Luxor, a unos 650 kilómetros al sur de El Cairo, es un enclave en el que abundan los templos egipcios. En la margen izquierda del río Nilo, a pocos kilómetros de la orilla, se encuentran los Colosos de Memnón, el Valle de los Reyes y el Valle de las Reinas. Por la margen derecha, el Templo de Luxor da la bienvenida a los turistas que desembarcan del Nilo aunque, a poco más de tres kilómetros al norte, se encuentra posiblemente la joya de la arquitectura religiosa egipcia, el Templo de Karnak, en donde antaño la estatua de oro del dios en su barca se alzaba en el más secreto santuario del templo.

 Tebas, la antigua capital de Egipto durante el Imperio Nuevo, se encontraba en el actual emplazamiento de Luxor en la orilla oriental del Nilo. El templo principal de Karnak estaba consagrado al dios Amón, señor de los vientos y el aire. Se le solía representar bajo forma humana, con una doble corona de plumas dentro de un animal parecido a un carnero. Si bien en un principio era un dios menor de carácter local, los faraones del Imperio Nuevo elevaron su categoría a la de dios nacional en el siglo XVI a. C. y lo identificaron con Ra, dios del Sol. Allí le rindieron culto junto a la diosa Nut, su consorte, y su hijo Khons, el dios de la Luna.

 Al templo se accede por unos enormes pórticos conocidos como pilonos y que constituyen una enorme puerta flanqueada por diversas torres de las que se conservan un total de diez. Cuando el creyente penetraba en el templo, pasaba de la brillante luz del mundo exterior a la profunda oscuridad de las salas que desembocan en el misterioso santuario en donde se encontraba la imagen de dios. Dicha entrada estaba prohibida al común de los mortales con la excepción del faraón y sus sacerdotes. Fue Tutmosis I quien amplió el pequeño templo de Amón a principios del Imperio Nuevo, aunque sus sucesores volvieron a ampliarlo en repetidas ocasiones.

 Para penetrar en el templo existían dos avenidas flanqueadas por esfinges con cabeza de carnero. Una de ellas salía de Luxor y otra del Nilo. Aún se conserva el imponente pilono frontal, con 44 metros de altura y 113 de anchura con unos 15 metros de grosor. Por detrás se extiende el Gran Patio, por el que se abren otros templos y sobre el que se extiende una galería. El segundo pilono da a la Gran Sala de las Columnas, que si bien en la actualidad carece de techumbre, antiguamente se elevaba a 24 metros por encima del suelo sostenido por 140 columnas distribuidas en 16 hileras y con capiteles en forma de flores y capullos de papiro. Por medio del tercer pilono se llega al Patio Central, detrás del cual hay otros tres pilonos que desembocan en el santuario interior.

Todo el interior del templo era un bosque de columnas — símbolo de la palmera — que según la mitología egipcia crecían en la Isla de la Creación, lugar en donde se pensaba que comenzó el mundo. Por las inmediaciones del templo pululaban cientos de gansos sagrados que cruzaban la orilla del Nilo al igual que las barcas de carácter igualmente sagrado. En la actualidad no quedan apenas restos de Tebas, pero las ruinas del Templo de Karnak siguen impresionando a los turistas con sus imponentes puertas, patios, salas, bosques de columnas, estatuas y obeliscos. Karnak es el complejo religioso de mayores dimensiones nunca construido durante la civilización egipcia.

Fotos tomadas de WIKIPEDIA y que, en su mayoría, corresponden a Francesco Gasparetti