Steve Reich

Esta entrada se la dedico a mi amigo Frank Ar, en cuyo bar de copas encontré la inspiración para hablar de la misma

 En el enlace al vídeo que hoy os dejo podemos escuchar un fragmento del arranque de la obra Music for eighteen musicians del compositor norteamericano Steve Reich. Esta sensacional e impresionante pieza, creada entre 1974 y 1975 y de una duración cercana a una hora, constituye sin lugar a dudas la obra maestra de Steve Reich, un compositor cercano al estilo minimalista repetitivo, una corriente musical de las muchas que conformaron el llamado “delta posmoderno” — según la acertadísima definición del músico y erudito español Tomás Marco — en los últimos años de la década de los 60 y primeros de los 70 del siglo XX. Esta irresistible pieza obedece al modo en que los famosos “juegos de patrones” de Steve Reich se despliegan, uno a uno, entretejiéndose en un marco estructural más que convincente. Dicho marco consiste en un ciclo de once acordes, presentados en el principio de la obra, que luego se repiten de forma ampliada a lo largo del resto de la composición. Cada acorde se convierte en la base de un movimiento que dura varios minutos y que puede desarrollarse en forma de arco (ABCDCBA) o en cualquiera de sus técnicas típicas, como la de sustituir los pulsos por pausas. La división del conjunto orquestal en instrumentos “de respiración” (Viento y voz) e instrumentos de pulsación, aumenta la textura a capas, con estructuras lentas sobre una pausa establecida. Como con toda la música compuesta por Steve Reich, la influencia de la percusión africana es evidente y esos mencionados “juegos de patrones” no obedecen a la melodía, sino a los cambios de ritmo. Esta obra, a mi juicio, es una de las mejores partituras escritas en todo el siglo XX. Os recomiendo encarecidamente la audición de casi toda la obra a través de los distintos vídeos que se muestran en el portal YOUTUBE. De verdad, me lo vais a agradecer. (En SPOTIFY la podéis escuchar en su totalidad, con mucha mayor calidad de grabación).

 Si hay una tendencia que se suele identificar con la posmodernidad, ésta es el minimalismo y, más si cabe, el minimalismo repetitivo. De cualquier manera, conviene aclarar que existen muchos minimalismos que no tienen que ver nada con lo repetitivo. Ya con el serialismo se había intentado un deseo de simplicidad, patente en la concentración constructiva y expresiva de la obra de Anton Webern. También la escuela polaca, a pesar de su espectacularidad, alentaba una clara simplificación del lenguaje. Y no digamos la corriente de los seguidores de John Cage, como así ejemplifican muchas obras de La Monte Young y Morton Feldman, muy diferente en principio a los postulados del maestro. El término minimalismo se aplica a todo aquello que se reduzca a lo esencial y es una tendencia que puede encontrarse en todas las artes y en todas las épocas. El término, modernamente acuñado, se empleó por primera vez en 1965 cuando el filósofo británico Richard Wollheim lo empleó en una revista editada en Nueva York para referirse a la pintura de Ad Reinhardt y a las obras de gran contenido intelectual pero con poca manufactura. Otros pintores que cultivaron el minimalismo fueron Frank Stella, Barnett Newman y Sol Lewitt. A nivel escultórico, destacaron Anthony Caro, Richard Serra y Carl André. También la arquitectura hará su guiño particular al minimalismo, como así demuestran algunas obras de arquitectos tales como Tadao Ando, Pierre de Meuron y Jacques Herzog. El literatura, el movimiento presenta quizás una menor expresión. Aún así, escritores como Raymond Carver, Richard Ford o Anne Beattie han practicado en cierto modo esta tendencia. Pero si duda alguna, el minimalismo más famoso y persistente es el musical, que pasa por una convicción antiserial y un elevadísimo interés por la música africana, que es lo que, a buen seguro, le otorga su naturaleza repetitiva. Su base técnica suele ser un reduccionismo drástico de elementos sonoros, una repetición de modelos que van cambiando imperceptiblemente y una insistencia de elementos armónicos auténticamente tonales. Adquieren trascendental protagonismo los ritmos isócronos y simétricos, que en ocasiones pueden llegar a ser muy sutiles. Algunos críticos afirman que este constructivismo musical no deja de ser una imitación artesana de la música electrónica, aspecto en el que coincido en parte. El verdadero introductor de las técnicas repetitivas fue Terry Riley, pero quizás sea Steve Reich su mayor y más conocido referente (No olvidando, por supuesto, a Philip Glass).

 Steve Reich nació en Nueva York en 1936 y, tras graduarse en Filosofía por la Universidad de Cornell, amplió sus estudios musicales con Darius Milhaud y Luciano Berio. Pese a que reaccionó contra la ortodoxia serialista de EEUU, sus primeras obras fueron igual de rigurosas por la manera en que adoptó y mantuvo las ideas más simples. En la década de 1960 descubrió que si se ponían en marcha a la vez varias cintas idénticas en los antiguos magnetófonos, pronto perdían la sincronización. Fue entonces cuando transfirió esos efectos “de fases” a los instrumentos convencionales y, de esta manera, compuso sobre ellos de forma original. En 1966 creó Come out, primera pieza “de fases” y empieza a dar conciertos con su propio conjunto. Cuatro años más tarde, Fase, para violín solo, confirma toda su experimentación constructiva. En ese mismo año, viaja a Ghana para estudiar con la tribu Ewe — también en 1973 viajaría a Bali para estudiar su música tradicional. En 1971 compone Drumming, primera aparición en un gran concierto con orquesta, y posteriormente se dedicó al estudio del canto judío tradicional. A partir de la década de los años ochenta, Reich introduce el discurso como fuente de su inspiración, de ahí obras como Desert Music y Different trains. Ya en 2002, con Three tales, explora las nuevas tecnologías basadas en los efectos multimedia. Aunque su efecto musical no ha tenido la importancia de Philip Glass, en los círculos clásicos sí que es mayor debido a su rigor modernista. Pese a todo, el sonido característico de tamborileo, vientos y marimba ha logrado difundirse más lejos y aparece incluso en álbumes de mezcla pop.