En el enlace al vídeo que hoy os dejo podemos escuchar el extraordinario Chôro nº1 para guitarra del compositor brasileiro Heitor Villa-Lobos en interpretación de David Russell, guitarrista escocés nacido en 1953 aunque asimilado español desde que tenía cuatro años. Russell ha conquistado los más célebres concursos de guitarra clásica del mundo (Juliam Bream, Andrés Segovia y Francisco Tárrega) y consiguió ser nombrado miembro de la Royal Academy of Music de Londres en 1997. Actualmente reside en la localidad pontevedresa de Nigrán cuando así se lo permiten sus largas y exitosas giras de conciertos y recitales por los más distinguidos escenarios musicales del mundo. Russell ha grabado esta obra para el sello TELARC (Ref 80612). Este Chôro nº1 escrito para guitarra destaca por su logrado desarrollo melódico y por los sugerentes ritmos de los distintos temas dentro de un mismo patrón. En cuanto a su forma, se asemeja un tanto a la de un rondó. Escritos para distintos conjuntos instrumentales, los 14 Chôros de Heitor Villa-Lobos, concebidos en 1929, fueron la particular concepción del músico brasileiro del corinho, un estilo musical que se desarrolló en Río de Janeiro a finales del siglo XIX y que se caracterizaba por combinar la música europea con ritmos afro-brasileños. Los Chôros presentan una visión caleidoscópica de la música brasileira, filtrada por la activa imaginación del joven compositor.

 Si bien Brasil adquirió su perfil musical con autores como Alberto Nepomuceno (1864-1920) no hay que olvidar que la fuerza de su folklore y de su música urbana permite que nazcan, antes incluso que en otros lugares, figuras que fluctúan entre lo popular y lo culto. Sin duda, el pianista y compositor de tangos Ernesto Nazareth fue el autor más representativo de esta tendencia. Pero quien realmente logró forjar un lenguaje propio basado en las tradiciones brasileñas, empleando asimismo elementos tomados del neoclasicismo francés y tomando como base una técnica compositiva muy similar a la de Johann Sebastian Bach, fue Heitor Villa-Lobos, posiblemente la mayor figura musical iberoamericana de su tiempo.

 Heitor Villa-Lobos nació en Río de Janeiro el 5 de marzo de 1887 y recibió las primeras nociones musicales de parte de su padre. Pese a que su madre era una excelente pianista, se empeñó en que Heitor debía dedicarse al estudio de la Medicina y, en consecuencia, le llegó incluso a prohibir cualquier actividad musical. En sus años de adolescencia Heitor conoce a su gran amigo Zé do Cavaquinho, quien le imbuye en los secretos de la música popular. Con 16 años, Heitor se refugia en casa de su tía Zizinha para disponer de mayor libertad de tocar en pequeñas orquestas. Dos años después emprende una gira por el Nordeste y recopila multitud de cantares populares (A semejanza de lo que también hizo Bela Bartok en su país). En 1907 Villa-Lobos se matricula en el Instituto Nacional de Música y decide estudiar francés, tal vez pensando en un futuro viaje a la capital gala. Sin embargo, donde realmente viajó fue hasta los EEUU (Pese a que perdió en los casinos de juego casi todo su dinero en la parada que hizo el buque en Barbados). De vuelta a Río de Janeiro intenta seguir una carrera profesional como violoncelista, aunque un nuevo viaje hasta el interior le devuelve su deseo de dedicarse a la composición. Un hecho decisivo se produce cuando conoce a Milhaud, entonces agregado cultural de la embajada francesa en París, con quien comparte sus composiciones y el material recopilado por Villa-Lobos de la música popular brasileña. Poco a poco, Villa-Lobos va dando a conocer sus primeras composiciones importantes y es el propio Arthur Rubinstein quien, de la forma más insólitamente imaginable, se convierte en el mejor “propagandista” de la obra del carioca (Al parecer, Rubinstein se había refugiado en un local, escondiéndose de sus aduladores, en donde estaba tocando Villa-Lobos).

 En 1923, y gracias al patrocinio de dos financieros, Villa-Lobos emprende el soñado viaje a París. Pese a que en un principio es recibido con escepticismo, la colaboración nuevamente de Rubinstein hace que su nombre sea muy aceptado y conocido en París. Un nuevo viaje realizado a la capital francesa a finales de los años treinta le confirma como un compositor del todo consagrado, condición que también se confirma años más tarde en Nueva York y en Buenos Aires. Pero aparte de esto, Villa-Lobos se convierte en la mayor institución musical y cultural de su país, creando en el transcurso de pocos años el SEMA (Servicio de Educación Musical y Artística), el Curso de Formación de Profesores de Música y la Academia Brasileña de Música, además de hacerse cargo del Conservatorio Nacional de Canto Orfeónico. Tras una larga e intensa vida dedicada a la composición, educación y divulgación de la música, Villa-Lobos fallece en su Río natal el 17 de noviembre de 1959. Con una producción inmensa de más de 1.000 obras registradas — de las que sobresalen sus famosas y excepcionales Bachianas Brasileiras — su figura adquiere tintes de verdadera leyenda en su país natal. Nuestro humilde homenaje a este grandioso y comprometido músico.