplicarse so pena de embrutecerse, estoy tratando de ampliar mis breves conocimientos tanto en música como en otras ramas de las artes. Y me está gustando. Creo que cuando cierre este bar definitivamente me dedicaré a ese hábito de la lectura que perdí hace ahora cuatro años.

¿Y qué ocurrirá ahora con la nave de BLUES? Bueno, no sé si sabéis que, en términos físicos, acelerar una nave hasta alcanzar velocidades próximas a la de la luz es tan complicado como frenarla hasta mediciones más terrestres. Más que difícil, es una tarea que requiere de mucho tiempo. Así que creo que nuestra proximidad a Alfa Centauri B se antoja aún distante desde el punto de medición del interior de mi propia nave. Y ello significa que nos llevará al menos un año y medio más alcanzar nuestro anhelado destino estelar. Por lo tanto, tras el cierre vacacional de mediados de agosto hasta octubre, abriremos de nuevo las puertas de BLUES y continuaremos con esa pesada, cargante, insufrible y aburrida lista de directores de orquesta que parece asemejarse más a una lista de reyes godos y visigodos que de niños nos vimos obligados a memorizar — salvo sopapo en la cara del cura escolapio de turno — que a una lista musical en sí. Pero para ello tenemos que contar con algo que no es asunto baladí: y es que yo siga aún en este mundo de lágrimas, pecadores y penitentes, cuestión que a día de hoy no tengo yo todavía muy clara. Por eso mismo, trataré de programar en el ordenador central de la nave toda la información para que dichas entradas aparezcan en su día, ya esté yo aquí, o ya esté yo criando malvas. Porque lo importante, lo realmente importante de un bar de copas virtual, es su contenido, no el AUTOR.

Hoy cumplimos cuatro años… Mi intención es llegar al quinto aniversario y poder contaros cómo es el sistema Alfa Centauri desde algún hipotético planeta que orbite alrededor de Alfa Centauri B. Tal vez lo consiga. Y si no es posible, pues no pasa nada tampoco. Lo único importante de esta nave y bar virtual de copas sois vosotros, los que aún seguís, los que abandonasteis el barco, los que aparecéis y desaparecéis… Incluso a los que me he visto obligado a sacarles la tarjeta roja por tratar de molestar al resto de clientela (que alguno ha habido). Y a todos, excepto a estos últimos, quiero agradeceros vuestras aportaciones que sin duda han enriquecido las estanterías y vitrinas de este local que en ocasiones hace las veces de bar virtual y en otras, al menos una vez al año, de nave espacial interestelar. GRACIAS POR TODO. Nos seguimos viendo en BLUES.