En la mayoría de ocasiones, cuando el público acude a una sala sinfónica para asistir a un concierto, el foco de atención primaria y el centro de casi todas las miradas recae en el director de orquesta, una de las partes de esa tríada imprescindible y necesaria que se requiere para la ejecución de obras musicales escritas para conjuntos orquestales: DIRECTOR-ORQUESTA-PÚBLICO. A esta tríada podría sumársele, de manera condicional, la del CONCERTISTA si en el programa de la sesión figura alguna obra de estas características, y la del CORO, atendiendo a similares circunstancias. La orquesta es un “todo” compacto y homogéneo, una palabra que engloba genéricamente tanto a personas como instrumentos. De estos últimos hablamos meses atrás; ahora, vamos a tratar de las personas que hacen que esos instrumentos adquieran vida propia.

 Por regla general, cuando un joven se inicia en el estudio de algún instrumento tiene la secreta y última intención de convertirse en un virtuoso del mismo y en un afamado concertista. Sin embargo, muy pocos tendrán la capacidad y la ocasión de perfeccionarse hasta el extremo de llegar a descollar como virtuosos. En cambio, muchos de ellos, al graduarse en los estudios del instrumento elegido, sí que tienen la mínima formación técnica necesaria para acometer las pruebas de admisión que periódicamente convocan las orquestas para ampliar o renovar efectivos. La mentalidad de los estudiantes puede ser muy distinta según sea el instrumento elegido. Así, un violinista tendrá muy claro que su último objetivo sería convertirse en un virtuoso solista; por contra, un estudiante de percusión — salvo rarísimas excepciones — sabe desde un principio que su práctica le llevará a ejercer dentro de un conjunto sinfónico y no en solitario o con un papel destacado. De un tiempo a esta parte, se ha creado una conciencia colectiva de este problema y hoy en día no es raro encontrar con frecuencia a estudiantes que ingresan en el conservatorio con la mentalidad puesta en llegar a ser músico de conjunto. Esta nueva concienciación de servicio a la música ha dado lugar a una renovada generación de instrumentistas muy capaces, diametralmente distintos a los músicos mayormente rutinarios que abundaban en las orquestas hace 40 ó 50 años. Además, el orgullo de formar parte de un conjunto valioso, a cuyos buenos resultados se contribuye como suma de esfuerzos individuales, está progresivamente entrando en las conciencias de los instrumentistas. Y no sólo eso: Ser profesor de un instrumento en una orquesta de reconocido prestigio puede ser el necesario resorte previo para desarrollar una posterior carrera como brillante solista individual. La lista de afamados concertistas actuales — generalmente de instrumentos de viento — que precisamente iniciaron su andadura profesional como solistas en la Filarmónica de Berlín o en la Sinfónica de Londres es realmente amplia.

 Las orquestas convocan plazas, bien en el momento de su creación, bien para cubrir las vacantes que se producen por jubilaciones u otros motivos diversos. Por otra parte, los músicos tienen las mismas inquietudes profesionales que cualquier otra persona y no es raro que cambien de orquesta atendiendo a motivaciones tanto artísticas como económicas. En alguna ocasión, formaciones orquestales de tradición se han visto literalmente “asaltadas” por la creación de una nueva formación vecina que ofrece mejores y más ventajosas condiciones laborales, como ineludible gancho para atraerse a gente experimentada en el difícil y trascendental proceso de constitución. Un ejemplo de ello fue el trasvase de profesores procedentes de la Orquesta Nacional de España hacia la nueva Orquesta Sinfónica de RTVE creada en 1965, agrupación con el paso de los años ha probado de su “misma medicina” al ver como algunos de sus componentes se “fugaban” hacia algunas de las muchas formaciones creadas en estos últimos años en las distintas comunidades autónomas de España. Algunas orquestas de renombre y tradición tienen su propia fórmula para abastecerse de nuevos músicos. Así, los miembros de la Orquesta Filarmónica de Viena son reclutados de la Orquesta de la Ópera Estatal de Viena (No deja de ser la misma Orquesta Filarmónica de Viena) y han de pasar un mínimo de tres años tocando para la Ópera y el Ballet para solicitar su admisión en la Filarmónica de Viena. Pero una vez allí, no pueden salirse de los característicos y tradicionales estilos de ejecución de la formación vienesa. La sección de cuerdas, posiblemente la mejor y más dúctil del mundo, está ligada a la escuela vienesa que conserva y mantiene las enseñanzas de Joseph Böhm y Georg Hellmesberger, profesores del Conservatorio de Viena en el primer cuarto del siglo XIX. Por otra parte, muchos instrumentos de la familia de los vientos presentan unos sistemas especiales de digitación y de válvulas que confieren a la orquesta ese sonido tan peculiar y característico que resulta prácticamente inigualable.

 Pero lo más habitual para el proceso de reclutamiento de instrumentistas en una orquesta es el concurso-oposición. Se convocan las plazas de cada instrumento en número preciso y los concursantes realizan un examen ante un tribunal constituido al efecto generalmente presidido por el director titular de la formación. Los aspirantes deben responder al nivel que la orquesta exige y el estado de ánimo del candidato puede ser, y de hecho es, fundamental a la hora de pasar las distintas pruebas. No pocos candidatos, generalmente estudiantes que han finalizado sus estudios con las máximas calificaciones, se “derrumban” en las pruebas y dejan al descubierto unas carencias psicológicas que resultan del todo imprescindibles para enfrentarse a un pasaje complicado frente a un auditorio repleto. Pero, al menos, se gana en experiencia para una nueva convocatoria de esa u otras orquestas. Nadie se debe venir abajo por suspender unas pruebas de admisión que, en absoluto, son fáciles. Veamos, a continuación, como es el proceso selectivo de una conocida agrupación sinfónica con sede en Madrid en la categoría de violín.

 Lo primero que el aspirante ha de acreditar es la TITULACIÓN OFICIAL SUPERIOR DE MÚSICA en la especialidad concreta, en este caso de violín. El aspirante ha de presentar en el período de plazo estipulado dicha documentación y además debe reunir los siguientes requisitos:

– Cumplir con la normativa vigente respecto a las exigencias para poder trabajar en España
– Tener la mayoría de edad laboral acorde con los requisitos del Estatuto de los Trabajadores y, obviamente, no haber alcanzado la edad legal de jubilación
– No padecer enfermedad ni estar afectado por limitación física o psíquica que impida el desempeño de las funciones

 Las inscripciones se pueden cumplimentar por formulario on line o formulario impreso. Aparte, se debe enviar una fotocopia con la titulación exigida que, en caso de proceder de conservatorios de música extranjeros, ha de venir obligatoriamente acompañada de la Credencial de Homologación (No la solicitud, sino la propia Credencial) del Ministerio de Educación de España. A esta documentación se le debe añadir un Curriculum Vitae con las certificaciones necesarias que acrediten los conocimientos y experiencias expresados en el mismo, mediante fotocopias compulsadas o presentando los originales cuando sean requeridos. Todo ello se enviará mediante correo certificado y dentro del plazo establecido en la convocatoria. La entidad convocante publicará en la fecha establecida la Relación Provisional de Admitidos y Excluidos para las pruebas, contra la que se podrá presentar alegación según formulario, y unos días más tarde la Relación Final de Admitidos y Excluidos contra la que ya no será posible alegar. En esta misma relación se hace pública la composición del Tribunal, cuyas competencias son: Administrar las pruebas establecidas, valorar las actuaciones y ejercicios, levantar acta de las sesiones y proponer la relación de personas para la adjudicación de plazas.

 Durante las pruebas de selección, el aspirante deberá aportar cuatro o cinco juegos de partituras para el seguimiento, por parte del Tribunal, de la obra elegida, y que le serán devueltas finalizada su intervención. También se recomienda traer un propio pianista de acompañamiento, aunque la entidad convocante puede facilitar uno si ello no resulta posible. El Tribunal se reserva el derecho a dar por concluida la intervención del aspirante en cualquier momento de la intervención o, bien, de pedir la repetición de cualquier fragmento. Todos los participantes deberán acudir a las pruebas provistos de la documentación necesaria para su identificación (Originales y con fecha en vigor) y habrán de superar, una vez seleccionados, las pruebas médicas y psicológicas que se determinen para poder ser finalmente propuestos. Los candidatos propuestos por el Tribunal deberán superar también un período de prueba de tres meses tras el cual, se les comunicará su fecha de incorporación al puesto de trabajo con un plazo máximo de quince días. Los candidatos que, habiendo superado la puntuación que en su momento establezca el Tribunal como nota de corte para cada una de las especialidades y que no hayan obtenido plaza fija (Se entiende que por haber otros candidatos con mejor nota) pasan a formar parte del Banco de Datos de Selección y Contratación de la entidad convocante.

 En cuanto a las pruebas, nuestro hipotético candidato a ocupar una plaza de violín en la orquesta deberá ejecutar lo siguiente:

PRIMERA PRUEBA: OBRA DE LIBRE ELECCIÓN: Primer movimiento con cadencia de un Concierto de Mozart a elegir entre los números 3, 4 ó 5
SEGUNDA PRUEBA: OBRA DE LIBRE ELECCIÓN: Primer movimiento de un gran concierto romántico a elegir entre los de Beethoven, Brahms, Sibelius o Chaikovski
TERCERA PRUEBA: REPERTORIO ORQUESTAL Y LECTURA A PRIMERA VISTA: Fragmentos escogidos de: Sinfonía 9 de Beethoven (Tercer movimiento); Sinfonía 1 de Brahms (Primer movimiento); Sinfonía 4 de Brahms (Cuarto movimiento); Sinfonía 4 de Mendelssohn (Primer movimiento); Sinfonía 39 de Mozart (Cuarto movimiento); Muerte de Tibaldo de Romeo y Julieta de Prokofiev (Desde el Presto hasta el compás 36); Sinfonía 2 de Schumann (Segundo movimiento); Sinfonía 5 de Shostakovich (Primer movimiento) y Don Juan de Richard Strauss.

 Si nuestro candidato es admitido, supera todas las pruebas del examen, supera las pruebas médicas y supera los tres meses de período de prueba, consiguiendo además superar ampliamente el corte de nota establecido en su especialidad, será Profesor de Orquesta de la entidad convocante y tendrá un salario medio mensual redondeado de 1574 euros multiplicado por quince pagas anuales más una de productividad según convenio. Una vez dentro de la orquesta, nuestro candidato, pasado un tiempo por determinar, podrá optar por elevar su categoría hasta la de Ayudante de Solista, Solista, Ayuda de Concertino e incluso Concertino (Aunque ésta es una figura que se suele contratar ex profeso). Todas estas categorías conllevan una significativa subida de salario.