Mediterraneo Serrat

 Ya sea en la celebración de concursos o eventos musicales; ya sea en las recopilaciones discográficas de las mejores canciones y baladas; la inmensa mayoría de profesionales de la música, incluidos críticos, arreglistas, productores, compositores… Coinciden en que Mediterráneo de Joan Manuel Serrat es la mejor canción compuesta en la historia de la música pop española. Pese a sus casi cuarenta años de existencia, Mediterráneo nos sigue pareciendo hoy en día una canción eternamente joven, directa, sensual, poética y, en especial, deliciosamente fresca, a semejanza con las aguas del mar que dan nombre a la misma. En muy pocas ocasiones un nexo físico de unión — que han vertido en ti cien pueblos, de Algeciras a Estambul — de gentes y culturas diversas, como lo es el antiguamente denominado Mare Nostrum, ha protagonizado el núcleo central de una canción que podemos catalogar, sin temor a equivocarnos, como una verdadera obra de arte. Pero Mediterráneo no es tan solo una bella música compuesta e interpretada por uno de los más grandes cantautores españoles, Joan Manuel Serrat, sino que además encierra en su letra un maravilloso poema que bien podría llevar la firma de alguno de los más afamados autores de la lírica española de cualquier época. Este sensacional binomio de letra y música ha hecho posible que Mediterráneo sea una composición que trasciende incluso lo meramente legendario para circunscribirse de lleno en el ámbito de lo sagrado o mítico.

 A pesar de la leyenda que ha rodeado siempre el proceso mediante el cual se gestó esta inolvidable canción, lo realmente cierto es que la misma fue compuesta en algún momento concreto entre agosto y noviembre de 1970. Un año después, el LP Mediterráneo saldría a la luz y se colocaría durante casi un año en la lista de los discos más vendidos, amén de varias semanas en el privilegiado puesto de honor. Los arreglos del disco fueron debidos a Juan Carlos Calderón, Gian Piero Reverberi y al director de orquesta Antoni Ros-Marbá. El disco fue editado por la casa Zafiro-Novola. Nunca se ha podido determinar con precisión el número total de copias del disco vendidas debido a la inexistencia real y auténtica de datos relativos a las mismas con anterioridad a 1980.

 La canción se arma sobre una base rítmica en 3/4 con un breve e insistente motivo ligeramente sincopado. La estructura es de tipo binario, con un tema principal expuesto en tono menor que va modulando a mayor con unos acertados tránsitos armónicos para retomar de nuevo al modo menor y enlazar con la siguiente estrofa mediante la prolongación de la nota dominante por parte del solista. Tras un chispeante arpegio, se procede con el segundo tema, íntimamente ligado en estructura y armonía con el precedente, tras el que aparece el estribillo. La reexposición de todo el componente temático es similar, con la ingeniosa idea de ligar la última nota del solista con el motivo rítmico que sirve de armazón a la canción. La pieza está primorosamente arreglada — magistral el uso dado a los teclados — y presenta un fondo de cuerdas que logra transmitir la sensación inconfundible de la refrescante brisa mediterránea. La canción discurre con tal facilidad que, llegado el final, parece como si nos hubiera resultado más breve y fugaz de lo que en realidad es. Obra maestra del género, ahí os dejo la letra.

Quizás porque mi niñez
sigue jugando en tu playa
y escondido tras las cañas
duerme mi primer amor,
llevo tu luz y tu olor
por dondequiera que vaya,
y amontonado en tu arena
guardo amor, juegos y penas.

Yo… Que en la piel tengo el sabor
amargo del llanto eterno,
que han vertido en ti cien pueblos
de Algeciras a Estambul
para que pintes de azul
sus largas noches de invierno.
A fuerza de desventuras
tu alma es profunda y oscura.

A tus atardeceres rojos
se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino.
Soy cantor, soy embustero,
me gusta el juego y el vino,
tengo alma de marinero.

¿Qué le voy a hacer, si yo
nací en el Mediterráneo?

Y te acercas y te vas
después de besar mi aldea.
Jugando con la marea
te vas pensando en volver,
eres como una mujer
perfumadita de brea
que se añora y que se quiere
que se conoce y se teme.

Ay… Si un día para mi mal
viene a buscarme la parca.
Empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.
Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo…

En la ladera de un monte
más alto que el horizonte
quiero tener buena vista.
Mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista.

Cerca del mar porque yo
nací en el mediterráneo.