VERSIONES DE CONCIERTO ó DVD

karajan

Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín: Empezaré diciendo que esta apasionante versión de Karajan me ofrece muchas dudas. Vamos a ver si me sé explicar: No tengo nada en contra de la ardiente dirección del maestro salzburgués, quien construye la obra con un arrebato indiscutible; sin embargo, la versión me parece algo precipitada, un tanto insolente y muy plana desde un punto de vista del discurso. No aprecio un indispensable y necesario contraste entre los dos temas principales. Además, el segundo tema aparece con una elevada dinámica sonora (Un piano no es un forte) y su desarrollo, para nada escalonado, liga de manera un tanto aséptica con la reexposición, previa a la obligada repetición de todo el primer bloque. De igual modo, se echa un poco en falta una mayor claridad en el desarrollo, ejecutado con poco detallismo, sin paladear la enorme sustancia que encierra la partitura. La orquesta es un cañón, obviamente, pero el venerado y añorado Karajan se ha montado en su Ferrari Testarrosa particular y ha dicho: –“¡Síganme!”–  Además, resulta evidente que los efectivos orquestales están por encima de lo que requiere la partitura. Me parece una versión apta para regalar en Navidad y esas cosas… Pero cuyo contenido musical deja mucho que desear. Lo siento, no puedo conceder el aprobado a la versión de Dios. Perdón, quise decir de Karajan.

barenboim

Daniel Barenboim con la Orquesta Filarmónica de Berlín: Con un tempo un poco más lento, ya desde los primeros compases se advierte que Barenboim trata de comunicar música. La primera exposición del segundo tema, tras la llamada de las trompas, está mucho más matizada que en la anterior versión, dentro de la línea de interpretación romántica que Barenboim elige para desarrollar el discurso. El desarrollo central resulta exquisito, dentro, no olvidemos, de esa línea de interpretación romántica ya referida. Las distintas atmósferas de la partitura resultan especialmente bien traducidas por el maestro argentino-israelí, particularmente el breve tránsito que precede a la intervención ad libitum del óboe solista. La orquesta es un escándalo — aunque los fagots canturrean en algún momento — y la coda está admirablemente bien resuelta, con detalles de gran musicalidad. Notable alto para Barenboim.

Böhm

Karl Böhm con la Orquesta Filarmónica de Viena: Bueno, vamos con el Kapellmeister de todos los Kapellmeisters de la interpretación que haya nunca habido en el mundo, esto es, con un artesano de la dirección, para lo bueno y, desgraciadamente, también para lo malo. El doctor Böhm, heredero de la tradición germánica, nos ofrece una versión de calle, de taller, de ejecución precisa y ya está. Böhm puede resultar especialmente aburrido para una concepción moderna de la dirección, con esas indescriptibles muecas y esos “saltitos” tan peculiares, pero su ejecución es fidedigna a sí mismo y a sus ideales de dirección orquestal. Para Böhm, lo importante no es el director sino la música. Y él tiene sus maneras clásicas, que podrán gustar o no, pero que son indudablemente sinceras con su concepto. La orquesta, la mítica Wiener Philharmoniker, es una bendición divina, aunque esté un tanto desaprovechada en esta versión tan literalista y plana, tan poco emocionante. Aún así, las transiciones están muy bien resueltas y el desarrollo obedece a los estrictos y respetables criterios de Böhm, un director que, por lo que me comentó un profesor, tras esa apariencia de “abuelete” escondía un mal y terrible genio germánico en los ensayos. Versión de aprobado.

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Arturo Toscanini con la Orquesta Sinfónica de la NBC: Histórica versión de uno de los más grandes de todos los tiempos. Para empezar, Toscanini elige un tempo rápido que está en conexión con su percepción absolutamente clásica de la interpretación beethoveniana, más próxima a Mozart que al incipiente romanticismo del propio Beethoven. Para los amantes de Toscanini, esta versión es un reflejo de su perfeccionismo (Aunque se salte la obligada repetición de la partitura), con una dinámica sonora estable que no entiende de matices. Para Celibidache, este director fue el más aburrido de toda la historia… En fin, gustos para todo. Particularmente, la versión me parece sensata y equilibrada, aunque con las lógicas deficiencias de una lectura excesivamente “veraz”. Empero, Toscanini da todo un curso de dirección al desarrollar los compases que preceden a la coda, con unos casi imperceptibles cambios de tempi sensacionales. Se quiera ver o no, Toscanini es un mito. Y esta versión es de notable más que alto. (Observad la mano izquierda del maestro, todo un compendio de personalidad y autoridad). La orquesta responde sensacionalmente, pese a alguna inconexión en los acordes finales.

chung

Myung-Whun Chung con la Orquesta Filarmónica de Seúl: El director coreano, nacido en 1953, es uno de los más afamados intérpretes del panorama musical asiático. Su carrera se ha desarrollado principalmente en Europa y especialmente en Francia, en donde llegó a ser director de la Ópera de París de 1989 a 1994. El trabajo desarrollado por el maestro Chung en París fue encomiable, recibiendo incluso la prestigiosa condecoración de la Legión de Honor por parte de las autoridades francesas por su destacada labor. Actualmente, Chung es el director titular de la Orquesta Filarmónica de Seúl. La versión, un tanto precipitada, adolece de similares defectos de lo ya expuesto en lo relativo a Karajan: Alto volumen sonoro, ampulosidad y poca atención en las transiciones. Chung trata de emocionar, sin duda, pero en base a un discurso acelerado y poco matizado, más pendiente a los grandes tutti orquestales que a la delicadeza de los pasajes más expresivos. La orquesta cumple con encomiable dignidad, aunque resulta particularmente chillona en cuerdas agudas y presenta alguna leve desafinación. La coda está dignamente resuelta, con un extraordinario acento rítmico, aunque también con una cierta falta de pausa, de respiración. Versión de aprobado.

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Carlos Kleiber con la Orquesta Filarmónica de Viena: La toma sonora de este vídeo es bastante deficiente. Además, el auditorio donde tiene lugar la grabación, bien conocido por quien esto escribe, presenta una acústica muy problemática. Todavía así, la versión de Carlos Kleiber resulta del todo excepcional. La ejecución me parece toda una sabia demostración de equilibrio, de saber llevar el tempo preciso y la dinámica sonora más ponderada. El desarrollo es portentoso, manejando Kleiber con una maestría inigualable las distintas secciones orquestales y sus respectivos contrastes. Con Kleiber, uno escucha todas y cada una de las notas de la partitura, así de sencillo (Increíbles las violas, de lujo). La coda es un portento y, como en el ejemplo anterior, el acento rítmico resulta insuperable. En todo momento se distinguen las líneas melódicas en esta versión, algo bastante complejo en esta sinfonía y mucho más en su segundo movimiento. Excepcional y equilibrado Carlos Kleiber en una versión de sobresaliente.

Bernstein

Leonard Bernstein con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera: Apabullante versión ultrarromántica, diametralmente opuesta por la ya analizada de Toscanini. A Bernstein, flemático como pocos, le encanta dirigir esta sinfonía y pone todo su ardor en ello. La versión es muy particular, con tempi cambiantes y acentos inesperados. El inolvidable maestro Bernstein saca cosas nuevas de donde menos las esperamos, demostrando su incontestable sentido musical. ¿Fidelidad a la obra? Bueno, esto es una cuestión más que discutible, a buen seguro, y no menos para quienes gustan de interpretaciones más clasicistas, como la de Toscanini. Resulta particularmente impactante el cambio radical de atmósfera del desarrollo tras la obligadamente repetida primera exposición temática. Bernstein hace una lectura inigualable de estos compases, con estudiados matices y gradaciones sonoras, en las antípodas de una interpretación clásica. Por eso, esta versión, para mí admirable, puede resultar incongruente para quienes gustan de un Beethoven más en sintonía con el último clasicismo o, mejor dicho, con la transición entre Clasicismo y Romanticismo musical. Pero Bernstein, con esta forma de leer la partitura, nos da un curso de “audición musical”, desentrañando cada sección orquestal y abriéndonos puertas que creíamos inexistentes en la obra. La orquesta responde a las mil maravillas y sólo se le puede achacar algún desajuste en la dinámica sonora de los tutti. Bernstein, un grandísimo maestro que goza con la música… Y nos hace gozar a los demás. Versión de sobresaliente alto.

Stokowski

Leopold Stokowski con la Orquesta Filarmónica de Londres: Toca el turno de un polémico director, Stokowski, un músico tan comprometido y reflexivo que no dudaba en retocar las partituras originales en determinadas ocasiones. Aquí, coloca la disposición orquestal de una manera muy peculiar, desplazando violoncelos y contrabajos hasta el fondo y escorando a vientos y timbales al extremo derecho. En esta versión más que convincente, Stokowski también prescinde de la obligada repetición. La ejecución es equilibrada en conjunto, aunque se echa en falta un poco más de mordiente. Las fluctuaciones de tempo otorgan un carácter romántico a una versión que en principio parecía discurrir por moldes más bien clasicistas. La coda sigue los mismos patrones interpretativos, con unos logrados ritardandi que decoran con muy buen gusto un tono general que, desde mi punto de vista, a veces pierde en intensidad dramática. Pese a ello, Stokowski ofrece una gran claridad en la lectura, manejando con maestría los equilibrios sonoros. La respuesta de la orquesta es excepcional, con una gran sección de metales. Aprobado alto para esta versión.

Blomstedt

Herbert Blomstedt con la Orquesta del Gewandhaus de Leipzig: También aquí el maestro sueco Blomstedt, un director que no suele ensayar los sábados debido a su adhesión a la adventista Iglesia del Séptimo Día, dispone la orquesta de un modo peculiar, colocando a los violoncelos y contrabajos en el sector izquierdo. Lo primero que hay que resaltar de esta magnífica versión es el sensacional nivel técnico de la orquesta, una formación como la Gewandhaus de Leipzig que ofrece una calidad sonora descomunal (La sección de maderas, en particular, es paradisíaca). Blomstedt, un grandísimo maestro, logra acertar con tempo y discurso, en una cuidadísima versión que transmite claridad expositiva a raudales y en donde el único pero que le podemos poner es que se echa en falta una mayor pizca de dramatismo. No importa, Blomstedt maneja con buena mano el conjunto y su versión se ciñe más al modelo clasicista. Extraordinarias transiciones y muy bien resuelta la coda. Insisto de nuevo en la gran claridad orquestal de la versión y en el majestuoso nivel de la formación orquestal… ¡Qué locura de orquesta! Versión de notable raspando el sobresaliente.

Maazel

Lorin Maazel con la Orquesta Filarmónica de Viena: Pues si en la anterior versión señalábamos como aspecto más importante la claridad expositiva, en esta versión de Maazel… ¡Ay!  Pese a que la toma sonora del vídeo deja mucho que desear, la versión me parece ampulosa y poco cuidada, con vicios muy parecidos a los señalados en la primera versión de Herbert von Karajan. (Da la impresión, dado el tamaño orquestal, que Maazel está dirigiendo más a un Bruckner que al propio Beethoven…) Yo creo que Maazel se pasa pisando el acelerador de la impulsividad, aspecto que puede resultar admirable, según se mire, pero siempre que se logren contrastar todos los elementos del discurso musical. Y no digamos si hablamos de Beethoven, paradigma musical del contraste. Un dato, observad atentamente el intercambio de frases entre metales y cuerda — minutaje 4.16 del vídeo, aproximadamente: Maazel emplea una dinámica sonora tan fuerte que le cuesta disminuir en intensidad, no siguiendo un escalonamiento más moderado que, a mi juicio, requiere este bello pasaje. Y esto, precisamente, es un problema con el que se encuentra el director a lo largo de esta frenética ejecución. (Facilón recurso de retardar para tomar aire — minutaje 6.07 del vídeo). La coda es un pastel sonoro donde apenas se distingue nada y que adolece de un gran desequilibrio entre las distintas masas sonoras. La orquesta no suena mal del todo, pero la Wiener Philharmoniker es capaz de dar mucho más de sí. Al igual que Lorin Maazel, un tipo estupendo que dirige tanto que a veces no tiene su mejor día. Versión de suspenso. (No se enfade conmigo, maestro, que sabe que le tengo mucho aprecio)

Harding

Daniel Harding con la Orquesta de Cámara Mahler: Algo tiene que tener este joven para que maestros de la talla de Abbado y Rattle hayan depositado su total confianza en él. Pese a nacer en Oxford en 1975, Harding realizó sus estudios musicales en Cambridge… Su irrupción en el panorama de la dirección orquestal ha sido fulgurante y en la actualidad es el director titular de la Orquesta Gustav Mahler, conjunto formado por uno de sus padrinos, Claudio Abbado. La versión es estrictamente clasicista, con guiños y acercamientos a una fidelidad interpretativa original — las cuerdas no realizan vibratos — y su tono general es más que convincente. No hay ninguna concesión romántica a lo expresamente indicado en la partitura y la ejecución resulta del todo transparente. La ejecución podrá gustar o no, pero sigue fielmente el criterio interpretativo elegido por Harding. A mí, desde luego, este Beethoven que puede resultar tan “extraño” me encanta, me parece mucho más verídico que el que estamos acostumbrados a escuchar en otras versiones (Y eso no significa que esas versiones sean peores, sino distintas). ¿A que el timbal suena de maravilla? Pues es simplemente porque se toca justo de la misma manera en que se tocaba en tiempos de Beethoven. Así de sencillo. La orquesta cumple con creces. Versión de sobresaliente cum laude.

Giulini

Carlo Maria Giulini con la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles: Primeramente señalemos que la toma sonora de este vídeo es pésima y, si a última hora me he decidido por incluir esta versión, es por la gran calidad de ejecución que nos brinda el añorado Giulini, grandioso director de orquesta y mejor persona aún. Giulini, en esta romántica versión, rinde un tributo a Furtwängler, posiblemente el mejor ejecutante de esta obra. Diametralmente opuesta a la anterior versión de Harding, el maestro Giulini nos brinda una versión apasionada, sin complejos, cuidadosa en los contrastes y dirigida, como todo lo que interpretaba Giulini, desde el corazón. La diferencia con la criticada versión de Maazel radica en que el italiano dirige con mayor credibilidad, sin necesidad de pisar el acelerador por conveniencia. La coda es un canto expresivo sin igual, algo portentoso. La orquesta suena — a pesar del tosco vídeo — de manera sensacional. Versión de sobresaliente de uno de los más grandes directores de orquesta de la segunda mitad del siglo XX.

El próximo mes, dedicaremos esta sección a una selección de grabaciones en disco que pueden escucharse en YOUTUBE