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 Desde su aparición en el firmamento del espectáculo, hace ya más de una década, la carrera y proyección internacional de la bella cantante colombiana Shakira ha sido imparable, con más de cincuenta millones de discos vendidos desde entonces a lo largo y ancho del mundo. Tres factores, primordialmente, han contribuido sobremanera a ese fabuloso éxito: De una parte, Shakira interpreta unos temas generalmente frescos, con unos ritmos pegadizos y fáciles de asimilar por cualquier persona; por otra parte, la cantante demuestra una arrolladora fuerza sobre los escenarios, circunstancia que conlleva que sus conciertos en vivo sean tanto un acontecimiento musical como meramente visual; y, por último, la peculiar coloratura de su voz, siendo capaz de utilizar un amplio registro vocal mediante el que consigue diferentes timbres de voz según proyecte notas agudas o graves. Su personalidad en el escenario es indiscutible, al igual que la desgarradora carga emocional que fácilmente logra transmitir a un público generalmente enardecido.

Shakira no es posiblemente mi modelo ideal de cantante — aunque reconozco que su belleza salvaje me cautiva — pero he de asumir que es una artista dotada de un gancho irresistible, una verdadera fuerza de la naturaleza. Muchos han sido sus éxitos desde que en 1995 editó el primero de sus grandes trabajos, ¿Dónde estás corazón?, una solitaria canción que incluía un disco recopilatorio de canciones colombianas de diferentes artistas. Pero yo me quedo con una balada que me parece extraordinaria, La pared, todo un cántico de amor declarado que la artista de Barranquilla interpreta con un profundo y conmovedor sentimiento. La canción posee todos los ingredientes de una clásica balada, a saber, una letra descriptiva y apasionada, unas melodías suaves y contrastadas, y un acompañamiento ligero que en la versión que os dejo en el vídeo de enlace se basa exclusivamente en el piano. La pieza pertenece al álbum Fijación Oral Vol. 1, presentado en junio de 2005 y que desde entonces ha superado la increíble cifra de más de cuatro millones de ejemplares vendidos. En el CD existe además otra versión de la misma canción, siendo la que aquí comentamos hoy la conocida como “versión acústica”.

El piano presenta la base rítmica sobre la que se ha de sustentar la melodía principal mediante la repetición de un simple motivo en su escala natural y en la octava inferior correspondiente. El tema tiene una sencilla construcción binaria en la que la segunda frase, descendente y sincopada, prepara el estribillo. Dicho tema es elegante y tiernamente melancólico, con amplios intervalos que parecen querer aprovechar las cualidades interpretativas de Shakira. Tras una repetición de todo este material temático, el piano despliega unos acordes en tresillo que van a servir para que la artista despliegue una lograda exhibición vocal que da buena cuenta de sus cualidades líricas y de su preciso sentido de la afinación. Nueva repetición del estribillo y conclusión, quizás un tanto mejorable. Es de justicia señalar la extraordinaria ejecución del pianista, muy bien acoplado a la solista en todo momento.

Ahí os dejo la letra

Eres como una predicción de las buenas.
Eres como una dosis alta en las venas.

Y el deseo gira en espiral
porque mi amor por ti es total
y es para siempre.

Después de ti la pared,
no me faltes nunca,
debajo el asfalto
y más abajo estaría yo.

Después de ti la pared,
no me faltes nunca,
debajo el asfalto
y más abajo estaría yo…
Sin ti

Eres la enfermedad y el enfermero.
Y ya me has convertido en tu perro faldero.

Sabes que sin ti
ya yo no soy.
Sabes que a dónde vayas voy…
Naturalmente.

Después de ti la pared,
no me faltes nunca,
debajo el asfalto
y más abajo estaría yo

Después de ti la pared,
no me faltes nunca,
debajo el asfalto
y más abajo estaría yo…
Sin ti