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 De ninguna manera pudo usted dejar pasar esa histórica oportunidad, Herr Kohl. Nada de plazos ni de mandangas de otro tipo: Reunifiquemos las dos Alemanias lo antes posible y luego Dios dirá. Y así se hizo, para alegría de muchos y perplejidad de los más escépticos. La verdad es que fue usted un vivo, Herr Kohl: Entre un Erich Honecker que estaba más caducado que un yogur de merendero, un Egon Krenz que bastante tenía con sus problemas hepáticos, y un Lothar de Maizière que supo estar a la altura de las circunstancias políticas del momento, la reunificación dinamitó cualquier calendario y fue un hecho posible en tiempo record. Muchos se asustaron, no crea usted, cuando algún “listillo”, embriagado de tanto éxito, comenzó a hablar de Polonia y de los Sudetes… Pero usted, Herr Kohl, zanjó cualquier oportunismo al respecto con su proverbial sabiduría. Sin embargo, luego llegaron tiempos de crisis, con un tema relacionado con la financiación de su partido que le tuvo en jaque por unos 300.000 eurillos de nada que al parecer cobró de un magnate mediático. Nada por lo que preocuparse, Herr Kohl. Esas no son sino simples banalidades de la política y créame si le digo que en España sabemos mucho de esto… Lo realmente importante es que usted pasará a la historia por la reunificación alemana… ¡Y por aquellos tanques de cerveza con los que era fotografiado a menudo! A eso se le llama hacer patria, Herr Kohl. Mi saludo y mis respetos.