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* Nacido el 1 de marzo de 1810 en Zelazowa Wola, cerca de Varsovia
* Fallecido el 17 de octubre de 1849 en París.

 De padre francés y madre polaca de familia antaño noble, el pequeño Chopin pronto mostró aptitudes para la música y su hermana Louise fue la encargada de darle las primeras clases. Ante sus evidentes progresos, la familia decide encomendarle al violinista Zywny pese a lo cual Chopin decide decantarse por el piano y resulta paradójico que entre sus maestros nunca llegara a tener a un verdadero pianista. En 1822 su padre le envía al Conservatorio de Varsovia y allí se quedan alucinados con el precoz talento del muchacho, tanto que siete años después le declaran “genio musical”. Sobra decir que allí tampoco recibió lecciones de piano y que el artista continuaba indagando las posibilidades de dicho instrumento por su propia cuenta. De esta época son sus primeras Polonesas y Mazurcas. Pocos saben del gusto que despertó la ópera en el compositor y así, en 1828, viajó a Berlín exclusivamente para asistir a representaciones de Spontini y Cimarosa. Quién sabe lo que hubiera sido de Chopin si al año siguiente, en 1829, no llega a aparecer por Varsovia un hombre que marcó la trayectoria del músico, el diabólico Paganini, cuyo virtuosismo impactó profundamente en el polaco. Es entonces cuando Chopin decide ser un virtuoso del piano aunque también por estas fechas empiezan a ser visibles los síntomas de una salud más que quebradiza: Con frecuencia se le inflamaban los ganglios del cuello y por ello debía someterse a terroríficas sangrías, circunstancia que acentuó su ya de por sí carácter taciturno.

 En 1829 realiza su primer viaje como concertista de piano y en Viena se quedan prendados de él, tanto por su novedosa forma de tocar el piano como de la frescura de sus composiciones. (Y, también, de su figura atractiva y tísica que se correspondía con el ideal de hombre romántico predestinado a morir joven) De esta época datan sus Conciertos para piano y orquesta (O, mejor dicho, sus conciertos para piano solo, con ligero acompañamiento orquestal). Algunos afirman que la enfermedad de Chopin era el motivo fundamental por el que tocaba el piano con mucha suavidad, matizando y contrastando cada nota y acorde. Pero eso no son más que especulaciones: El truco de Chopin consistía en digitar como Dios manda y en un particularísimo uso del pedal. Pero Chopin tenía un problema y era que en las grandes salas de conciertos se acongojaba (Aspecto que comparten muchos músicos de hoy en día) y lo pasaba fatal, por lo que desde siempre prefirió la intimidad de los salones a las majestuosas salas de conciertos. Su obra, en general, es una clara consecuencia de esto.

 Tras visitar Dresde y Breslau regresa a Varsovia donde se encapricha de una joven, Constanza Gladkowska. Con ella participó en algunos conciertos con una vena tan apasionada y romántica que el público acababa llorando ante tal derroche de sentimentalismo… Pero a los pocos días de su último y lacrimógeno concierto Chopin se largó a Viena y, sin él saberlo, ya no volvería a pisar Polonia nunca más. Ello fue debido el estallido de la Revolución Polaca de 1830 y la posterior invasión rusa. Allí dejó para siempre a sus amigos y admiradores, amén de una desconsolada Constanza de la que nunca más se supo. Esta circunstancia llenó de melancolía a Chopin durante el resto de su vida, desgraciadamente para él y afortunadamente para el mundo de la música. De cualquier manera, las desgracias no parecían sino empezar ya que esta segunda estancia en Viena no fue tan feliz como la anterior debido a que los austríacos no veían con buenos ojos la insurrección polaca. Aunque, para Chopin, el verdadero motivo de que su música no llegara a cuajar allí era porque “Estos vieneses sólo tienen oído para los valses de Strauss”. Como en Viena pasaron olímpicamente de él no tuvo más remedio que partir hacia Stuttgart donde se entera de que Varsovia ha sido ocupada por los rusos, noticia que le sume en un profundo estado de depresión. Le dio por pensar que tanto su madre como Constanza habrían sido secuestradas por los cosacos rusos y cosas por el estilo (Lo cual no significaba que no fuese realmente cierto, conociendo cómo se las gastaban los cosacos). Afortunadamente, un buen colega le recomendó poner rumbo a París, ciudad mucho más alegre y colorista que la fría Stuttgart, y hacia allí que se va el bueno de Chopin en 1831. En aquella ciudad algunos pianistas le recomiendan que depure su técnica pero, por suerte, Chopin pasó de ellos y siguió tocando a su manera. Poco a poco se va introduciendo en los salones y empieza a ser muy popular, dando a conocer su música. Para subsistir, se dedicó a la enseñanza y en muy poco tiempo llegó a ser el profesor más solicitado y más caro de todo París.

 En 1835 se entera de que sus padres han logrado sobrevivir a la invasión rusa y va a visitarles al balneario de Carlsbad. Se puso tan contento y feliz que, a la vuelta, se enamora de la hija de una familia polaca que conocía desde la infancia y que por esas fechas vivía en Dresde. Allí pasó una semana y las malas lenguas afirman que la mamá de la moza fue la que se enamoró realmente de Chopin. Sea como fuese, de retorno a París se detiene en Leipzig y visita a Clara y Robert Schumann quienes le invitan para asistir al festival de Düsseldorf, asunto del todo imposible debido al muy precario y preocupante estado de salud del compositor polaco, cuyos primeros síntomas de la temible tuberculosis se empiezan a hacer más que evidentes: Chopin escupía sangre sin parar. Ese fue el motivo (Y no otro, como sugieren los malpensados…) de que la mamá de Maria Wodzinsky, aquella joven de la que se había enamorado Chopin, no otorgase su consentimiento al matrimonio, circunstancia que de nuevo le sumió en un estado depresivo y melancólico. Para colmo, a la moza la casaron con otro hombre que moriría poco después de… ¡Tuberculosis!, así como también el hijo que ambos tuvieron. (A veces, el destino juega malas pasadas)

 En 1836 Chopin conoce a Aurore Dupin, más famosa por su masculino seudónimo de Georges Sand. A Chopin le horrorizaba la forma de ser de la Sand (Fumaba, tuteaba a los extraños, vestía de pantalones, tenía ideas socialistas y, además, no iba a misa). Ella se enceló ante la negativa de Chopin para formar una unión estable e hizo lo posible y lo imposible para tratar de enamorar al músico. Lo acabó consiguiendo pero, más que por sus dotes sensuales, por la avanzada enfermedad del artista, quién se dio cuenta de que necesitaba a alguien que le cuidara y comprendiera. Y, si de paso le amaba, pues mejor que mejor. A causa de esta penosa enfermedad y atendiendo a los posibles beneficios de un clima más benigno, en 1838 llegan a la isla de Mallorca donde Chopin escribe algunas de sus mejores obras. Pero las estrafalarias — Según se mire — pintas de la Sand junto a la más que sospechosa enfermedad del artista provocaron que tuvieran que recluirse fuera del pueblo donde se habían instalado primeramente y así llegaron a ocupar la Cartuja de Valldemosa que, si bien al principio resultó ser una romántica vivienda con vistas al mar, acabó por sumir al compositor en un nuevo y enésimo estado de crisis existencial. Al año siguiente deciden regresar a París y de este período son sus más conocidas Fantasías, Barcarolas, Baladas y Nocturnos. Alternan la vida en París con períodos de residencia en Nohant. A partir de 1842 la vida de los Chopin-Sand era un continuo ir y venir de gentes de toda condición artística a su casa en las innumerables veladas nocturnas que allí se organizaban. Chopin no soportaba a algunos de los amigos de la Sand y, además, el avanzado estado de su enfermedad le hacía padecer de frecuentes trastornos bipolares. Ello supuso el comienzo de la ruptura sentimental de ambos, circunstancia que acabó por precipitarse debido a problemas surgidos entre la hija de Georges Sand y el compositor. Aquella relación se fracturó del todo y, cómo no, dejó a Chopin muy hundido a nivel anímico.

 Chopin, auténtico romántico de vida y obra, se encontró tan solo y enfermo que su producción musical se resintió en estos últimos años. En 1848 viaja a Londres y su salud empeora de manera muy alarmante, sobre todo después de un recital que dio a beneficio de los exiliados polacos. Una semana después regresa totalmente enfermo a París y ha de guardar cama. Como a perro flaco todo son pulgas, a su penosa salud se le unen unos enormes problemas de tipo económico. Menos mal que una buena amiga, Jane Stirling, le envió 25.000 francos para hacer frente a las necesidades más apremiantes. En el verano de 1849 llega a París su hermana Louise para cuidar a un Chopin que ya estaba por completo desahuciado. Murió en la madrugada del 17 de octubre de ese mismo año. Su corazón fue enviado a Polonia y depositado en la Iglesia de Santa Cruz. En su funeral, atendiendo a sus últimos deseos, se interpretó el Réquiem de Mozart. ¡Qué mala fortuna vital tuvo este magnífico músico!

 La música de Chopin es refinada y está caracterizada por las buenas maneras, siendo tan revolucionaria como toda la música que se compuso en el siglo XIX. Gracias al uso del pedal, sus armonías se vuelven confusas y borrosas, mezclándose unas con otras. Sus ornamentos cortan la regularidad rítmica (Rubatos) como consecuencia de utilizar los cinco dedos de la mano y, de esta forma, aumentar la división del compás. Prefirió las formas sencillas y breves en sus composiciones a la manera de un auténtico poeta del piano y sus títulos (Nocturnos, baladas…) sugieren tanto poesía como pintura. Chopin supo conservar su estilo propio y nunca lo abandonó; por eso su música es fácilmente reconocible por su elegancia y belleza melódica. Frente a ciertas críticas muy poco consistentes Chopin se nos muestra como un excelente compositor; quizás, junto con Schumann, el más íntimo de todos los románticos.

OBRAS

Piano solo

– 3 Sonatas, destacando la Nº2, Op.35
– 4 Scherzos, destacando el Nº2, Op.31
– 4 Baladas
– 27 Estudios
– 19 Nocturnos
– 25 Preludios
– 14 Valses
– 3  Impromptus
– 10 Polonesas
– 55 Mazurcas
– Un cuaderno de diversas piezas

Aparte

– 2 Conciertos para piano y orquesta, destacando el Nº2, Op.21
– 4 Piezas breves para piano y orquesta
– Un Trío para violín, celo y piano
– Una Sonata para celo y piano (Y dos obras breves)
– 17 Canciones.
– Ballet Las Sílfides (Arreglado por otros músicos)