URUGUAY – HOLANDA (2-3): No pareció un partido de semifinales de un Mundial, la verdad sea dicha, por el flojo nivel que demostraron ambos combinados en el primer cuarto de hora de juego. Holanda se veía presionada en su línea de apertura del balón y no le quedaba otro recurso que el pelotazo buscando las espaldas de sus delanteros. Por contra, Uruguay presionaba, sí, pero se echaba de menos mayor profundidad en un equipo que acusaba ciertas bajas en su once titular. Aun así, los celestes movían mejor el balón en un partido que estaba desviándose hacia los peligrosos abismos del tostonazo puro y duro. El gol sólo podía llegar mediante jugada aislada y así ocurrió. Van Bronckhorst, a quien en España apodamos como Gio — mucho más informal y menos complicado — durante su etapa de jugador del Barça, lanzó un pepino de esos que sólo salen una vez de cada cien y resulta que precisamente ahora tocaba bingo. Golazo por toda la escuadra ante el que el cancerbero Muslera sólo pudo estirarse para posar cumplimentadamente de cara a los fotógrafos. Holanda entonces se creyó que ya era finalista y comenzó a especular de manera tan bochornosa como futbolísticamente licenciosa. Los uruguayos estiraron sus líneas en busca del socorrido empate y se vinieron arriba ordenadamente y sin descuidar la retaguardia. Cuando más estaba Holanda aburriendo al personal surgió la figura de un majestuoso Diego Forlán. Sabiendo que la única forma de marcar gol era a base de lanzamientos de mortero, el jugador atlético soltó un zurdazo que también fue galardonado con el premio de bingo al decidir el portero Sketelenburg realizar su aportación al Festival de Cantadas de Porteros de este Mundial que ya agoniza. El balón venía centrado pero Sketelenburg decidió empujarlo el mismo hacia el interior de sus mallas en una inestimable muestra de cortesía futbolística. Gol psicológico marcado a escasos cinco minutos del final de la primera parte que auguraba, al menos, una segunda mucho más animada. Holanda salió dispuesta a llevarse el partido apelando a la conexión Robben-Sneijder (Dos magníficos jugadores que fueron descartados por el Real Madrid y que no se descarta que vuelvan por un precio doblemente superior de como fueron vendidos y ofertando a Kaká como regalo) y buscó el gol con aceleración y brusquedad. En muy poco se parece esta Holanda a la de Cruyff, Resenbrink, Krol… Uruguay se defendía pero se veía ligeramente superada por la mayor rapidez de la línea ofensiva holandesa. Y en estas llegó el gol, en claro off-side por tratar de intervenir Van Persie en la jugada, tras un tiro algo churro de Sneijder. El partido se rompió y Uruguay dejó tales huecos en la defensa que tres minutos después Robben cabeceó magistralmente a la red un centro medido de Kuyt (Que al parecer se pronuncia Kait). El partido falleció en ese momento y el profesor Tabárez certificó el acta de defunción uruguaya sustituyendo a Forlán. Holanda dispuso ocasiones de todos los colores y formas pero Robben no quiso hacer sangre. Y en estas, Pereira aprovecha que los defensas holandeses estaban descorchando sobre el terreno de juego las botellas de champagne y larga un chutazo que se aloja en las redes holandesas. Y al igual que Cristo al tercer día, el partido resucitó durante al menos dos minutos que pusieron la angustia en los aficionados holandeses y la esperanza en una Uruguay acostumbrada a estos retos (Todavía se recordaba la gesta contra Ghana). No pudo ser y Uruguay que habrá de disputar el premio de consolación en un Mundial cuya participación sólo puede ser considerada como de excelente. Nadie apostó por ellos y por poco se plantan en la final. Magistral trabajo del profesor Tabárez y extraordinario rendimiento de Forlán, uno de los mejores jugadores del Mundial. Tampoco nadie apostó por Holanda y resulta que disputará la tercera final mundialista de su historia cuando nadie lo esperaba (Dice el refranero popular que a la tercera va la definitiva). Sin realizar un fútbol brillante aunque sí muy práctico, Holanda no ya sólo ganó sus ochos partidos de clasificación para el Mundial, sino que ha vencido en los seis disputados en esta fase final. Tendría su gracia que fueran a perder el definitivo y más importante. Se las tendrá que ver con… España.

ALEMANIA – ESPAÑA (0-1): El concepto de guerra psicológica nació en la ya lejana confrontación que sostuvieron federales y confederados a mediados del siglo XIX. En lo meramente futbolístico, la guerra psicológica es algo consustancial a la propia historia de este deporte. Pulpos aparte, Alemania veía pintiparada la ocasión para vengarse de la última final de la EURO-2008, en donde salió derrotada por una España que terminó siendo la auténtica sensación del torneo. Y ahí comenzaron las declaraciones y los telegramas bismarckianos que auguraban una epopeya jamás vista en los estadios de fútbol. Alemania venía de torear a una muy devaluada Argentina y afilaba el estoque de cruceta para apuntillar al viejo toro español. Pero resulta que de toros sabemos mucho en nuestra querida España, tanto que la forma geográfica de nuestra península ibérica se asemeja a la piel extendida de un toro. Alemania salió a jugar al fútbol pero no contó con que España también quería jugar. Además, los teutones descubrieron la última novedad salida de la fábrica española, un chico tan bueno que aunque se llama don Pedro todos le conocen por su diminutivo de Pedrito. Y Pedrito se convirtió en el toricantano de aquella corrida de toros en donde los distintos morlacos en forma de ocasiones de gol no daban méritos para cortar la oreja aunque sí para provocar las ovaciones del respetable. Como siempre, Alemania se encontró con un muro llamado Casillas que parecía evocar los ya superados tiempos de aquel otro muro que dividía a Europa precisamente por territorio germano y España con su manifiesta incapacidad para convertir en gol todo el desarrollo creativo de su fútbol. La primera parte finalizó en tablas aunque los mejores lances fueron los ejecutados por la cuadrilla española. Y en estas salió el quinto toro de la tarde y España se quitó los complejos y empezó a desarrollar un fútbol de gran altura acorde con las embestidas de un rival que se dejaba guiar por la muleta sin provocar feos enganchones. A la salida de un saque de esquina, sonaron clarines y timbales — más bien vuvuzelas — que anunciaban la suerte suprema y por allí apareció desde los cielos el estoque del viejo maestro Puyol que se clavó en el fondo de las agujas de un cornúpeta alemán herido de muerte. Los pañuelos comenzaron a poblar las gradas del coliseo Moses Mabhida de Durban pero la fiera germana, haciendo un derroche de casta y bravura, se resistía a hincar las rodillas en el suelo. Llegó el turno de la rueda de peones y Pedrito, en un exceso de confianza, marró el primer toque de cruceta al recrearse tanto en la acción de igual manera en que lo hacía el maestro vallisoletano Roberto Domínguez en Las Ventas allá por los años ochenta. El partido — la corrida — ya no dio para más y los diestros españoles se encargaron de controlar los últimos estertores de la bestia germana. Faena premiada con dos orejas y salida por la puerta grande en dirección al Soccer City de Johannesburgo, en donde Holanda espera el domingo como último paso para conquistar un torneo que sólo veíamos alzar a los de siempre, Alemania incluida. Los teutones de despidieron del torneo el sábado ganando el partido más indeseado del Mundial a Uruguay por tres tantos a dos y revalidan su tercera plaza del último Mundial. Con todo, esta nueva Alemania promete y será un equipo muy a tener en cuenta en próximas ediciones. Sólo un pero: Podolski y Klose necesitan un relevo generacional que al menos mantenga la misma efectividad de éstos. Por mi parte, he cumplido un sueño futbolístico. Para mí, La Roja ya ha cumplido pase lo que pase el domingo. Estoy muy emocionado. La vida, ciertamente, puede ser maravillosa. En tu recuerdo, Andrés.