En el enlace al vídeo que hoy os dejo podemos escuchar la melodía nº6, amorosa, perteneciente al grupo de Diez melodías vascas para orquesta del compositor Jesús Guridi. Pese a que en el vídeo del enlace no se dice nada con respecto a la versión, tenemos varias opciones disponibles en el mercado discográfico y entre las mismas nos decantamos por la ejecutada por la Orquesta Sinfónica de Bilbao bajo la dirección del maestro Juan José Mena y que se encuentra disponible en el sello NAXOS (ref 8557110). Esta melodía nº6 que aquí escuchamos, bellísima y muy lírica en su factura, presenta la particularidad de estar sustentada bajo un acorde de tónica durante casi todo el discurso aunque una serie de cromatismos en la línea central ofrecen un punto de enorme expresividad. Estrenadas el 12 de diciembre de 1941 en Madrid por Enrique Jordá, las Diez melodías vascas de Guridi pasan por ser la obra sinfónica más conocida del autor y toman generalmente como base una serie de melodías de carácter folklórico vasco (Cancionero popular vasco de Azkue) armonizadas para orquesta. Curiosamente, esta melodía nº6 procede, no obstante, de las Douze chansons amoureuses du Pays Basque-Français de Charles Bordes.

Durante todo el siglo XX la creación musical inició una apertura multi-direccional como consecuencia de la culminación de un período tan extenso como lo fue el Romanticismo y sus derivaciones post-románticas y nacionalistas. Ciertamente, se hace difícil establecer un orden concreto de las distintas corrientes compositivas que fueron dándose en Europa ya que cada región geográfica tuvo su grado de mayor o menor peculiaridad. Ciñéndonos a la primera mitad del siglo XX, podríamos afirmar, siempre con la prudencia de no caer en una vaga generalización, que Impresionismo, Neoclasicismo, Expresionismo y Dodecafonismo fueron sucediéndose en los países de la órbita centroeuropea aunque en ciertas zonas meridionales (Italia y España) y Rusia hubo corrientes que escaparon del todo a esos cuatro estilos estéticos anteriormente mencionados. En España, autores como Asenjo Barbieri y Felipe Pedrell habían ofrecido ya la idea teórica de una música autóctona y de marcado acento nacionalista que tuviera peso en Europa y cuyos primeros esbozos vinieron de la mano de Albéniz y Granados. Pero no fue hasta la generación posterior, con Falla a la cabeza, cuando este proceso se asentó y se amplió. Es por ello que la heterodoxa y conocida como Generación del 27 — directamente ligada al grupo de los llamados Maestros o Generación del 98 (Falla, Turina, Esplá, Gómez, Del Campo) — tuvo una presencia muy activa en el panorama musical español hasta más o menos la década de los años cuarenta. De ahí que aspectos como el uso de la tonalidad fueran práctica habitual en España en conformidad con ese espíritu nacionalista que caminaba muchos pasos por detrás del ya desarrollado por otras naciones europeas de mayor tradición musical. Jesús Guridi, al que se suele incluir en la llamada Generación del 98, representó no obstante un puente entre ésta y la Generación de 27, ya más imbuida en el modelo neoclásico de Stravinski.

Jesús Guridi Bidaola nació el 25 de septiembre de 1886 en Vitoria en el seno de una familia de músicos. Ya desde muy joven, Guridi demuestra grandes dotes musicales durante su proceso formativo tanto en Vitoria y Madrid con Valentín Arin como posteriormente en Bilbao con Sáinz Besabe. De esta manera, en 1904 Guridi se trasladó hasta la Schola Cantorum de París para estudiar órgano con Decaux y composición con Sérieyx. Dos años más tarde hizo lo propio en Lieja con Joseph Jongen y en 1908 en Colonia con Otto Neitzel. De esta forma, Guridi había recibido una extraordinaria formación musical cuando regresa a Bilbao y pasa entonces por ser el organista de numerosas iglesias hasta que en 1911 asume la dirección de la Sociedad Coral de Bilbao. En 1915, Guridi estrenó su primera ópera vasca, Mirentxu, con un gran éxito que revalidó cinco años después con Amaya, obra que incluso obtuvo cierta repercusión internacional. En 1927, Guridi fue nombrado profesor de órgano y armonía en el Conservatorio de Bilbao para ejercer posteriormente las mismas materias en el Conservatorio de Madrid a partir de 1944, llegando a ser su director en 1956. Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde 1947, Guridi falleció el 7 de abril de 1961 en Madrid.

Jesús Guridi representa lo más selecto y mejor del nacionalismo vasco, mostrando a un autor de enorme altura técnica y con una extraordinaria capacidad para la inventiva. Sus obras orquestales exhiben un gran talento en el tratamiento instrumental mientras que en su creación escénica muestra una especial habilidad para la construcción melódica y la estructuración de escenas complejas. Guridi fue también un gran organista que nos dejó piezas de auténtica calidad, como el Tríptico del buen pastor, así como autor de dos óperas, siete zarzuelas y obra orquestal y vocal. Sirva desde aquí nuestro humilde homenaje a su figura.