Don Caesar Imperator Pater Leitaeris

* Parajas, concejo de Pola de Allande, Asturias, 27 de octubre de 1927
* Sanatorio de Santa Cristina, Madrid, 26 de mayo de 1997

No sé realmente si me estarás observando desde alguna remota galaxia de este universo; empero, de ser así, ya ves como están por aquí las cosas. Imagino que estarás preocupado con lo mío pero deseo y espero que reces a todos esos santos con los que tan bien te llevabas en vida en aras de mi curación y no porque me reúna pronto contigo. Porque tú eres capaz de eso y de mucho más cuando te alteras. Y sí, tíldame de egoísta, porque ya sabes que yo, de santos, dioses, vírgenes y demás parafernalia religiosa… Como que no. Es más, querido padre, con lo mío he pasado de ser un dubitante agnóstico a convertirme en un convencido ateo. Cuestiones de Hawking y de la nucleosíntesis. Procedemos de las estrellas y a ellas regresamos cuando fallecemos, no sé si por medio de eso que llaman alma o espíritu (y, la verdad, no me importa lo más mínimo). Por eso mismo barrunto que estarás en alguna de ellas, no sé si de esta galaxia o de otra, enseñando tu colección de estampitas a todo aquel que quiera visionarlas (y al que no quiera también), con tu cigarrillo Habanos a medio consumir entre los dedos índice y corazón de la mano derecha y, quien sabe, si con un chatillo de buen vino tinto en la izquierda. Yo, querido padre, eso del vino y el whisky lo he tenido que dejar porque no casa muy bien con la quimio. Pero la otra tarde, cuando regresaba del ambulatorio, vi una terraza en donde se encontraba un variopinto público que, a juzgar por su vestimenta, esperaba la hora de acudir a Las Ventas para ver torear al hijo de Manzanares. Allí estaban con sus cubatas y sus gin-tonics en vaso ancho. (Ya ves que horteras nos hemos vuelto hasta con los recipientes). Yo venía jodido y cansado… Pero sentí envidia y me senté alrededor de una mesa: –” Camarero, cuando usted pueda, un gin-tonic de Shapire manchadito, para oler nada más”— Y allí que me lo apreté sin complejos. Dos días más tarde me realizaron el típico análisis de sangre mensual. Cuatro días después, y tras someterme también a un RM craneal y a un scanner abdominal, el médico me comenta: –“Afortunadamente, todo sigue igual. No hay avances en las metástasis y eso es muy buena noticia. Por cierto, en el hígado incluso se te han reducido…”– Si ya te dije yo que la Shapire era una excelente ginebra aunque tú siempre aludías a la Rives, Giró, MG y demás cochinadas que vendías a los incautos. ¿Y lo de fumar? Bueno, querido padre, si me ves por alguna rendija ya comprobarás como algún purito de esos que tú llamabas de putas baratas me meto de vez en cuando. Total, todavía estoy esperando que algún médico me pregunte si yo fumo o he fumado en alguna ocasión. Increíble pero cierto. Mucho coñazo con lo de que si el tabaco mata y esas cosas y… Ya ves. Yo, con metástasis también el pulmón, y nadie me ha comentado aún nada.  –“¡Hay que joderse” — como tú comentabas. O sea, que no soy un ejemplo a seguir. Pero, en fin, como tú siempre decías: –“Hijo mío, que sea lo que Dios quiera”–

En este decimoquinto aniversario de tu fallecimiento no dejo de pensar que, por lo menos, durante los dos últimos meses de tu paso por esta vida, conseguimos llevarnos bien del todo. Algo es algo… Aunque tú dirías: –“¡Tiene cojones la cosa!”–  Durante estos quince años, posiblemente los más revolucionarios de mi vida — no por mi condición de marxista-leninista (aunque el Lenin, el muy cabrón, se me está diluyendo en favor del propio Marx) sino por la cantidad de episodios trascendentes en los que me visto envuelto… Como decía, en estos quince años no he dejado de pensar ni un sólo día que ni tú ni yo tuvimos la culpa de nuestros desencuentros. ¡Si es que resultaba muy jodido que nos lleváramos bien! Tú del Uvieu y yo del Sporting; tú de Paco Camino y yo de Antoñete; tú de misa dominical de doce y ordinaria de una y yo en el Teatro Real; tú votando al Fraga (dale recuerdos) y yo al Carrillo; tú presumiendo de asturiano y yo de madrileño que por culpa de un asturiano no era del todo puro; tú queriendo que yo estudiase para abogado y yo simulando estudiar Derecho con partituras dentro del tostonazo aquel del Manual de Derecho Penal de Cobo del Rosal; tú las morenas; yo, todas… Pero, como te comentaba, querido padre, ni tú ni yo tuvimos culpa de nuestros desencuentros. Por cierto, ¿has visto quién me suele acompañar ahora a los hospitales, ambulatorios y médicos? Si es que la vida da muchas vueltas. Aunque siempre recordaré que jamás me dijiste una palabra mala sobre esa persona. Todo lo contrario. Tal vez por eso mismo, y por lo mío, haya yo cedido. Otra cosa, ¿has observado lo guapa que está Celia? dentro de poco cumplirá … y tantos y parece que los anota al revés. Cada día aparenta más juventud. ¡Qué pena que nunca hayas sabido en vida que aquella morena que por las noches entraba a comprar tabaco y a la que tantos cumplidos dedicabas es ahora mi mujer! ¡Sí, ya sé, ya sé, que me casé por lo civil! Pero también sabes que nunca he renunciado a mis ideas y no como otros — a los que no señalo — que cambian de chaqueta como de calzoncillos (que, digo yo que se los cambiarán…). Ni lo tenían claro antes ni lo tienen ahora.

Y así, querido padre, andan las cosas por aquí. El otro día vi al tío José y al tío Manolín… ¡Que pocos quedan ya de aquella prolija prole de hermanos! Y qué me dices de Pina, con sus 99 años, retrasada mental, y ahí que sigue en Paraxas con sus vaques, pitas y gochus. Al resto de tus hijos los suelo ver más ahora y, en honor a la verdad, están en constante contacto conmigo. Césare Hipocráticus vino el otro día desde Córdoba y estuvo estudiando mis informes médicos; con Marinus El Ceremonioso coincidí en la sala de un tanatorio — ¡tiene cojones la cosa! — y está que le confunden con Richard Gere. Y sobre Ludovico El Magnífico… Bueno, qué te voy a contar… Cuando me llama se tira hora y media por el teléfono móvil y al final me dice: –“Oye, Javinchi, ¿y tú cómo vas? ¿Has oído hablar del método Hamer? Oye, hermano, que si te hace falta algo, ya sabes… Aunque, bueno, ya sabes que estoy arruinado con esta puta crisis”– Genio y figura. Tú sabes de sobra que es el hermano al que siempre más he querido por su espontánea y abierta forma de ser. ¡Y sí, ya lo sé, ya lo sé! ¡No vuelvas a contarme otra vez que Ludovico nació descojonándose de risa! Me da a mí que ese día estabas tú un poco pasado de Chinchón.

No sé cuándo tardaré en visitarte, la verdad, porque con estos tratamientos uno nunca sabe qué dirección va a tomar. Sólo deseo que me deje terminar mi labor en este otro bar, un bar virtual en el que hablamos de gente… Ya casi tengo casi redactadas las listas de los directores que aparecerán en la siguiente temporada en octubre luego del cierre vacacional de mediados de agosto. No sabes, querido padre, lo que me está costando culminar con este proyecto que ya casi está cumplido en su mitad. Tengo ya muy pocas fuerzas y cada nueva redacción, con su documentación, sus enlaces, su estudio personal para emitir una opinión… Es un tormento chino. Pero no veas lo feliz que me siento cuando culmino una nueva entrada y me dispongo a leerla. Es como parir un hijo, de verás. ¡A ver si lo puedo acabar, joder! No lo puedo programar todo porque no me lo permite el servidor. Y ese es el temor que tengo. Que se queden cosas en el tintero si me ocurre algo repentinamente. Pero yo sé que, estés dónde estés, me echaras una mano para poder culminar mi modesta y humilde aportación personal al mundo de la música. Si ves que vienen a por mí diles: –“¡Quietoparaos! ¡Que a mi hijo aún le falta vender — perdón, publicar — algunas entradas en su bar!”– Luego, que acudan cuando les salga de los putos cojones. Yo ya estoy preparado para todo pese a que no lo creas. Aunque cuando más tarde les de por venir, pues mejor. Eso que me llevo. Contemplar salir el sol cada día. Y, ahora, en plena primavera en Madrid, es realmente precioso. Sólo tenemos esta vida, que yo esté enterado, y el que no sepa vivirla con alegría, optimismo, buen humor y respeto por lo ajeno, es un perfecto gilipollas. Y de eso abunda hoy en el mundo. Así nos va cómo nos va.

Bueno, un abrazo, querido padre, y no sé si desde tu nueva perspectiva se celebran aniversarios como este que parece tan tétrico desde nuestra existencial óptica. Si es así, felicidades; y si no, pues que sepas que me acuerdo mucho de ti. Da abrazos por ahí (Pepito, Winston, Pili, Mino, don Emilio, Tomás, Amadeo, Antonio, Floren, Sebito… ). Al resto, sólo recuerdos.