museo-thyssen

 Nos llega el turno de hacer la selección en una de las mejores colecciones de pintura del mundo, la llamada Colección Thyssen que alberga el museo del mismo nombre. Primeramente he de reconocer la dificultad que me ha supuesto elegir diez pinturas en una inmensa colección que ronda los 1.000 cuadros y que abarca todos los estilos imaginables, desde la pintura gótica hasta el Pop-Art. He intentado hacer una selección abordando la mayor faceta estilística posible y ello ha sido el motivo de que muchas obras geniales de Goya, Vermeer o Picasso se hayan quedado fuera de la misma. Ni es la mejor selección, por supuesto, ni tampoco la más ecuánime. Pero después de mucho pensarlo me he decantado por estos cuadros. Espero que os guste, especialmente a la madrina de este bar de copas, mi admirada Amalia, alma de esta serie de entradas que comenzó con una selección de El Prado para luego seguir con El Louvre, La Galería de los Uffizi, La National Gallery londinense, El Rijksmuseum  de Amsterdam, El Orsay parisino, el Metropolitan de Nueva York  y la Alte Pinakothek bávara. La cacareada catástrofe cósmica que amenazaba este mundo y que dio pie a estas series ha sido un camelo. Pero seguiremos en la labor de seleccionar los mejores cuadros. Con estos, ya tenemos noventa. ¿Qué tal el Kunsthistorisches vienés para la próxima entrega? Bueno, a ver qué os parece mi selección.

van-eyck

 1- DÍPTICO DE LA ANUNCIACIÓN de Van Eyck: Catalogada como obra de Van Eyck desde 1934. La pintura está concebida como un escultural díptico trabajado en grisalla. El fondo se realizada tan magistralmente que no sólo reproduce los contornos de las figuras sino que nos muestra, en el caso de la Virgen, la parte posterior de su figura como si de un espejo se tratase. Por la posición adoptada de los protagonistas, parece como si éstos fuesen a abandonar el marco de la pintura. Los pliegues tienen una considerable dureza visual y los protagonistas reposan en peanas hexagonales. En la sala donde está actualmente expuesta esta pintura, muchos visitantes, a lo lejos, se confunden y sorprenden al descubrir que no es una escultura sino un cuadro. Tal es la asombrosa perfección técnica.

ghirlandaio2

 2- RETRATO DE GIOVANNA TORNABUONI de Doménico Ghirlandaio: Una de las joyas de esta fabulosa colección y uno de los retratos más elegantes de toda la historia de la pintura. Es un modelo del característico retrato florentino del Quattrocento, donde el cliente posa erguido, de perfil, con los brazos en reposo y las manos juntas. En el cuadro aparecen muchos detalles que sirven para aludir a la vida pública de la retratada, Giovanna de Tornabuoni, mujer de un conocido y rico noble florentino. La leyenda que aparece en el cuadro es un epigrama de Marcial: “¡Oh, arte, si fueses capaz de representar las costumbres y el alma no existiría en el mundo un cuadro más bello”. La belleza ideal de la retratada corresponde a los principios teóricos del Quattrocento que recogen modelos de la Antigüedad clásica y los combinan con los rasgos individuales del cuadro pintado. Este cuadro me lo llevo a mi casa. Sublime obra.

carpaccio

 3- JOVEN CABALLERO EN UN PAISAJE de Vittore Carpaccio: Atribuido inicialmente a Durero, es uno de los cuadros más famosos del Museo y sirve para ilustrar la portada de alguna de sus guías. Al serle practicado un proceso de limpieza, en 1958, se descubrieron las inscripciones con la ficha, firma y leyenda. El detallismo y minuciosidad de la flora es verdaderamente antológico. La identificación del personaje es todo un misterio, aunque abundan las distintas conjeturas. De tratarse de un retrato, sería el primer ejemplo conocido en que el cliente posa de cuerpo entero. Hay algo de inquietante y misterioso en esta pintura y ello ha dado pie a que se interprete como un cuadro funerario, donde la flora y fauna no son sino meros símbolos alusivos a la pureza y la corrupción. De cualquier manera, el cuadro me parece prodigioso.

caravaggio-santa-catalina

 4- SANTA CATALINA DE ALEJANDRÍA de Caravaggio: El Thyssen tiene el lujo de contar con una de las mejores obras del maestro lombardo. Inicialmente se dudó de su autoría, pero desde 1922 es opinión unánime que la pintura pertenece al gran Caravaggio. El potentísimo claroscuro acentúa el sentido expresivo de toda la escena. La santa se nos presenta lujosamente vestida — en consonancia con su rango de princesa — y arrodillada en lo que parece un cojín de Damasco. La gama cromática de los ropajes es admirable y el juego de líneas de los distintos objetos que hacen alusión a su martirio es de una extraordinaria eficacia pictórica. Se piensa que el modelo elegido por Caravaggio fue el de una cortesana que frecuentó el círculo del artista.

brugghen

 5- ESAÚ VENDIENDO SU PRIMOGENITURA de Hendrick Ter Brugghen: El maestro de Utrecht está considerado como uno de los más fieles seguidores de Caravaggio y este lienzo es buena prueba de ello. Brugghen se sirve de una composición cerrada, muy habitual en el conjunto de su obra, donde los personajes se pliegan hacia el centro, espacio que queda reservado para una vela que constituye el único foco de luz y que contornea los perfiles y cuerpos de los personajes con un intenso juego de claroscuros. Las manos de los personajes adquieren un relevante protagonismo y son todo un monumento de expresividad. En cuanto a la gama cromática, es muy arriesgada (Marrones, verdes, violetas…) pero admirablemente resuelta por el pintor. Extraordinario cuadro que, con vuestro permiso, también me llevo a casa.

 hooch

 6- INTERIOR DE UNA MUJER COSIENDO Y UN NIÑO de Pieter de Hooch: Pese a que el museo cuenta con algún que otro ejemplar de mi venerado Vermeer, he decidido incluir esta preciosa obra de Hooch, muy característica de la pintura holandesa del siglo XVII y que, indefectiblemente, nos recuerda al inmortal pintor de Delft. El cuadro es un ejemplo típico de la pintura interiorista holandesa de la época y nos permite asomarnos a una escena cotidiana de la incipiente burguesía de aquel momento. La mirada de la mujer hacia el chico es de un lirismo irreprochable, aunque, a mi juicio, lo mejor de la tela es el magistral detallismo que envuelve a todo el cuadro. El espacio se crea, de forma verdaderamente sublime, por el juego de luces, el enlosado del suelo y la puerta que da acceso a una habitación que se deja entrever a la derecha. Este lienzo me eriza el vello. Obra maestra sin posible discusión.

friedrich

 7- MAÑANA DE PASCUA de Caspar Friedrich: Yo siento decirlo, pero es que a mí este pintor me pone a cien… La sensación religiosa de unos árboles que están echando yemas junto a la mera contemplación de los brotes del campo que han sobrevivido al invierno es verdaderamente mística. Tres mujeres caminan hacia el cementerio por la mañana muy temprano, cuando aún no ha amanecido del todo y la luna permanece todavía alta en el firmamento. ¿Se puede ser más genialmente simbólico?  Nunca se ha expresado un sentimiento tan religioso sin recurrir al tradicional repertorio de imágenes directamente alusivas. El cuadro es un prodigio interpretativo de la vida y la otra vida después de la muerte. Hay una clara referencia a la resurrección y el silencio del cuadro es tan patéticamente doloroso como esperanzador. Genial Caspar David Friedrich.

pisarro

 8- LA CALLE SAINT-HONORÉ (EFECTO DE LLUVIA) de Camille Pisarro: Este portentoso lienzo es uno más de la serie que entre 1897 y 1898 pintó Pisarro desde la ventana del hotel parisino situada en la Place du Théâtre de Paris. Este modelo pictórico de vista urbana ya había quedado anteriormente establecido por Monet en sus lienzos del Boulevard des Capucines. La escena es de primera hora de la tarde, después de un chaparrón lluvioso, como así se advierte en los numerosos paraguas abiertos de los personajes que caminan por las calles. El delicado punto de vista consigue que la composición tenga un aire fortuito, en consonancia con las aspiraciones impresionistas de pintar realidades. El cuadro significa un excepcional ejemplo de relación entre la modernización urbana de París emprendida por Napoleón III y la nueva pintura impresionista.

matisse

 9- CANAL DU MIDI de Henry Matisse: La pintura es completamente neoimpresionista, con marcados empastados y fuertes tonos lumínicos. Matisse no superpone los colores y emplea el gris claro para amplias zonas del fondo, actuando como tono neutro que permite la plasmación de los carmines y naranjas de la puesta de sol. El cuadro forma parte de una serie que Matisse pintó entre 1898 y 1899 y que se corresponde con la estancia del artista en Toulouse tras una temporada vivida en Córcega. El cartón supone una de las primeras aproximaciones del autor a la luz y el color, aunque en absoluto es naturalista y revela, en mayor medida, el subjetivismo cromático que unos años más tarde caracterizará a todo el movimiento fauvista. En este cuadro empezamos a atisbar al grandísimo Matisse.

lichtenstein1

 10- MUJER EN EL BAÑO de Roy Lichtenstein: Los años sesenta supusieron el abandono del expresionismo abstracto y la llegada de una nueva corriente artística, el Pop Art. Lichtenstein, al igual que Warhol, empieza a fijarse en los objetos cotidianos, en los anuncios comerciales y en todo aquel producto propio de una sociedad de consumo en relación con la bonanza económica experimentada en esa década. En este impresionante lienzo — nada que ver su observación al natural con las ilustraciones al uso — Lichtenstein aplica la llamada técnica Benday de puntos, la misma con la que se imprimían entonces los cómics y que establece una conexión entre el arte y la cultura popular. Este cuadro, pintado en 1963, presenta un tema recurrente en la historia de la pintura — Baño de Venus — aunque con una imagen muy habitual de los artistas Pop. La pintura está realizada con unos elementales cromatismos de colores primarios aplicados con la ya referida técnica Benday. El resultado es verdaderamente espectacular; he llegado a estar parado frente a esta obra maestra durante media hora. Y mi asombro cada día es mayor.