En el mundo de la dirección orquestal, tan importante resulta la capacidad artística de quien aspira a abrirse un camino en este terreno como una sólida formación recibida por parte de los mejores maestros. La fijación por escrito de la sabiduría y la actitud que transmiten algunos profesores famosos aclara sólo parcialmente su influencia y a menudo no hace comprender aquello que es finalmente decisivo para convertir a alumnos con talento en músicos mundialmente famosos. Determinadas figuras de la dirección orquestal no han destacado por su especial pedagogía a la hora de transmitir sus conocimientos en cursos o clases magistrales. Su ámbito de actuación parece resolverse exclusivamente sobre el podio y, tal vez por ello, presentan ciertas lagunas de concepto para acometer una actividad docente. Por el contrario, otros maestros han sabido unir a su carrera artística como directores la envidiable facultad de ser unos excelentes educadores para las nuevas generaciones de músicos. La clase de Dirección Orquestal de la Escuela Superior de Música de Viena es posiblemente la mejor y más famosa cátedra del mundo en la enseñanza de dicho arte. Mucho de su prestigio se debe a quien, desde 1946 a 1975, se hizo cargo de aquella enseñanza. Hans Swarowsky es más recordado hoy en día como docente que como propiamente un director de orquesta al uso. Su influencia en la formación de numerosos directores, algunos de los cuales ocupan en la actualidad los cargos musicales más relevantes a nivel internacional, ha resultado tan determinante como decisiva.

 Hans Swarowsky nació el 26 de septiembre de 1899 en Budapest, antaño perteneciente al Imperio Austro-Húngaro y en la actualidad capital de la República de Hungría. Inició sus estudios musicales en Viena bajo la formación teórica de Schönberg y Webern, mientras que la práctica le fue tutelada por Busoni, Steuermann y Weingartner, entre otros profesores. Paralelamente, Swarowsky cursó estudios de Historia del Arte y Psicología (con Freud) en la Universidad de Viena. Más tarde, su formación teórica fue consolidada merced al trabajo docente de profesores como Richard Strauss y Clemens Krauss. Sus primeras actuaciones como director le llevaron a Stuttgart y Hamburgo, desde donde fue llamado a la Ópera de Berlín para suceder en 1933 a Fritz Busch. Sin embargo, tres años después las autoridades nazis le prohibieron dirigir en Alemania y desde 1937 fue titular de la Ópera de Zurich, cargo que alternó brevemente con la dirección de la Orquesta Filarmónica de Polonia en Cracovia. En 1944 fue nombrado jefe dramaturgo de los Festivales de Salzburgo y se le autorizó incluso a dirigir en Munich, ciudad en donde entablaría una estrecha relación con su antiguo profesor Richard Strauss. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Swarowsky fue nombrado director de la Orquesta Sinfónica de Viena entre 1946 y 1948 para a continuación ejercer como director de la Ópera de Graz. Ya en la década de los años cincuenta del siglo pasado, Swarowsky mantuvo una activa carrera como director invitado de las más prestigiosas orquestas, realizando además una notable producción discográfica. En 1957 inició su vinculación como director permanente de la Ópera de Viena al tiempo que se hizo también cargo durante dos años de la Orquesta Nacional de Escocia en Edimburgo. Tras realizar una exitosa carrera como director invitado a lo largo de todo el mundo, Swarosky falleció en Salzburgo el 10 de septiembre de 1975.

 Pero si bien Swarowsky fue reconocido como un excelente director de gran presteza técnica, tal vez su mayor logro como músico se produjo al frente del aula de Dirección Orquestal de la Academia de Música de Viena desde 1946. Sus clases en la materia constituyeron la meca de peregrinación de una generación de futuros directores de orquesta entre los que se encontraron nombres luego tan importantes como Claudio Abbado, Zubin Mehta, Mariss Jansons, Giuseppe Sinopoli o Jesús López Cobos. Allí también se instauró la Competición Internacional de Directores que lleva su nombre y que atrae periódicamente a los músicos noveles con mayor proyección de todas las partes del planeta. Con todo, la labor docente e investigadora de Swarowsky se amplió con la traducción al alemán de un buen número de óperas de Verdi y Puccini, al tiempo que trabajó como colaborador de nuevas ediciones de partituras, como una nueva edición crítica de las sinfonías de Mahler o la edición original del texto de El Murciélago de Johann Strauss. Una gran parte de sus trabajos teóricos en materia de dirección orquestal fueron recopilados por Manfred Huss bajo el título de Wahrung der Gestalt, obra que fue traducida en España por el director de orquesta granadino Miguel Ángel Gómez Martínez en 1988 bajo el título de Dirección orquestal: Defensa de la obra (Ediciones Real Musical ISBN 84-387-0309-7). En este extraordinario tratado recopilatorio, el maestro Swarowsky incide en la defensa de la obra como único camino posible para llegar a una verdadera interpretación musical. El libro se completa con una serie de capítulos destinados a la interpretación analítica y al arte de dirigir, complementados a su vez con una serie de magistrales comentarios sobre la obra sinfónica de compositores como Beethoven, Schubert, Mahler, Bruckner, Schönberg y Stravinski. El libro cuenta también con una amplia sección dedicada a la ópera.

 Saber leer una partitura significaba para Swarowsky reconocer en ella todo lo que no tenía que ser escrito, práctica habitual de su época. El director ha de aprender a leer correctamente la música para preservar su forma original y reconstruir su verdadera autenticidad. Puesto que en la música sólo tenemos lo escrito ante los ojos, cualquier intérprete está en la obligación de llevar a cabo el proceso de pensamiento que conduce al descubrimiento de los detalles a los que la obra debe su forma. En consecuencia, la interpretación de la música sólo puede ser representación de lo que es intelectualmente existente en la pieza sonora. En otro orden de cosas, Hans Swarowsky fue un destacado intérprete de los períodos clásico y romántico, aunque tal vez su mayor especialidad fueron los compositores modernistas. Director dotado de un fuerte sentido de la arquitectura musical, sus grabaciones nos revelan a un notable estilista capaz de ambientar con suma precisión los diferentes episodios de las obras que dirige. Con todo, uno de los mayores problemas que ha tenido que soportar Swarowsky es el lío monumental que existe en torno a algunas de sus grabaciones discográficas. Resulta que un discípulo suyo, Alfred Scholz, vio el negocio de realizar una serie de discos atribuidos falsamente a Swarowsky y destinados al mercado de bajo precio. Así, una serie de grabaciones de las sinfonías de Bruckner ejecutadas por la extraña Orquesta Filarmónica del Sur de Alemania fue falsamente atribuida a Swarowsky por Scholz. Y, para enredar aún más las cosas, resulta que Swarowsky llevó a cabo una serie de registros con esa misma orquesta del Sur de Alemania, formación reclutada al efecto por profesores procedentes de Praga y Bamberg. Todas estas circunstancias afectaron negativamente a la reputación de Swarowsky debido a la nula calidad de algunas versiones que ni siquiera fueron dirigidas por él mismo.

 De entre la producción discográfica verdaderamente debida a Hans Swarowsky podemos mencionar las siguientes grabaciones. (Advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): Concierto de Brandenburgo nº4 de Bach dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Bamberg (ZYX 4001); Concierto para piano nº4 de Beethoven junto a Guiomar Novaes y dirigiendo la Orquesta Pro Musica de Viena (VOX 58530); Concierto para piano nº2 de Chopin, junto a Menahem Pressler y dirigiendo la Orquesta Pro Musica de Viena (VOX 11380); Noche en los jardines de España de Falla, junto Guiomar Novaes y dirigiendo la Orquesta Pro Musica de Viena (VOX 58520); Concierto para piano de Grieg, junto a Guiomar Novaes y dirigiendo la Orquesta Pro Musica de Viena (VOX 58520); Concierto para piano nº1 de Mendelssohn, junto a Menahem Pressler y dirigiendo la Orquesta Pro Musica de Viena (VOX 11380); Obertura de La novia vendida de Smetana dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Viena (Referencia desconocida); y, finalmente, selección de valses de Johann Strauss II dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Viena (SR 9620). Nuestro humilde homenaje a este gran director y profesor. Desde www.leitersblues.com