* Compuesta entre 1881 y 1883
* Estrenada el 30 de diciembre de 1884 en Leipzig bajo la dirección de Arthur Nikisch
* EFECTIVOS ORQUESTALES: 2 flautas, 2 óboes, 2 clarinetes, 2 fagots, 4 trompas (A veces se emplean 8), 3 trompetas, 3 trombones, 4 tubas wagnerianas, tuba, timbales, platillos y sección de cuerda
* Duración aproximada de la ejecución: Entre 65 y 70 minutos

 Nadie puede poner en duda que el sinfonismo de Bruckner está próximo a Beethoven, como también lo estaba el de Brahms, a quien tan fácilmente se le opone. Toda la obra sinfónica del organista de San Florián está basada en un principio estructural que consiste en fecundar los diferentes movimientos por medio de una célula madre que triunfa en la conclusión. Ahora bien, esa célula madre varía realmente poco de una a otra sinfonía, por lo que algunos críticos han llegado a afirmar mordazmente que Bruckner no hizo sino componer nueve veces la misma sinfonía. Bruckner suele usar el tritematismo en los movimientos de sonata, lo que le permite acusar el contraste de temas vigorosos o el carácter épico entre otro de naturaleza lírica. Su peculiar orquestación recibe la influencia del registro organístico, evolucionando por bloques, con colores netamente diferenciados. A pesar de que algunos maestros — Furtwängler — vieron en su música una especie de “mística gótica”, Bruckner es, sin embargo, un compositor romántico y un gran músico “teológico”, quizás el más grande después de Schütz y antes de Messiaen…

 Pero Bruckner también fue un perfeccionista y rehízo sin cesar la redacción de sus sinfonías, de ahí la existencia de versiones autónomas de una misma obra, lo que ha creado un verdadero embrollo de ediciones publicadas según criterios musicológicos diferentes. Actualmente se distinguen las siguientes: De una parte, las ediciones debidas al alemán Robert Haas que, en principio, difunden las versiones originales (O con arreglos realizados por el propio Bruckner, la mayor parte de las veces incluso antes de haber sido ejecutadas en público); de otra parte, las ediciones debidas al austríaco Leopold Nowack, ulteriores y más completas, puesto que tenían en cuenta todas las versiones de cada sinfonía (Los arreglos efectuados por el compositor especialmente después de cada primera ejecución y siguiendo “sugerencias exteriores”). Incluso llegaron a circular en vida de Bruckner ediciones realizadas a espaldas del músico, hoy felizmente desaparecidas. Los casos en los que se producen mayores divergencias entre dichas ediciones son en la Tercera y Octava sinfonía, aunque, de manera regular, ambas ediciones críticas se confirman mutuamente.

 La Séptima Sinfonía sigue siendo — junto a la Cuarta — la más tocada, grabada y apta para convencer al melómano más refractario al universo bruckneriano. La Séptima fue la obra que le empezó a dar una gloria (Aunque tardía) al compositor desde su estreno en 1884. El director encargado de darla a conocer, Arthur Nikisch, declaró sus impresiones al respecto: “Primero, fue curiosidad; después interés; seguidamente admiración y finalmente entusiasmo”. La Séptima nunca fue retocada y por tanto nunca ha planteado los habituales problemas de versión. Sin embargo, hay que advertir un curioso detalle: El golpe de platillo que se escucha en la culminación del Adagio no está escrito en la partitura autógrafa, sino en un pedazo de papel pegado a un lado de la página correspondiente con la mención “no vale”. Bruckner dudó entre conservar o admitir ese golpe de címbalos aunque, generalmente, los directores de orquesta lo aceptan, ya que el efecto que produce es extraordinario. Conviene también señalar que, aunque dedicada a Luis II de Baviera, la Séptima constituye un homenaje a un muy venerado Wagner, quien falleció durante el proceso de elaboración de la obra. El Adagio es un emocionante “In Memoriam” y también supone la utilización, por primera vez en la orquesta sinfónica, de las tubas wagnerianas, con una admirable explotación por parte del compositor de la sonoridad de las mismas.

 La versión de vídeo que os voy a dejar en los enlaces correspondientes a cada movimiento es la grabación llevada a cabo por Eugen Jochum y la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam durante un concierto ofrecido en Osaka en 1986. La grabación puede considerarse como histórica ya que el maestro alemán falleció tan sólo unos meses después. Desde mi punto de vista, esta versión supera con creces a todas las restantes grabadas por Jochum en disco. Cada movimiento se solapa en dos o incluso tres vídeos, bastando con pinchar la numeración subsiguiente para seguir con la audición. También recomiendo otra histórica versión en directo, aunque sólo disponible en sus dos primeros movimientos, de Sergiu Celibidache con la Orquesta Filarmónica de Munich. Inconmensurable.

DESARROLLO DE LA OBRA

PRIMER MOVIMIENTO: Allegro Moderato: En 2/2, un tema inicial de maravillosa plasticidad se eleva sobre el trémolo de la cuerda, creando una atmósfera etérea en base a la construcción melódica desarrollada en Mi extendido sobre dos octavas. Repetición en violines con apoyos en metales y ecos lejanos de trompas que resuenan sobre los trémolos nerviosos de la cuerda. Un segundo tema, en 4/4, es expuesto tiernamente por el óboe, escoltado por los clarinetes, en un movimiento moderadamente ascendente y deliciosamente cromático al que sigue un contracanto en la madera y los violines. Tras un magistral crescendo, surge el tercer tema que se limita al enunciado de un breve motivo rítmico animado, primero por la cuerda y con un contrapunto en la madera. Pocas sinfonías en la historia musical tienen esta maravillosa y trascendente exposición tritemática. El desarrollo presenta en primer lugar el tema principal — en movimiento contrario — en los solemnes trombones antes de llegar a una genial elaboración de los diversos elementos de la exposición: Inversión, tratamiento en canon y diversos contrapuntos. Las tonalidades evolucionan de Si mayor a re menor, de Mi mayor a do menor… ¡Todo un tratado práctico de modulación! Tras un pianissimo en el registro agudo de los violines, el segundo tema — entonado esta vez por el clarinete — reengancha la reexposición — que de manera casi imperceptible ya había tenido lugar unos compases más atrás — y se van exponiendo los temas a la manera clásica, en su orden, con unas solemnes escaladas del metal que interrogan desesperadamente a la orquesta que, tras unos compases de duda, responde por medio de la cuerda con unas notas ascendentes y descendentes que se desvanecen con aire de resignación… A mi juicio, estamos ante el momento más conmovedor de toda la historia de la música sinfónica. Después de unos compases sotto voce de la cuerda surge la amplia coda de 51 compases sobre el comienzo del tema inicial, con un gran calderón sobre la nota de Mi mayor. La orquesta se va elevando por secciones, delatando al Bruckner organista. Prodigioso movimiento.

SEGUNDO MOVIMIENTO: Adagio (Sehr feierlich und sehr langsam): Con lentísima solemnidad y en 4/4, la página está inspirada por la reciente muerte de su venerado Wagner y la pieza es probablemente la más emocionante de toda la música bruckneriana. La cuerda grave y las tubas wagnerianas enuncian, en do sostenido menor, un tema desolado que los violines, en la cuerda de sol, despliegan con dramática intensidad. El segundo motivo, en fa sostenido menor y 3/4, sirve de contraste, donde los violines expresan un consuelo sobre un arrullo de violas y violoncelos. El desarrollo — tremendo — hace dialogar los dos temas con una elaboración marcadamente contrapuntística. Un monumental y brumoso crescendo, culminado con el único golpe de platillos existente en toda la sinfonía (Y del que algunos directores prescinden) da paso a la coda, donde resuena funerario el tema principal en las cuatro tubas wagnerianas, con unos antológicos efectos de dinámica sonora. La cuerda llora desconsolada con el acompañamiento, primero de la flauta y luego del resto de la madera, en uno de los fragmentos más inspirados de toda la obra bruckneriana. El movimiento concluye en modo mayor, con una clara intención esperanzadora. Magistrales veinte minutos de elevada música.

TERCER MOVIMIENTO: Scherzo vivace (Sehr schnell): Movimiento rítmico, en 3/4, construido sobre un solo tema en el que se distingue un sencillo motivo de acompañamiento (Dos corcheas – dos negras) presentado por la cuerda al unísono y en pianissimo y un signo de trompeta caracterizado por un salto ascendente de octava, seguido de quinta y cuarta — típica fórmula bruckneriana — y una línea melódica con intervalos de séptima que trazan violines y clarinetes. Si bien la tonalidad de la exposición es en la menor, el tumultuoso desarrollo se instala en La bemol mayor, volviendo la reexposición, antes del trio, a su tonalidad original. En estas oleadas vemos de nuevo al Bruckner organista, subiendo los temas por las distintas secciones. El Trio, en Fa mayor, tiene un cierto aire de danza en los violines, respondido por los instrumentos de viento con sutiles acentos en los timbales. El desarrollo armónico de la línea de cuerda en este trio es sensacional, no teniendo nada que envidiar Bruckner a los modelos armónicos de su idolatrado Wagner. El movimiento termina con la repetición literal del Scherzo.

CUARTO MOVIMIENTO: Finale (Bewegt, doch nicht zu schnell): Es un amplio movimiento de sonata y firmemente arquitecturado con dos temas: El primero, en 2/2, sintoniza con el comienzo del tema inicial de la obra y está enunciado en Mi mayor. Sin embargo, la sensación dramática del inicio cede aquí a una energía mucho más controlada, expuesta por los primeros violines sobre un trémolo de los segundos y de las violas. El tema es una especie de coral expresivo, completamente enfrentado al primer tema, y presentado en la tonalidad de la bemol menor que evoluciona hacia Si bemol y que corre a cargo de los violines sobre un pizzicato de la cuerda grave, donde las trompas aportan unos destellos de cálida luz. El desarrollo es largo y denso, no aportando mayores sorpresas (Primer tema en la menor y segundo en Do mayor). La reexposición, en Mi mayor, es breve y tensa — unos 40 compases — mientras que la coda, de nuevo resuelta sobre un calderón en Mi, hace estallar por última vez el tema principal del primer movimiento.

VERSIONES RECOMENDADAS

Sergiu Celibidache con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart. DG. (Versión inolvidable que trasciende a la propia partitura)
Carlo María Giulini con la Filarmónica de Viena. DG. (Nadie como Giulini para desentrañar a Bruckner. De absoluta referencia)
Karl Böhm con la Filarmónica de Viena. DG. (Lectura discursiva atendiendo al todo global de la obra. Estupenda)
Günter Wand con la NDR de Hamburgo. RCA. (De no ser por el Adagio — versión Haas — sería de total referencia)
Eugen Jochum con la Sinfónica de la Radio Bávara. DG. (Firme y robusta, aunque quizás un tanto pasada. Mejor la versión del vídeo de enlace)
Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín. DG. (Seria, poderosa, en la línea interpretativa de Karajan. Gran toma sonora)
Sir Colin Davis con la Sinfónica de la Radio Bávara. ORFEO D´OR. (Toda una sorpresa. Decidida y muy estudiada)
George Szell con la Filarmónica de Viena. SONY. (Grandísima versión ensombrecida por un pobre sonido)
Daniel Barenboim con la Filarmónica de Berlín. TELDEC. (Muy romántica y sensible, en absoluto orgánica)
Eliahu Inbal con la Sinfónica de la Radio de Frankfurt. DENON. (Acertada construcción, con una gran toma sonora)

 Por contra, las versiones de Sir Georg Solti con la Sinfónica de Chicago (DECCA) y de Bernard Haitink con el Concertgebouw (PHILIPS) me producen serias dudas. Por supuesto, esto no es sino una mera opinión personal sin ninguna pretensión vinculante.