Poco antes de comenzar la segunda mitad del siglo XX surgió con repetida insistencia en los EEUU la figura del joven directorprodigio, esto es, una serie de niños que con apenas diez años de edad, o incluso menos, eran capaces de dirigir una orquesta. Obviamente, las aptitudes más o menos auténticas de aquellos niños no dejaban de reflejar por regla general la mecánica de una música mentalmente aprendida dentro de un oficio imposible de dominar sin largos años de estudio. El circo provocado por aquel despropósito que sólo tenía intereses comerciales derivó en frecuentes casos en los que los niños ni siquiera tenían una mínima formación musical y simplemente se limitaban a practicar unos movimientos previamentes aprendidos para gesticular delante de una orquesta. Este dudoso ballet-musical con las manos provocó que muchos de estos chicos, al llegar a la pubertad, sufrieran en sus propias carnes el olvido y abandono dentro de una práctica que ya no era ni exhibible ni comercialmente solvente. De aquellos directores-niños de hace más de medio siglo, ninguno prosiguió en la carrera de la dirección musical en la madurez salvo una excepción llamada Lorin Maazel. Pero además, Lorin Maazel desarrollo su carrera de modo muy distinto a lo que era habitual en Europa en aquellos tiempos; esto es, años de rodaje en distintos coliseos operísticos de segunda fila para pasar a dirigir alguna orquesta de cierta relevancia y de allí dar el salto a América. En el caso de Maazel, todo sucedió al revés: Comenzó como niño-prodigio en América para después ir conquistando de forma paulatina al más ortodoxo público europeo. Maazel es un fenómeno tan excepcional como novedoso, un prototipo de lo que podríamos considerar como un director-estrella.

Lorin Varencove Maazel nació el 6 de marzo de 1930 en Neuilly-sur-Seine, localidad residencial situada al norte de París, en el seno de una familia de norteamericanos asimilados cuya procedencia era rusa por parte del padre y holandesa por parte de la madre. Al poco tiempo de nacer, la familia decidió volver a los EEUU, concretamente a Pittsburgh, y allí el padre descubrió que el pequeño Lorin, con apenas cuatro años de edad, mostraba un talento inusual para la música, poseyendo el llamado oído absoluto amén de una retentiva casi fotográfica. De esta forma, el padre, quien poseía ciertos conocimientos musicales (el bisabuelo de Lorin llegó a ser director de la banda militar del zar ruso), lo inició en la formación musical mediante el estudio del piano y el violín. Los progresos de Maazel resultaron tan extraordinarios que pronto fue reclutado como violinista en una orquesta juvenil de Los Angeles. En 1937, y con sólo siete años de edad, el violinista Vladimir Bakaleinikov decidió impartir al pequeño Maazel una serie de clases sobre dirección orquestal. De nuevo los progresos del niño Maazel fueron tales que un año después debutó como director al frente de una orquesta de estudiantes. Dos años más tarde, en 1939, el niño Maazel dirigió a la Orquesta de Interlochen durante los actos de la Feria Mundial de Nueva York y su actuación llamó la atención de Leopold Stokowski, quien le invitó a compartir un concierto en el Hollywood Bowl al frente de la Orquesta Filarmónica de Los Angeles. La fama del niño-prodigio Maazel comenzó a extenderse y, de esta manera, en 1941 fue invitado nada menos que por Toscanini a dirigir la Orquesta Sinfónica de la NBC. Nada más finalizar una interpretación de la Sinfonía nº40 de Mozart, Toscanini se aproximó al chiquillo y lo besó con emoción. Tras este importantísimo apadrinazgo, Maazel recorrió EEUU y Canadá entre 1941 y 1945 para dirigir a las más prestigiosas orquestas (Cleveland, Filadelfia, Chicago…) antes de cumplir los quince años. Los elogios de la crítica fueron unánimes y destacaron las increíbles aptitudes del chico para la dirección orquestal (durante los cuatro años de gira, Maazel montó hasta sesenta programas diferentes que ya dejaban entrever su prodigiosa memoria musical). Ya en 1945, Maazel debutó como violinista acompañado de la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh con tal éxito que acabó convirtiéndose en uno de sus concertinos… ¡Con sólo quince años cumplidos! La inteligencia de este chico parecía del todo sobrenatural y así, ese mismo año de 1945, Maazel fue admitido en la Universidad de Pittsburgh para estudiar lengua, literatura, filosofía y matemáticas (Maazel es también un reputado matemático en la actualidad).

A partir de 1950, Maazel tuvo la oportunidad de dirigir regularmente a la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh en calidad de invitado hasta que en 1952 obtuvo una beca Fullbright que le posibilitó ampliar su formación musical en Italia. Aquello supuso para Maazel un nuevo comienzo en su trayectoria musical y durante su primer año en Roma se dedicó exclusivamente al estudio hasta que en la Nochebuena de 1952 debutó en Catania al sustituir a última hora a Pierre Dervaux durante un concierto sinfónico. El éxito de la cita fue tal que poco a poco se le fueron abriendo las puertas de las salas de conciertos europeas (en 1956 debutó en Madrid al frente de la Orquesta Nacional de España) al tiempo que en 1958 firmaba su primer contrato discográfico con el sello Deutsche Grammophon. Durante la segunda mitad de la década de los años cincuenta, Maazel amplió su campo de actuación tanto en Europa como en América y Australia, llegando a ser el primer director norteamericano — y el más joven — en dirigir en Bayreuth en 1960, obteniendo un éxito memorable. Centrado cada vez más en la dirección operística durante los primeros años de la década de los sesenta, en 1965 Maazel asumió los cargos directivos de la Ópera Alemana de Berlín Oeste y de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín, con lo que a sus 35 años se convertía en la figura musical más reputada de Berlín junto con Herbert von Karajan. El compromiso de Maazel con la Ópera de Berlín duró hasta 1971 y se caracterizó por impulsar una serie de criterios interpretativos del todo exigentes que provocaron ciertos problemas de origen burocrático. Por su parte, con la Orquesta de la Radio permaneció hasta 1975 y alternando dicha labor durante dos años, de 1970 a 1972, como director asociado de la London Philharmonia junto a Otto Klemperer. Hallándose todavía en Londres, Maazel fue requerido por la directiva de la Orquesta de Cleveland para sustituir al frente de la misma al mítico Georg Szell. Pese a que más del noventa por ciento de los componentes de la plantilla orquestal manifestaron su abierto rechazo a la candidatura de Maazel, lo cierto fue que el director norteamericano acabó ganándose a la orquesta merced a un magnífico concierto de prueba. La labor de Maazel en Cleveland se prolongó hasta 1982 y se caracterizó por su intensidad, recuperando en su totalidad al público de abono que había abandonado la orquesta tras la renuncia de Szell. Maazel amplió el repertorio de la orquesta y dirigió la contratación de nuevos instrumentistas, siendo finalmente nombrado director emérito de la misma.

Tras este período sinfónico en el que también aceptó la titularidad de la Orquesta Nacional de Francia entre 1977 y 1991, Maazel quiso de nuevo dedicarse a la dirección operística y, tras haber obtenido un enorme éxito en el Covent Garden en 1978, un año después fue anunciado como director artístico de la Ópera Estatal de Viena a partir de 1982. Aquellos dos años en Viena resultaron un verdadero fracaso por el escaso talante diplomático de un Maazel empeñado en cambiar ciertas estructuras de la institución vienesa. Con toda la prensa vienesa en su contra, Maazel fue víctima de las tradicionales intrigas vienesas que también hubieron de padecer ilustres predecesores como Mahler, el doctor Böhm e incluso Karajan. La situación alcanzó un punto de máxima tensión cuando en 1983 llegó a ser acusado por la Fiscalía de Viena en un turbio asunto de compra-venta de obras de arte que por poco provoca su detención. Maazel abandonó la dirección de la Ópera de Viena en 1984 tras conocer que la institución se había comprometido con Claudio Abbado. Sin embargo, la relación de Maazel con la Orquesta Filarmónica de Viena — formación titular del coliseo vienés — no pareció verse muy afectada por esta polémica y en consecuencia Maazel siguió dirigiendo los tradicionales Conciertos de Año Nuevo hasta 1986 (y más tarde, en una segunda etapa, durante cuatro ocasiones durante los años noventa y en 2005, su última actuación). Desde entonces, y en una especie de trueque, el ámbito operístico de Maazel se centró en La Scala de Milán (institución a la que Claudio Abbado renunció en 1986).

Tras su conflictiva etapa en Viena, Maazel aceptó el cargo de asesor musical de la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh para posteriormente, entre 1988 y 1996, convertirse en su director musical. De forma paralela, entre 1993 y 2002 fue el director titular de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera tras un período de grandes altibajos artísticos bajo la dirección de su predecesor, Sir Colin Davis. En 1989, la estrecha colaboración que desde hacía mucho tiempo mantenía Maazel con la Orquesta Filarmónica de Berlín terminó de una manera del todo abrupta. Tras la muerte de Karajan, Maazel estaba convencido de que sería nombrado su sucesor en Berlín. Sin embargo, y por votación, la orquesta se decantó por Claudio Abbado para este privilegiado puesto. Desde entonces, Maazel rompió toda vinculación con dicha orquesta y jamás volvió a dirigirla (y de nuevo Claudio Abbado se cruzó en su camino…). A partir del año 2000, Maazel empezó a colaborar regularmente con la Orquesta Filarmónica de Nueva York hasta el punto de que en 2002 fue nombrado director titular de la misma, sucediendo a Kurt Masur, hasta 2009. Con la formación neoyorquina, Maazel llegó a actuar incluso en la capital norcoreana, Pyongyang, en un concierto histórico que pretendió hermanar musicalmente a ambos países, tan radicalmente alejados a nivel político. A partir de 2006, Maazel también fue nombrado, junto con Zubin Mehta, director del Palau de les Arts Reina Sofía en Valencia y consiguientemente director de la Orquesta de la Comunidad Valenciana. Maazel dirigió su última función como titular en Valencia el 6 de marzo de 2011 (fecha de su 81 cumpleaños) con una representación de su propia obra 1984. Ese mismo año de 2011, Maazel hizo público su nuevo compromiso como director titular de la Orquesta Filarmónica de Munich a partir de la temporada 2012-2013 y por un período inicial de tres años. Sus 82 años de edad no parecen ser un motivo de freno a su incesante y dilatada trayectoria artística.

Lorin Maazel es en la actualidad uno de los directores-espectáculo más fascinantes, con una brillantez de estilo que ni siquiera hace el intento de quedarse humildemente detrás de las obras. Maazel es un virtuoso intérprete musical que juega soberanamente con todos los gestos y mímicas a su alcance, dentro de una portentosa técnica de batuta que sabe manejar con destreza y suma habilidad. La vivacidad e impulsividad de sus indicaciones no tiene nada de incontrolado, aunque en ocasiones suscite una fría perfección que dosifica en demasía los efectos. De todas maneras, Maazel es tan inteligente como para prever los peligros de una forma de interpretación superficial. La claridad rítmica, la transparencia de la imagen tonal y la configuración de unos perfiles ásperos conforman su técnica de dirección, aunque para Maazel el brío efectista se encuentra situado en lo más alto de su escala de valores. En su opinión, las formas de un director sobre el podio han de resultar al menos tan interesantes como el propio sonido. Por esta misma razón, las grabaciones discográficas de Maazel ofrecen la general impresión de una música en exceso domesticada en donde el factor visual pierde todo su sentido. Poseedor de una increíble capacidad memorística, Maazel nunca se sirve de la partitura (a veces ni en los ensayos) y encarna el legítimo concepto de director universalista.

Al esbozar la fisonomía artística de Maazel, no se puede dejar pasar por alto su carácter americano como director. Maazel encarna el prototipo de estrella musical cuya mentalidad artística está marcada por las premisas del ámbito musical fundamentado sobre brillantes personalidades. A nivel operístico, Maazel representó siempre el ideal norteamericano de práctica de representación dominada claramente por las calidades musicales y no mostrándose abierto a los conceptos de la moderna teatralidad musical. Pero, evidentemente, Maazel es demasiado vivo, inteligente e interesante para entregarse por completo al papel de estrella. Así, en aquellos lugares en donde ha permanecido por un largo período de tiempo, como en Cleveland, Maazel siempre ha colocado la música contemporánea en primera línea. Su amplio abanico de repertorio suele centrarse preferentemente en las piezas más populares y efectistas de los compositores más conocidos. Su producción discográfica presenta numerosos altibajos, por los motivos expuestos anteriormente, aunque algunas de sus muchas integrales sinfónicas son consideradas como de referencia (Chaikovski y muy especialmente Sibelius). Habitual de los tradicionales Conciertos de Año Nuevo en Viena, Maazel ha dirigido hasta el momento las ediciones de 1980, 1981, 1982, 1983, 1984, 1985, 1986, 1994, 1996, 1999 y 2005, destacando por su solvente labor y sirviendo para elevar los niveles de su popularidad hasta extremos difícilmente comparables.

Creo recordar que fue allá por 1986 cuando Maazel ofreció un brillantísimo concierto en el Teatro Real de Madrid al frente de la Orquesta Nacional de Francia, culminado por una estupenda lectura de la Suite nº2 de Dafnis y Cloe de Ravel y con una espectacular propina basada en la Farándula de La Arlesiana de Bizet. Con el teatro rendido a sus pies, nuestro grupo bajó a los camerinos para tratar de obtener alguna declaración del maestro, amén de su autógrafo y dedicatoria. Tras un cuarto de hora de espera, un reluciente Maazel vestido con un impecable traje de tonos blancos nos atendió con una exquisita cordialidad y amabilidad. Maazel tuvo además la virtud de guiñar el ojo y tender su mano a todos los solicitantes de su autógrafo, gestos que acompañaba de una luminosa sonrisa rebosante de seguridad en sí mismo. Dos años más tarde, fui testigo de uno de los éxitos más clamorosos vividos nunca por mí en un escenario musical, concretamente en el Auditorio Nacional de Madrid, tras un memorable concierto ofrecido por Maazel al frente de la Filarmónica de Berlín (Sinfonía nº 39 de Mozart y Sinfonía nº7 de Bruckner). Las ovaciones se prolongaron hasta el punto de que Maazel se vio obligado a saludar una vez que la orquesta ya se había retirado del escenario. Ya en camerinos, Maazel me guiñó el ojo nuevamente al encontrarse frente a mi presencia y me dijo en un perfecto castellano: –“Compruebo con satisfacción que nunca te pierdes un concierto de los míos… “–  Me quedé lívido. La memoria visual de ese hombre, al que sólo había visto en mi vida un par de años atrás, superaba los niveles de la más estricta racionalidad. Fue una de las últimas actuaciones de Maazel al frente de la Filarmónica de Berlín antes de la abrupta ruptura sucedida en 1989. Maazel me pareció un tipo encantador, sobrado de recursos, poseedor de una absoluta seguridad personal y de una sonrisa propia de un tahúr. Pero de un tahúr completamente genial.

De entre la producción discográfica debida a Lorin Maazel podemos mencionar las siguientes grabaciones (advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): Concierto para orquesta de Bartok dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara (vídeo de referencia desconocida); Sinfonías nº5, 7 y 9 de Beethoven dirigiendo la Filarmónica de Berlín y la Orquesta de Cleveland (DG 4592342 y SONY 94745); Obertura Egmont de Beethoven dirigiendo la Orquesta de Cleveland (SONY 94745); Concierto para violín de Beethoven, junto a Hillary Hahn y dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara (vídeo de referencia desconocida); Carmen de Bizet, junto a Domingo, Raimondi, Migenes y Bogart, y dirigiendo la Orquesta Nacional de Francia (WARNER 4682961); Sinfonía nº3 de Brahms dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara (OCTAVE 23326); la integral sinfónica de Bruckner dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara (BR KLASSIK 900711 — integral sinfónica en 11 CD´s); la integral sinfónica de Chaikovski dirigiendo la Filarmónica de Viena (DECCA 430787 — integral sinfónica); los 3 Conciertos para piano de Chaikovski, junto a Emil Gilels y dirigiendo la New Philharmonia (EMI 68637); Concierto para violín de Chaikovski, junto a Gidon Kremer y dirigiendo la Filarmónica de Berlín (DG 459043); Concierto para violoncelo de Dvorak, junto a Yo-Yo Ma y dirigiendo la Filarmónica de Berlín (CBS 42206); Concierto para violoncelo de Lalo, junto a Yo-Yo Ma y dirigiendo la Orquesta Nacional de Francia (CBS 35848); la integral sinfónica de Mahler dirigiendo la Filarmónica de Viena (SONY 87874 — integral sinfónica en 14 CD´s); Don Giovanni de Mozart, junto a Berganza, Macurdy, Raimondi y Te Kanawa, y dirigiendo la Orquesta de París (SONY 7527262); Las bodas de Fígaro de Mozart, junto a Kesteren, Evans, Lear y Fischer-Dieskau, y dirigiendo la Filarmónica de Viena (VIDEO ARTISTS 4519); Concierto para piano nº21 de Mozart, junto a Murray Perahia y dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara (referencia desconocida); Una noche en el monte pelado de Mussorgski dirigiendo la Orquesta de Cleveland (TELARC 80042); Gaîté Parisienne de Offenbach dirigiendo la Orquesta Nacional de Francia (SONY 47278); Sinfonía nº5 de Prokofiev dirigiendo la Orquesta de Cleveland (referencia desconocida); Suite del teniente Kije de Prokofiev dirigiendo la Orquesta Nacional de Francia (CBS 46502); Madama Butterfly de Puccini, junto a Domingo, Scotto, Wixell y Knight, y dirigiendo la Philharmonia Orchestra (CBS 35181); Tosca de Puccini, junto a Nilsson, Fischer-Dieskau, Corelli y De Palma, y dirigiendo la Orquesta de Santa Cecilia de Roma (DECCA 460753); Turandot de Puccini, junto a Carreras, Ricciarelli y Marton, y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Viena (TDK CLOPTUR); El niño y los sortilegios de Ravel dirigiendo la Orquesta Nacional de Francia (DG 449769); Fiestas Romanas de Respighi dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh (SONY 66843); Sheherezade de Rimski-Korsakov dirigiendo la Filarmónica de Berlín (DG 445558); Concierto para violoncelo nº1 de Saint-Saëns, junto a Yo-Yo Ma y dirigiendo la Orquesta Nacional de Francia (CBS 35848); Prometheus de Scriabin, junto a Vladimir Ashkenazy y dirigiendo la Filarmónica de Londres (DECCA 417252); Concierto para piano de Scriabin, junto a Vladimir Ashkenazy y dirigiendo la Filarmónica de Londres (DECCA 417252); la integral sinfónica de Sibelius dirigiendo la Filarmónica de Viena (DECCA 430778 — integral sinfónica); selección de polkas y valses de Johann Strauss dirigiendo la Filarmónica de Viena (DG 459730); selección de obras orquestales de Richard Strauss dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara (RCA 63265); Aida de Verdi, junto a Pavarotti, Ghiaurov, Burchuladze y Chiara, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (ARTHAUS MUSIK 100059); Falstaff de Verdi, junto a Berry, Lorengar, Wise y Ludwig, y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Viena (ORFEO 783092); La traviata de Verdi, junto a Lorengal, Aragall, Poli y Losa y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Berlín (DECCA 443000); Luisa Miller de Verdi, junto a Domingo, Obraztsova, Ricciarelli y Bruson, y dirigiendo la Orquesta del Covent Garden (DG 459481); Otello de Verdi, junto a Ricciarelli, Domingo, Díaz y Zaharia, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (EMI 47450); Requiem de Verdi, junto a Pavarotti, Sweet, Plishka y Zajic, y dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Moscú (DOMOVIDEO 517); y, finalmente, selección de fragmentos operísticos de Wagner dirigiendo la Philharmonia Orchestra (CBS 36699). Nuestro humilde homenaje a este talentoso director de orquesta.