Loquillo y los trogloditasLoquillo y los Trogloditas, artista barcelonés

José María Sanz Beltrán — alias Loquillo — es uno de esos cantantes que tienen la virtud de no dejar indiferente a nadie, lo cual viene a significar que sus trabajos son minuciosamente escuchados ya sea para emitir un juicio negativo, o bien, para corroborar su indudable categoría como artista. Desde siempre tocado con ese flequillo de reminiscencias netamente rockeras, Loquillo empero es un cantante que ha sido capaz de hacer guiños a cualquier estilo musical, ya sea el denostado punk o el mucho más lírico de poner su voz a disposición de algunos de los mejores poetas de la lengua castellana. Junto a su mítica banda de Los Trogloditas, el artista barcelonés lleva casi una treintena de años a sus espaldas dedicado a lo que más le gusta, a transmitirnos “algo”, por anecdótico que sea. Ya en el primer álbum que publicaron Loquillo y Los Trogloditas, El ritmo del garaje, sobresalía un puñado de buenos temas, aunque tal vez sea Cadillac solitario — en este enlace, en su versión de concierto; en éste otro, en su versión original — no sólo la canción más elaborada de dicho álbum sino además una de las piezas más emblemáticas de toda la historia de la música pop española.

Loquillo y los Trogloditas Toda su discografía

Cadillac solitario es una declaración de desencanto y soledad a partes iguales, de un melancólico mirar hacia atrás y de una encubierta y deliberada auto marginación a la hora de enfrentar y comparar dos caracteres bien diferenciados. Ahora bien, la letra, obra de Sabino Méndez, no deja de ser un complaciente guiño a esa nostálgica soledad que evidencia el protagonista. Parece como si, en el fondo de esa pesimista amargura, existiera una atractiva luz de afirmación en unos ideales que están por encima de todo, incluso del amor mismo. El protagonista recurre a una compasiva y recurrente comparación de todas las cosas y objetos que siempre le han sido fieles en su devenir, como ese viejo Cadillac de segunda mano. A todo ello, se le suma lo acertado de incluir determinados clichés urbanos que enmarcan todo el discurso sonoro y en los que, en mayor medida, el protagonista se refugia para atemperar su soledad. A nivel musical, la canción discurre con un ritmo muy lento y pausado, con una especie de ostinato armónico que aumenta o decrece según si el solista se reafirma en sus ideales o bien es momentáneamente embargado por la añoranza. Particularmente, creo que esta canción — o lo que representa — la hemos entonado todos los mortales en algún solitario instante de nuestras vidas. Porque… ¿Quién no se ha acordado de alguna infeliz aventura amorosa del pasado encontrándose en un ocasional estado de embriaguez? Ahí os dejo la letra de la canción.

Siempre quise ir a L. A.
dejar un día esta ciudad.
Cruzar el mar en tu compañía.

Pero ya hace tiempo que me has dejado
y probablemente me habrás olvidado.
No sé qué aventuras correré si ti.

Y ahora estoy aquí sentado
en un viejo Cadillac segunda mano
junto al Mervellé, a mis pies mi ciudad.
Y hace un momento que me ha dejado,
aquí, en la ladera del Tibidabo,
la última rubia que vino a probar
el asiento de atrás.

Quizás el Martini me ha hecho recordar
nena: ¿Por qué no volviste a llamar?
Creí que podría olvidarte sin más
y aún a ratos, ya ves.

Y al irse la rubia me he sentido extraño,
me he quedado solo fumando un cigarro,
quizás he pensado… Nostalgia de ti.
Y desde esta curva donde estoy parado
me he sorprendido mirando a tu barrio
y me han atrapado luces de ciudad.

El amanecer me sorprenderá
dormido y borracho en mi Cadillac.
Junto a las palmeras luce solitario.
Y dice la gente que ahora eres formal
y yo aquí borracho en el Cadillac.
Bajo las palmeras luce solitario.
Y no estás tú, nena…

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