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*NOTA DEL AUTOR: Para esta entrada hemos seguido utilizando la numeración tradicional de las sinfonías de Schubert. Desde 1978, la revisión del catálogo de Erich Otto Deutsch establece que la Sinfonía Incompleta es la nº7, mientras que La Grande es la nº8. El orden de las primeras seis sinfonías no cambia. A pesar de que en los programas de muchos conciertos se establece esta nueva numeración, la tradicional que aquí empleamos es también comúnmente aceptada.

* Compuesta en 1822 dentro de un proyecto que fue interrumpido
* Primera audición de los dos movimientos en Viena, el 17 de diciembre de 1865
* EFECTIVOS ORQUESTALES: Dos flautas, dos óboes, dos clarinetes, dos fagots, dos trompetas, dos trompas, tres trombones, timbal y sección de cuerda.
* Duración aproximada de la ejecución: Alrededor de veinticinco ó veintiséis minutos.

 

 Schubert recibió una herencia sinfónica nada desdeñable: Haydn, Mozart y un Beethoven que ya había construido sus obras definitivas luego de haber sentado las bases del Romanticismo. Con estos mimbres, la obra sinfónica de Schubert se divide en tres períodos: Uno, el que abarca sus tres primeras sinfonías, en la onda clásica e imitando a Haydn y Mozart; luego con un mayor dominio de medios y personalidad, abarcando esta fase la Cuarta, Quinta, Sexta y Séptima sinfonías; y finalmente, dando lo mejor de sí mismo en la Sinfonía Incompleta y en La Grande, obras maestras de madurez donde el artista recoge el legado de Beethoven y lo asimila como vehículo de creación propia y personal. Hemos de tener en cuenta que existía un cierto complejo ante la ya terminada obra de Beethoven y la cuestión era la siguiente: ¿Se puede todavía hacer algo después de Beethoven? Schubert demostró que sí.

 La característica principal de Schubert en su proceso creativo, con independencia del género musical, es su absoluto dominio de la melodía. Si la importancia de un músico se midiese por el uso melódico Schubert sería el compositor más grande de la historia. La efusión lírica, la belleza y convicción del canto le bastan a Schubert para cimentar la solidez de la composición sinfónica aun dejando de lado el valor de lo meramente contrapuntístico en aras de una frescura melódica de inspiración inigualable. En términos de Armonía, la obra de Schubert cobra todavía mayor singularidad: Su principal rasgo es la pasmosa facilidad que tiene el maestro para la modulación, para el cambio de modo mayor a menor, o viceversa, a través de un atractivo y sorprendente juego de tonalidades. Esta combinación de melodía y tratamiento armónico es lo que otorga a su obra sinfónica su verdadera calidad, amen, por descontado, de otro tipo de formas compositivas (Lieder). También se ha de significar el respeto de Schubert por la forma musical clásica (Sonata) para edificar su obra sinfónica, aunque con unos tratamientos mucho más imaginativos, como lo son el empleo de materiales inéditos de los expuestos en la introducción o la brusca “forma” de exponer los segundos temas. Esto ha dado pie a que ciertos críticos hayan aludido a la “debilidad constructiva” por la especialísima técnica del músico para exponer sus ideas estéticas. Esas afirmaciones no tienen ningún fundamento y se basan en un ya muy superado cientifismo a la hora de elaborar el desarrollo formal, aspecto al que Schubert concede un continuo fluir que enriquece de vigor y savia nueva a lo escrito.

Sobre la elaboración de la Sinfonía Incompleta de Schubert se han vertido ríos de tinta. El manuscrito de la obra atestigua que ésta fue iniciada el 30 de octubre de 1822. Unos meses más tarde, la Sociedad Musical Styrie acoge a Schubert como miembro de honor y éste, como agradecimiento, promete una sinfonía, compromiso que nunca cumplirá. Sin embargo, Anselmo Hüttenbrenner, amigo íntimo del compositor y encargado de tramitarle el ingreso a la Sociedad antes referida, viaja a Graz — sede de Styrie — y muestra al director de orquesta Johann Herbeck una transcripción de la misma para piano a cuatro manos. El director ofrece en concierto público la audición de esos dos movimientos junto con la Tercera Sinfonía. Un tal Newbould completa y orquesta el tercer movimiento (Scherzo) — en base a un esbozo de Schubert — y propone como último movimiento el Entreacto en si menor de Rosamunda. No prospera la tentativa, así como tampoco las de G. Bush (No es el Bush en el que estáis pensando…), Vaughan, Abraham, Hollard o Casale. Afortunadamente, la Incompleta sigue estando maravillosamente bien incompleta y ocurre que, como en muchas otras obras de Schubert, se quedó a medio terminar. Pero la grandeza y densidad de sus movimientos le sirven para alcanzar la categoría de sinfonía y la cota de absoluta obra maestra.

 La versión que os pongo en los vídeos de enlace es una preciosa lectura del maestro Bruno Walter dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Nueva York. La grabación se encuentra disponible en el sello SONY (Ref 64487)

DESARROLLO DE LA OBRA

PRIMER MOVIMIENTO: Allegro moderato, en si menor y compás de 3/4. La obra se abre con una frase larga en pianissimo expuesta por violoncelos y contrabajos seguida de un persistente dibujo de los violines sobre un obstinado pizzicato de los bajos. (Tuve la ocasión hace algunos años de contemplar al maestro Giulini dirigiendo a la Orquesta del Teatro de la Scala y puedo asegurar que se paró el tiempo a la hora de exponer este tema. Fue una de las experiencias musicales más intensas que he vivido nunca). El primer tema, en si menor, es presentado por los óboes y clarinetes y a su triste melodía se le opone la ternura del segundo tema, un precioso cántico en Sol mayor expuesto por violas y violoncelos bajo un remanso de maderas. El tema se corta abruptamente y es recogido, en tono menor, por las distintas secciones orquestales para modularlo dulcemente a mayor con primeros y segundos violines, violas y violoncelos que se añaden magistralmente a cada nuevo paso de compás. (Un prodigio de belleza tanto melódica como constructiva). La repetición de la exposición precede al desarrollo, que comienza en mi menor y cuyo material temático se constituye por diferentes motivos de antes del primer tema, confiados a la cuerda grave, en una línea argumental dramática que se acentúa por la sonoridad de unos sorprendentes trombones. La reexposición nos devuelve a la tonalidad de si menor, enriquecida ahora con diálogos modulados entre la madera y la cuerda, mientras que a manera de coda vuelve una vez más la dolorosa melodía de la introducción con la que concluye este magistral movimiento sinfónico.

SEGUNDO MOVIMIENTO: Andante con moto, en Mi mayor y compás de 3/8. Dos temas se oponen durante el transcurso de este segundo movimiento. El primero de ellos, en Mi mayor, parece recordarnos una coral por su solemnidad y orquestación. El segundo tema, en do sostenido, es expuesto por el clarinete tras una breve introducción de los primeros violines. Lo recoge a continuación el óboe y va modulando en varias repeticiones hasta dar con un nuevo motivo que nos introduce a una larga transición que nos reconduce hacia la repetición de la primera parte. Esta repetición se modifica al ser transportada a la menor y ser expuesta primero por óboes y luego clarinetes, a la inversa. Tras un recuerdo de la transición vuelve el tema principal, más conmovedor, al ser presentado por los instrumentos de viento. Este sirve de coda para concluir la obra, reforzando el impresionante tratamiento cíclico de la obra.

Parece lógico pensar que Schubert, quizás insatisfecho con la composición (???), regaló deliberadamente el manuscrito a Hüttenbrenner pensando así en que la obra nunca vería la luz. Finalmente no fue así y esta obra se encuentra entre las páginas más hermosas y dramáticas que jamás se hayan escrito.

VERSIONES RECOMENDADAS

Wilhelm Furtwängler con la Filarmónica de Berlín. DG Dokumente. (Auténtico testimonio del gran maestro alemán. De absoluta referencia)
Carlos Kleiber con la Filarmónica de Viena. DG. (Otra obra para la posteridad del llorado Kleiber. Magnífica versión, la mejor de las modernas grabaciones)
Carlo Maria Giulini con la Sinfónica de Chicago. DG. (Versión dramática y cuidadosa. Elegancia, poder, fuego y sentimiento)
Claudio Abbado con la Orquesta de Cámara de Europa. DG. (Buena y muy equilibrada. A mí me parece estupenda)
Wolfgang Sawallisch con la Staatskapelle de Dresde. PHILIPS. (Impresionante el sonido orquestal. Una grabación de referencia)
Otto Klemperer con la Orquesta Philharmonia. EMI. (Sobria, algo lenta de tempi, pero muy bien planteada)
Bruno Walter con la Filarmónica de New York. SONY. (Poco podemos decir. Magistral e inolvidable versión de uno de los más grandes directores de todos los tiempos)
Itsvan Kertesz con la Filarmónica de Viena. DECCA. (Bien elaborada, dinámica y con pasajes muy brillantes)
Nikolaus Harnoncourt con el Concertgebouw. TELDEC. (Firme y segura lectura. Buena versión, sin más)

Por contra, no me acaban de llenar las versiones de Horst Stein con la Sinfónica de Bamberg. EURODISC. (Algo plana e insustancial, parece una lectura robotizada) y de Karl Böhm y la Filarmónica de Berlín. DG. (Un gran especialista de Schubert, sin duda, pero una versión algo fría y descompensada). Obviamente, esto no es sino una mera opinión subjetiva sin ningún carácter vinculante.