silvio_rodriguez-al_final_de_este_viaje

 Junto con Pablo Milanés y Noel Nicola, el cantautor cubano Silvio Rodríguez fue uno de los creadores de la llamada Nova Trova Cubana, movimiento artístico surgido a raíz de un concierto ofrecido por estos tres cantantes en febrero de 1968 en la Casa de las Américas, si bien el grupo no se constituyó oficialmente en 1972 en la ciudad de Manzanillo. Dicho movimiento se caracterizaba por un fuerte compromiso político con los movimientos revolucionarios de signo manifiestamente izquierdista que se estaban dando por Iberoamérica en aquellos tiempos. También fue un claro intento de fusionar las raíces de la música popular con las corrientes innovadoras de las nuevas tendencias, dando lugar a una serie de creaciones de enorme fuerza expresiva, con textos de factura elaborada y en donde muchas obras poéticas de artistas contemporáneos son musicalizadas con gran acierto y estableciéndose una estimable vinculación entre los poetas y los trovadores.

Silvio Rodríguez es un cantante fuera de serie y de un talento incuestionable. Su voz es aguda, con un timbre algo metálico aunque frágil, pero muy lejos de ser cálida ni pretendidamente seductora. Y eso, que para otros muchos artistas sería casi un defecto, para Silvio es todo un carisma personal cimentado, además, en una sinceridad y honestidad creativa de la que pocos artistas pueden presumir. Para acceder a su público Silvio no necesita de intermediarios previos, sino que se presenta tal y como es, dando de lado cualquier superficial apariencia que pueda desvirtuar ese extraño atractivo con el que logra seducir a su fiel audiencia. La única duda que puede plantearse es saber si Silvio es un poeta que canta o, más bien, un compositor que se sirve de la propia musicalidad de la poesía. De todos sus grandísimos éxitos, páginas inolvidables del género musical de los cantautores, he decidido quedarme con una de sus mejores piezas, Ojalá, incluida en el álbum Al final de este viaje una de sus incuestionables cimas creativas. La historia del proceso compositivo de este álbum es bien jugosa: En 1969, Silvio se enroló en un buque pesquero de la marina cubana, navegando durante cinco meses por las costas del Océano Atlántico. A lo largo de ese periplo compuso un total de 62 canciones que posteriormente editaría en distintos álbumes, entre ellas, Ojalá. En 1976, después de combatir en la guerra de Angola como miembro enrolado de las Brigadas Internacionales Cubanas, hace una breve gira por España, en donde con tan sólo dos sesiones de grabación y únicamente acompañado por su inseparable guitarra, consigue dar luz a uno de sus mejores trabajos, Al final de este viaje. El disco carece de arreglos y adornos, con lo que se muestra directo y entrañablemente cercano.

Ojalá es una joya lírica desarrollada sobre unas notas en la guitarra que parecen desarrollar una serie de arpegios cromáticos. El contenido melódico es de una riqueza extraordinaria, de frases largas y estupendamente ligadas con un gusto compositivo encomiable. Las transiciones entre las dos principales secuencias temáticas están impecablemente ensambladas y Silvio Rodríguez se resuelve como un verdadero maestro a la hora de entonar y acoplar el persistente ritmo de la guitarra, aspecto que no es tan sencillo como parece. Las notas finales en la guitarra, a modo de coda, demuestran una gran lucidez e inventiva compositiva por parte del autor. La canción, tanto por letra, musicalidad e interpretación, es una verdadera obra maestra del género. O, al menos, es lo que a mí me parece.

Ahí os dejo la letra:

Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.

Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.

Ojalá que la aurora no de gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.

Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve.
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.