puccini

* Nacido el 22 de diciembre de 1858 en Lucca, región de Toscana
* Fallecido el 29 de noviembre de 1924 en Bruselas

 Hijo del organista y maestro de capilla de la catedral de Lucca, a los seis años se queda huérfano de padre y se somete a la tutela de su tío Fortunato, de quién recibe sus primeros rudimentos musicales, toda vez que la administración de Lucca, atendiendo a la larga tradición familiar de los Puccini, tenía reservado dicho cargo para cuando el pequeño Giacomo alcanzase la mayoría de edad y su consiguiente formación musical. A pesar, pues, del obligado destino musical del muchacho, pronto se destaca como un excepcional organista — llevaba los genes en la sangre — y con tan sólo 15 años las iglesias de los alrededores ya se lo disputaban para acompañar al órgano durante las funciones religiosas. Sin embargo, Puccini solía asistir a las representaciones del vecino Teatro del Giglio y de ahí le vino su amor por todo lo relacionado con el mundo de la ópera. Con 18 años asiste en Pisa a una representación de Aida de Verdi, un hecho que le empuja definitivamente a inclinarse hacia este mundo.

 En 1880 se traslada a Milán para completar sus estudios gracias a una beca concedida por la reina Margarita de Saboya. Allí coincide con Mascagni y, terminada su formación en el conservatorio, consigue que se represente su primera ópera escrita, Le Villi, con tal éxito que hasta el todopoderoso Verdi se interesa por el compositor. Animado, emprende la composición de su segunda ópera, Edgar, cuyo fracaso le amargó de tal manera que a punto está de abandonar su carrera musical. Para consolarse, se lía con la mujer de un amigo, un acaudalado comerciante de Lucca, y la pareja decide instalarse en Milán (Por el “qué dirán”) en medio de unas condiciones económicas verdaderamente complicadas. Pero aquella relación fue más bien tormentosa debido a los celos totalmente justificados de Elvira, que así era como se llamaba la amante, y Puccini, con grandes quebraderos de cabeza por tal situación, sólo pudo sobrevivir gracias a la ayuda económica dispensada por su amigo Ricordi. Fue entonces cuando acometió la composición de su tercera ópera, Manon Lescaut, sobre un libreto en el cual tanta gente había colaborado (Marco Praga, Domenico Oliva, Liugi Illica, Giuseppe Giacosa…) que el día de su triunfal estreno en Turín, la noche del 1 de febrero de 1893, el mencionado libreto apareció como anónimo. Con esta obra Puccini se consagra como uno de los principales operistas del momento y tanto dinero ganó que se permitió el lujo de adquirir una villa en Torre del Lago, en su Toscana natal, que pasaría a convertirse en su inaccesible refugio — a semejanza del Sant´Angelo de Verdi — y en donde dos meses después inicia la composición de La Bohème, una ópera que tardó tres años en completar y que se vio constantemente interrumpida por largos períodos de abulia inventiva mezclados con frecuentes escapadas cinegéticas, una de las mayores pasiones del artista. La Bohème fue finalmente estrenada el 1 de febrero de 1896 bajo la dirección de Toscanini en el mismo Teatro Regio de Turín y, si bien su éxito no fue como el de Manon Lescaut, poco a poco fue imponiéndose, consagrándose definitivamente tras el grandioso éxito obtenido dos años más tarde en una representación efectuada en París.

 Puccini, un músico ya en la cresta de la ola y con extraordinarios ingresos económicos, abordó entonces la composición de Tosca, luego de mantener una enconada disputa — cosa que era bastante habitual — con sus libretistas de turno. Finalmente, la obra obtiene un éxito apoteósico en el estreno llevado a cabo en el Teatro Constanzi de Roma el 14 de enero de 1900 y que encasilló a Puccini como compositor “verista”, circunstancia que es del todo incierta y que ha provocado a lo largo de buena parte de la historia que las interpretaciones de las óperas puccinianas hayan sido auténticos desastres de ejecución, muy alejados de la verdadera realidad de la música de Puccini, que es cualquier cosa menos verista. Tras Tosca, le llegó el turno a Madame Butterfly. Como ya podemos anticipar, el talento musical de Puccini no representaba mayor problema; lo verdaderamente complicado — y fue el caballo de batalla a lo largo de toda su trayectoria — fue la elaboración del libreto. Cuando se había llegado por fin a un acuerdo con Giacosa e Illica para su redacción, tuvo lugar un gravísimo accidente de automóvil que sufrieron Puccini y su familia durante un viaje de Lucca a Torre del Lago, en el que el compositor se fracturó la tibia y fue largamente inmovilizado en una silla de ruedas. (Cuesta creer que, en 1903 y con unos cacharros que apenas sobrepasaban los 20 kilómetros por hora de velocidad punta, el tortazo que sufrió Puccini tuviese tales consecuencias). Al final, la obra se estrenó el 17 de febrero de 1904 en la Scala de Milán, ocurriendo entonces dos hechos insólitos: Por una parte, la obra cosecha un colosal fracaso; por otra, Puccini decide casarse con Elvira al quedar ésta por fin viuda, pese a las numerosas desavenencias entre ambos. Pero Puccini, hombre práctico como pocos, decide dar unos retoques por allí y unos cuantos ajustes por allá y la obra, que había sido incluso retirada del cartel, se reestrena de nuevo cinco meses después en el Teatro Grande de Brescia con un éxito descomunal.

 El período que siguió a la composición y estreno de Madame Butterfly fue uno de los más borrascosos en la vida de Puccini. En ese mismo año de 1904, había entrado a formar parte del servicio de Torre del Lago una bella manceba, Doria Manfredi, de quién Elvira sintió inmediatamente unos violentos celos que derivaron en una paranoica obsesión. Pese a que la joven fue finalmente despedida cuatro años después (Lo que alimentó no pocas sospechas) Elvira siguió calumniándola e insultándola públicamente. La consecuencia fue que Doria se suicidó mediante la ingesta de unas pastillas y Puccini fue amenazado de muerte por la familia de la joven. Al demostrar la autopsia que la chica aún estaba virgen, las amenazas se orientaron hacia Elvira, a quien denunciaron en los tribunales. Puccini, que había pensado seriamente en separarse de Elvira, llegó finalmente a un acuerdo económico con la familia y el asunto quedó archivado.

 Mientras que las relaciones entre el compositor con Elvira parecían volver a su cauce, éste aprovechó para componer La Fanciulla del West (La Muchacha del Oeste). Como no podía ser de otra manera, la obra se estrenó en el Metropolitan de Nueva York el 10 de diciembre de 1910 con Caruso como protagonista. El éxito fue apoteósico, nuevamente, aunque en Italia no terminaron de comprender del todo la obra. Pero en aquellos tiempos, Puccini tuvo que enfrentarse a las nuevas tendencias musicales del momento, muy alejadas de sus concepciones artísticas y fue por ello criticado como un compositor exitoso pero aislado frente a la nueva vanguardia tanto europea como italiana (Debussy, Stravinski, Schoenberg, Malipiero, Casella…). En 1912, el musicólogo Fausto Torrefranca le atacó despiadadamente en un conocido ensayo que dio mucho de qué hablar. Mientras, Puccini, un tanto ajeno a estas polémicas, reclamó un viejo proyecto para una opereta que le habían encargado en Viena y, con los consiguientes retoques, estrena el 27 de marzo de 1917 La Rondine en el Teatro Casino de Montecarlo. Además, durante los años de guerra y paralelamente a la composición de la mencionada ópera, creó tres breves obras en un acto (Il Tabarro, La Houppelande y Gianni Schicchi) a las que unió bajo la denominación de Il Trittico y que, bajo esta forma, fueron estrenadas el 14 de diciembre de 1918 en Nueva York.

 La Guerra acentuó en Puccini su carácter sombrío y ello le llevó a largos, agotadores e imprevistos estados de melancolía. Muchos de sus amigos — y enemigos — ya habían muerto y la explotación de unas minas de carbón junto a Torre del Lago le obligó a abandonar de mala gana aquel lugar con el que había estado tan vinculado. Además, sopesó someterse al tratamiento de un médico de Berlín que consistía en la inoculación de glándulas de chimpancé para… En fin, por increíble que parezca, entonces se reconcilia del todo con su mujer (Ella ya no vio peligro alguno en las aventuras amorosas de su marido) y vivió felizmente hasta el fin de sus días con ella. En estos años, su preocupación artística se centró en la creación de su última ópera, Turandot, un proyecto que no llegó a acabar. En 1923 se le diagnosticó un tumor cancerígeno en la epiglotis tan avanzado que hizo imposible cualquier intervención quirúrgica. Los médicos le propusieron una radioterapia y por ello Puccini acudió a Bruselas, una de las dos ciudades europeas en donde se practicaba dicho tratamiento. Finalmente, y tras un mes de inútiles curas e insoportables dolores de garganta, falleció en dicha ciudad el 9 de noviembre de 1924. Turandot fue completada por Franco Alfaro. Se cuenta que, durante su estreno en 1926 en la Scala, Toscanini abandonó la batuta al llegar al último compás del canto fúnebre por la muerte de Lió y se dirigió al público:–“Señores, y en estas líneas, murió el maestro”–

 Gracias a su don para la invención melódica, su exquisito trato para las voces de soprano y tenor y a su habilidad para escoger argumentos de amor, venganza y traición, Puccini se convirtió en el último de una gran línea de compositores italianos de ópera romántica. Su lirismo sigue la senda original de la ópera italiana del siglo XIX, aunque adoptó algunas ideas del siglo XX. Su afición por lo exótico le llevó a incorporar música de orígenes dispares, como melodías japonesas (Madama Butterfly), del salvaje Oeste (La Fanciulla del West) o escalas pentatónicas chinas (Turandot). En sus últimos 25 años sólo compuso cuatro óperas, dedicándose principalmente al cultivo de sus aficiones, sobre todo de la caza.

OBRAS

– Una Misa
– 4 Piezas instrumentales breves
– 12 Óperas, destacando La Bohème, Madame Butterfly, Tosca y Turandot — Gianni Schicchi es su mejor ópera del grupo llamado Il Trittico.