Y precisamente por haber nacido y vivido buena parte de mi vida en Madrid gato soy. Y todos los gatos tenemos siete vidas, nunca lo olvides. A los cinco años de edad malgasté una de ellas, pero a cambio quedé bendecido por los santos óleos. A los dieciocho hice uso de otra, cuando creyendo que había una recta donde comenzaba aquella traicionera curva estrellé un Renault-12 contra un poste telegráfico en la isla de Menorca y el coche se detuvo a cuarenta centímetros del borde de un rocoso acantilado. Y quién sabe si en 1996 también me dejé otra por el camino, cuando aquel Jumbo de TWA matriculado N93119 con el que viajé hasta tres veces desde Madrid hasta Nueva York explosionó sobre el Océano Atlántico durante un trayecto desde Nueva York a Roma (El aparato estaba sentenciado desde tiempo atrás por un fallo de diseño en los tanques de combustible). Poco después me aposté otra vida al rojo y salió el negro… Aún así, todavía me quedan tres vidas y contigo no pienso desperdiciar ninguna de ellas. Quedas advertido.

 Porque tú, bicho acomplejado, que no tienes otra cosa mejor que hacer que multiplicarte a lo loco obedeciendo a un malinterpretado mandato divino, no sabes con quién te la estás jugando. Tú no me conoces cuando yo me cabreo y no puedes ni imaginar hasta dónde has ido a parar en tu miserable procreación. Ten por seguro que te vas a arrepentir toda tu puta vida de haberme elegido a mí para llevar a cabo tu innoble tarea. Y te advierto que esta batalla te la voy a ganar en el primer round. Porque contigo voy a utilizar ese arma que tanto temes y aborreces: Te voy a matar de risa, cretino. Recuerda, y es mi última advertencia, que soy un gato y aún me quedan tres vidas. Ahora me toca mover ficha a mí. Prepárate.