En el enlace al vídeo que hoy os dejo podemos escuchar el enternecedor duo Prendi, l´anel ti dono (toma, el anillo te doy) de la ópera La sonnambula del compositor Vincenzo Bellini. La interpretación corre a cargo de Ferruccio Tagliavini y Lina Pagliughi acompañados de la Orquesta Sinfónica de la RAI de Turín dirigida por Franco Capuana y dicha grabación se encuentra disponible en el sello PREISER RECORDS (Ref 20038). La escena pertenece al cuadro primero del primer acto, cuando Amina y Elvino cantan el amor que sienten tras entregarle el novio un anillo de bodas y un ramo de violetas. Considerada por ciertos especialistas como la mejor ópera de Bellini, La sonnambula fue compuesta en apenas un par de meses y estrenada el 6 de marzo de 1831 en el Teatro Carcano de Milán. El libreto fue obra de Felice Romani, quien se basó en una obra de Eugène Scribe, y la ópera supuso el primer gran triunfo de Bellini. El derroche melódico del compositor y la sencillez de sus personajes contribuyeron al éxito de una trama que se caracteriza por la ausencia de instantes de verdadera tragedia, aspecto que suele caracterizar toda la obra de Bellini, marcada por la espontaneidad y apoyada por una orquestación muy delicada.
Tras la Segunda Guerra Mundial renació el interés por la ópera belcantista gracias a los esfuerzos de figuras como Maria Callas y Joan Sutherland. Algunos títulos que habían permanecido olvidados durante más de cien años fueron llevados a la escena aunque, en muchas ocasiones, sin tener una idea clara del modo en que habrían de sonar estas óperas en cuestión. El bel canto refleja el gusto por la improvisación propio del siglo XVIII y la exhibición técnica de unos cantantes a los que se les exigía una alta dosis de embellecimiento y decoración. Pero este pretendido ideal — técnica más gusto — no se realizaba a menudo y los cantantes tendían a hacer todo lo que se les pasaba por la cabeza ante la forzosa diplomacia por parte de los compositores. Algunas figuras líricas de la época no dudaban en modificar la música escrita para adaptarla a sus propias conveniencias, llegando al extremo de que a veces los compositores tenían dificultades para reconocer su propia obra. Con todo, los compositores escribían óperas con tanta rapidez debido a las necesidades del mercado que eran numerosos los pasticci o tomas prestadas de otras óperas. (El barbero de Sevilla, por ejemplo, toma prestado material de cuatro óperas anteriores). Además, esta velocidad meteórica de composición se veía favorecida porque todas las óperas se componían de acuerdo a una misma fórmula: coro inicial, serie de arias y conjuntos, y coro fin de acto en el que la pareja de cantantes avanzaba hasta el borde del escenario para imponerse al público. De los compositores belcantistas, tal vez fue Bellini el que trató de apartarse más de estas fórmulas.
Vincenzo Bellini nació el 3 de noviembre de 1801 en Catania, Sicilia, y en el seno de una familia de músicos, por lo que desde muy joven empezó a sentir inclinación hacia la música y la composición. Protegido por el duque de San Martino, de 1819 a 1825 Bellini amplió la formación inicial recibida de sus padres en el Conservatorio de Nápoles, estudiando contrapunto, armonía y composición bajo la tutela de los profesores Furno, Tritto y Zingarelli. Como colofón a sus enseñanzas en dicho conservatorio, Bellini presentó allí su primera ópera en 1825 causando tanta admiración que un año después recibiría un encargo del Teatro San Carlo. Posteriormente, Bellini partió hacia Milán, ciudad en donde empezó su colaboración con el libretista Felice Romani, y en donde obtuvo un relativo éxito con dos producciones. Pero fue en 1831 cuando Bellini alcanzó la gloria como operista al presentar en Milán sus dos obras maestras, La sonnambula y Norma. Tras un fracaso en Venecia, en 1833 Bellini rompió con Romani y aceptó un encargo en París tras dirigir en Londres. Establecido ya en la capital francesa, Bellini conoció allí a compositores de la talla de Chopin, Liszt y Cherubini, y compuso en 1835 su última producción, I Puritani, de éxito tan brillante como efímero. Aquejado de una grave enfermedad, Bellini falleció el 23 de septiembre de 1835 en Puteaux, Isla de Francia. Su prematura muerte cortó de raíz la esperanza más que prometedora que había logrado con su corta producción.
Junto con Rossini y Donizetti, Vincenzo Bellini fue uno de los compositores más brillantes de la ópera italiana del bel canto. La fama y perdurabilidad de algunas de sus óperas se debe a las largas e inspiradas frases líricas de los cantantes y a la gran agilidad vocal que su música suele exigir. Pero a diferencia de otros autores, Bellini se aseguró de que cada pieza de exhibición encajara perfectamente en la puesta en escena, por lo que toda explosión de aria llevaba a un clímax de emoción en el personaje. Compositor también de sinfonías, conciertos, canciones y música religiosa, Bellini fue un pintor de las emociones merced a una prodigiosa concepción melódica que dejó huella en autores como Chopin, Verdi e incluso Wagner. Sirva desde aquí nuestro humilde homenaje a este fabuloso compositor.
Desde la ya lejana época de Enrico Caruso, ningún otro tenor había conseguido una popularidad que superase con creces los marcos operísticos. Sin embargo, en un mundo donde la música se desdoblaba por otros cauces estéticos como el jazz o el rock, surgió un verdadero fenómeno de masas que logró colocar algunas de sus grabaciones discográficas en lo más alto de las listas de ventas y con ello acercó, en cierta medida, el complicado y a veces desconocido mundo de la ópera a todos los sectores de la población. Verdadero fenómeno social, Luciano Pavarotti se ganó la admiración y el respeto mundial mediante una voz de excepcional calidad y belleza, amén de por un carisma personal único e inimitable. Con su desaparición en el verano de 2007, la música perdió posiblemente al último gran ídolo del género lírico y a uno de los mejores cantantes que jamás hayan pisado los principales escenarios operísticos de todo el mundo.
Luciano Pavarotti nació el 12 de octubre de 1935 en Módena y en el seno de una humilde familia en donde el padre ejercía como panadero mientras que la madre trabajaba en una fábrica de cigarros. El padre era un gran aficionado a la ópera e incluso poseía una bellísima voz que le permitió cantar en ocasiones como solista en distintos coros. De esta manera, en el domicilio familiar solían escucharse las grabaciones de los grandes intérpretes operísticos de la época y así el pequeño Luciano pudo aficionarse desde muy joven al canto. Con todo, Luciano parecía ser un niño al que le gustaba más la práctica deportiva que la ópera y sopesó seriamente la posibilidad de trasladarse a Roma para formarse como monitor deportivo. Tras superar una gravísima enfermedad a los doce años que a poco le lleva a la tumba, la agradable voz del joven Pavarotti condicionó a que se inscribiera en las clases de canto que impartía el tenor Arrigo Pola. Este cantante sometió a Pavarotti a una espartana formación técnica con el objeto de limar todas las impurezas de su voz para lograr una línea de canto espontánea y natural. Durante aquel período de formación, Pavarotti trabajó también como profesor de educación física y como vendedor a domicilio de seguros. A partir de 1957, Pavarotti continuó sus estudios en Padua con Ettore Campogalliani al partir Arrigo Pola de gira artística hacia Japón. Durante los trayectos diarios que debía realizar entre Módena y Padua, Pavarotti conoció a una joven estudiante, Mirella Freni, con quien labraría una profunda amistad que se prolongó durante toda la vida y en la que hubieron de compartir numerosas experiencias artísticas. En 1961, tras haber estudiado cuatro años con el profesor Campogalliani, el joven Luciano logra conquistar el Concurso Internacional Achille Peri. Este galardón le permitió debutar en el Teatro Real de Emilia el 28 de abril de 1961 cantando La bohème de Puccini en una actuación que entusiasmó al público pero no así a su padre, quien le advirtió que debía seguir trabajando para mejorar su voz. Algo muy parecido ocurrió poco tiempo después en Lucca, cuando Pavarotti volvió a cantar dicha ópera y fue felicitado por Tito Schipa, quien también le recomendó que no forzara la voz para tratar de imitar a otros tenores. Aquel año de 1961 resultó muy especial para Pavarotti, ya que aparte de ofrecer sus primeras actuaciones también decidió contraer matrimonio con Adua Veroni el 30 de septiembre.
Tras haber conseguido un jugoso contrato para cantar en el Teatro Massimo de Palermo bajo la dirección de Tullio Serafin, el 18 de enero de 1963 Pavarotti cantó por primera vez fuera de Italia, en Amsterdam y posteriormente en Dublín, ciudad en la que su actuación no pasó desapercibida para el empresario del Covent Garden, John Ingpen, quien decidió llevarle a Londres para cubrir la más que probable cancelación de Giuseppe di Stefano, un tenor acostumbrado a suspender sus actuaciones de manera súbita y sin previo aviso. La intuición de Ingpen se confirmó tras la segunda representación de La bohème y Di Stefano canceló sus posteriores compromisos. Fue la gran oportunidad de Pavarotti, quien obtuvo un memorable éxito con el papel de Rodolfo que le abrió las puertas del Royal Festival Hall y del Festival de Glyndebourne. Ese mismo año de 1963, Pavarotti se presentó por primera vez en el Liceu de Barcelona cantando La traviata con gran éxito de crítica y público. Pero la gran popularidad internacional de Pavarotti surgió, en buena medida, merced a la amistad que mantuvo con el matrimonio formado por el director australiano Richard Bonynge y Joan Sutherland, con quienes participó en una prolongada gira por Australia ofreciendo los títulos más significativos del belcantismo de Bellini y Donizetti. A finales de 1965, Pavarotti pudo por fin debutar en La Scala invitado por Herbert von Karajan con un papel menor. Empero, el éxito fue tal que se le ofreció cantar ese mismo año Guillermo Tell de Rossini, circunstancia a la que se negó con rotundidad Pavarotti al considerar que ese rol no se ajustaba a las características ideales de su registro. A pesar de esa negativa, Karajan volvió a invitar a Pavarotti a cantar el Requiem de Verdi en La Scala en un concierto ofrecido en enero de 1967 y en memoria de Toscanini. Desde entonces, la relación entre ambos intérpretes fue muy estrecha y juntos realizaron algunas grabaciones discográficas que aún hoy son consideradas como verdaderos referentes.
Con treinta años de edad y apenas sólo cinco de actividad profesional, Pavarotti se había ya consagrado como uno de los tenores más importantes de su generación. Su carrera le llevó a actuar en los principales coliseos operísticos del mundo, como la Ópera de Viena y el Metropolitan. En 1970 se presentó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, junto a Mirella Freni, en lo que significó el principio de una larga lista de apariciones por toda la geografía española. Sin embargo, a mediados de los años setenta del siglo pasado, Pavarotti fue víctima de una fuerte depresión emocional que le hizo momentáneamente perder el interés por una carrera plagada de éxitos. Aquella circunstancia fue debida a la imparable obesidad que padecía el tenor, incompatible según sus propias palabras, con la interpretación escénica de los héroes románticos a quienes daba vida sobre los escenarios. Con todo, un accidente aéreo sufrido en el aeropuerto de Milán en diciembre de 1975 y en el que logró salvar su vida por muy poco, condicionó que Pavarotti viera la vida con otros ojos, dejando de lado la preocupación por su aspecto físico que tanto le atormentaba. Aún así, el tenor se sometió regularmente a unas dietas que le hacían perder más de treinta kilos aunque, al finalizarlas, no tardaba mucho en “recuperar” de nuevo el peso de antaño (quien esto escribe fue testigo, en 1991, de la voracidad de Pavarotti en un restaurante cercano al Teatro Real de Madrid. Nos encontrábamos un grupo de colegas celebrando el ascenso profesional de uno de nuestros amigos cuando mi compañero de asiento me advirtió de la presencia de Pavarotti en el local. A los postres, nos dirigimos a su reservado para tratar de conseguir un autógrafo y algunas palabras. Dábamos por sentado que él también habría finalizado su comida. En ese momento, un camarero, tras llamarnos la atención por la violación del reservado, retiró un plato de restos de pescado de la ubicación de Pavarotti para, a continuación, servir otro que me pareció una merluza en salsa verde. Por cierto, Pavarotti estuvo simpatiquísimo en todo momento con nosotros al tiempo que daba cuenta de su “segunda” merluza. Tras regresar a nuestra mesa y compartir unos pacharanes, nuestro grupo abandonó el local. Pavarotti seguía en el reservado y por allí se veía entrar de vez en cuando a algún camarero con nuevos platos…)
A partir de los años ochenta Pavarotti dedicó gran parte de su actividad artística a los macroconciertos y recitales al aire libre, actividad que ya había iniciado en la década anterior fundamentalmente en los EEUU. Pero fue a partir de 1990, durante la celebración de los Mundiales de Fútbol de Italia, cuando su popularidad rebasó cualquier límite conocido al integrarse junto a Josep Carreras y Plácido Domingo en el famoso trío conocido como Los Tres Tenores. Las apariciones de este grupo se prolongaron hasta 2002 por todo el mundo y consiguieron tanta aceptación como críticas por parte de los sectores más operísticamente ortodoxos. También en 1991 Pavarotti fue requerido por la organización humanitaria War Child para ofrecer una serie de conciertos destinados a recaudar fondos. Con todo, las actuaciones de Pavarotti en los coliseos puramente operísticos se fueron reduciendo a partir de estos años, tal vez debido a una cierta fatiga del cantante que le llevó a situaciones un tanto embarazosas como en la decepcionante inauguración de la temporada de La Scala en 1992 con Don Carlo o el severo traspiés cometido en 1996 en el Metropolitan durante una representación de Donizetti. A finales de 2003 el tenor sorprendió a todo el mundo al casarse en segundas nupcias con su secretaria Nicoletta Mantovani, una mujer treinta años más joven. Surgieron entonces algunos comentarios críticos sobre el artista, totalmente injustificados, y se llegó incluso a decir que Pavarotti cantaba “de memoria” al no saber solfeo, algo realmente insólito y difícil de creer. En 2004, y poco antes de cumplir los 70 años, Pavarotti anunció su retirada de los escenarios mediante el Tour del Adiós, una gira mundial de despedida que tuvo que ser suspendida casi en sus postrimerías en 2006 como consecuencia de una dolencia en la espalda. En julio de ese año se le detectó un tumor maligno en el páncreas y consecuentemente fue intervenido de urgencia en Nueva York, cancelando todos los conciertos y recitales programados. En agosto de 2007 volvió a ser ingresado en el hospital debido a una serie de complicaciones relacionadas con su cáncer de páncreas. Los médicos descartaron cualquier recuperación y le permitieron que regresara a su casa para pasar sus últimos días en la intimidad de su familia. Dos semanas después, el 6 de septiembre de 2007, Pavarotti fallecía finalmente en su hogar de Módena. La noticia causó verdadera conmoción en todo el mundo y su funeral tuvo honores de estado con la asistencia de las principales personalidades políticas de Italia.
Puede decirse que, de manera resumida, fueron tres los principios fundamentales en los que Pavarotti asentó su técnica lírica: Por una parte, el apoyo sobre el diafragma que llegó a dominar del todo durante su gira por Australia junto a Joan Sutherland; de otra, la concentración en el contenido expresivo de lo que cantaba a través de una articulación limpia y una dicción clarísima; y, por último, el control del pasaggio, esto es, el punto en que la voz pasa de un registro a otro y que le permitió producir increíbles agudos puros de extrema brillantez y rotundidad. Pero a estos tres principios fundamentales le podríamos añadir otro nada desdeñable: Pavarotti fue, sobre todo durante los primeros años de su carrera artística, extraordinariamente prudente a la hora de aceptar cada nuevo papel. Supo concentrarse en el repertorio belcantista de Bellini y Donizetti junto con algunos roles de Verdi, Puccini y los compositores veristas Mascagni y Leoncavallo. Determinados papeles — Mefistofele y Andrea Chénier — sólo los interpretó para la producción discográfica y sólo en sus últimos años se atrevió con el dificilísimo rol de Otello de Verdi. Con esta prudente y sabia elección, Pavarotti pudo mantenerse en plenas facultadas a lo largo de más de 35 años de carrera. Su voz, eminentemente lírica, fue ganando cuerpo con los años y en la emisión de agudos no tuvo apenas rivales. En el terreno de los recitales Pavarotti supo incluir, junto a las inevitables arias de óperas, algunos lieder y canciones napolitanas a las que dotó de una expresividad y brillantez únicas.
Luciano Pavarotti fue un tenor de inmenso talento pero, especialmente, de un extraordinario oficio. Supo resumir en su persona y en su voz las características fundamentales del tenor clásico italiano, brillante y desinhibido, y a su vez heredero de grandes nombres como Di Stéfano, Gigli o Raimondi. Sin despreocuparse nunca del hecho escénico, sirvió fundamentalmente a la idea de que en su profesión era la voz el verdadero instrumento capaz de emocionar a los públicos. Epígono entre los tenores de la antigua y la nueva generación, Pavarotti no ha tenido descendencia artística — los intentos de buscarle un sucesor en la figura de Juan Diego Flórez resultan tan torpes como prematuros — y será siempre recordado como un tenor modélico por la elegancia de su canto, la belleza de su timbre y la inigualable brillantez de sus agudos.
De entre la inmensa producción discográfica debida a Luciano Pavarotti podemos mencionar las siguientes grabaciones (Advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): In questa tumba oscura de Beethoven, junto a Leone Magiera (DECCA 466350); Beatrice di Tenda de Bellini, junto a Sutherland, Ward y Veasey, y la Sinfónica de Londres dirigida por Richard Bonynge (DECCA 433706); I Capuleti e I Montecchi de Bellini, junto a Rinaldi, Aragall y Monachesi, y la Orquesta de la Residencia de La Haya dirigida por Claudio Abbado (OPERA D´ORO 171); I Puritani de Bellini, junto a Sutherland, Ghiaurov y Cappuccilli, y la Sinfónica de Londres dirigida por Richard Bonynge (DECCA 417588); La Sonnambula de Bellini, junto a Sutherland, Ghiaurov y Jones, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Richard Bonynge (DECCA 417424); Agnus Dei de Bizet, junto a la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Kurt Adler (DECCA 530102); Mefistofele de Boito, junto a Caballé, Freni y Ghiaurov, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Oliviero di Fabritiis (DECCA 425102); El elixir del amor de Donizetti, junto a Sutherland, Cossa y Casula, y la English Chamber Orchestra dirigida por Richard Bonynge (DECCA 624702); La favorita de Donizetti, junto a Cossotto, Bacquier y Ghiaurov, y la Orquesta del Teatro Comunal de Bolonia dirigida por Richard Bonynge (DECCA 430038); La fille du régiment de Donizetti, junto a Sutherland, Cossa y Sinclair, y la Orquesta del Covent Garden dirigida por Richard Bonynge (DECCA 414520); Lucia de Lammermoor de Donizetti, junto a Sutherland, Ghiaurov y Davies, y la Orquesta del Covent Garden dirigida por Richard Bonynge (DECCA 410193); Maria Stuarda de Donizetti, junto a Sutherland, Soyer y Elkins, y la Orquesta del Teatro Comunal de Bolonia dirigida por Richard Bonynge (DECCA 425410); Panis Angelicus de César Franck, junto a la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Stephen Cleobury (DECCA 123002); Andrea Chénier de Giordano, junto a Krause, Caballé y Nucci, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Riccardo Chailly (DECCA 410117); I Pagliacci de Leoncavallo, junto a Wixell, Freni y Bello, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Giuseppe Patané (DECCA 414590); Cavalleria Rusticana de Mascagni, junto a Varády y Cappuccilli, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Gianandrea Gavazzeni (DECCA 444391); Manon de Massenet, junto a Freni, Ricciardi y Zerbini, y la Orquesta de La Scala de Milán dirigida por Peter Maag (OPERA D´ORO 1164); La Gioconda de Ponchielli, junto a Caballé, Ghiaurov y Del Carlo, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Bruno Bartoletti (DECCA 425502); La Bohéme de Puccini, junto a Harwood, Freni y Panerai, y la Filarmónica de Berlín dirigida por Herbert von Karajan (DECCA 421049); Madama Butterfly de Puccini, junto a Freni, Ludwig y Schneider, y la Filarmónica de Viena dirigida por Herbert von Karajan (DECCA 417577); Manon Lescaut de Puccini, junto a Freni, Vargas y Bartoli, y la Orquesta del Metropolitan de Nueva York dirigida por James Levine (DECCA 440200); Tosca de Puccini, junto a Milnes, Freni y Tajo, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Nicola Rescigno (DECCA 414016); Turandot de Puccini, junto a Sutherland, Pears y Ghiaurov, y la Filarmónica de Londres dirigida por Zubin Mehta (DECCA 414274); Guillermo Tell de Rossini, junto a Freni, Milnes y Ghiaurov, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Riccardo Chailly (DECCA 417154); Stabat Mater de Rossini, junto a Lorengar, Minton y Sotin, y la Sinfónica de Londres dirigida por István Kertész (DECCA 417766); Der Rosenkavalier de Richard Strauss, junto a Equiluz, Minton y Crespin, y la Filarmónica de Viena dirigida por Sir Georg Solti (DECCA 417493); Aida de Verdi, junto a Nucci, Dimitrova y Roni, y la Orquesta de La Scala de Milán dirigida por Lorin Maazel (DECCA 417439); Don Carlo de Verdi, junto a Dessi, Ramey y Coni, y la Orquesta de La Scala de Milán dirigida por Riccardo Muti (EMI 54867); Ernani de Verdi, junto a Sutherland, Nucci y Burchuladze, y la Orquesta de la Ópera de Gales dirigida por Richard Bonynge (DECCA 421412); I lombardi de Verdi, junto a Ramey, Anderson y Leech, y la Orquesta del Metropolitan de Nueva York dirigida por James Levine (DECCA 455287); Il trovatore de Verdi, junto a Sutherland, Horne y Ghiaurov y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Richard Bonynge (DECCA 417137); La traviata de Verdi, junto a Sutherland, Manuguerra y Lambriks, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Richard Bonynge (DECCA 430491); Luisa Miller de Verdi, junto a Caballé, Céline y Reynolds, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Peter Maag (DECCA 64612); Macbeth de Verdi, junto a Fischer-Dieskau, Ghiaurov y Lawrence, y la Filarmónica de Londres dirigida por Lamberto Gardelli (DECCA 440048); Otello de Verdi, junto a Keyes, Te Kanawa y Nucci, y la Sinfónica de Chicago dirigida por Sir Georg Solti (DECCA 433669); Rigoletto de Verdi, junto a Sutherland, Talvela y Milnes, y la Sinfónica de Londres dirigida por Richard Bonynge (DECCA 414269); y, finalmente, Un ballo in maschera de Verdi, junto a Donath, Tebaldi y Milnes, y la Orquesta de Santa Cecilia de Roma dirigida por Bruno Bartoletti (DECCA 460762). Nuestro humilde homenaje a este portentoso e inigualable tenor.
Muchos cantantes han obtenido el éxito y la fama mundial merced a una excepcional técnica interpretativa capaz de resolver los más complicados pasajes de las partituras con verdadera brillantez. Sin embargo, son más bien pocos los que atesoran una de las grandes virtudes que separan la línea entre lo meramente eficaz y lo realmente excepcional: La belleza del timbre de voz. El cantante catalán Josep Carreras debe sus éxitos, en buena parte, a estas dos condiciones que emplea con una generosidad y entrega del todo arrolladoras. Pero además, y ya en medio de una fama y reconocimiento unánimes, Carreras superó una de las asignaturas más difíciles a la que puede verse sometido un ser humano. Su milagrosa curación de una gravísima leucemia en menos de un año le convirtió en todo un símbolo muy especial para millones de personas. Hoy en día, y gracias a su tesón y fuerza de voluntad, Josep Carreras sigue siendo uno de los más grandes tenores de su generación.
Josep Carreras nació en Barcelona el 5 de diciembre de 1946 en el seno de una familia en donde el padre ejercía como guardia urbano mientras que la madre regentaba una peluquería. Si bien en la familia no existían antecedentes musicales, pronto los padres de Josep se dieron cuenta de la enorme inclinación que mostraba su hijo por la música. Consecuentemente, el pequeño Josep ingresó en el Conservatorio con apenas siete años de edad y ya desde entonces tuvo muy claro que su especialidad iba a ser el canto, aspecto en el que tuvo mucho que ver la asistencia en 1955 a una representación operística en el Liceu protagonizada por Renata Tebaldi. Allí tuvo como primera profesora a Magda Pruneda. Si bien el pequeño Josep ya entretenía a las clientas de la peluquería de su madre improvisando algunas actuaciones, fue en un concurso radiofónico donde Carreras, merced a una magnífica interpretación de La donna è mobile, llamó la atención de don Juan Antonio Pamias, a la sazón director del Gran Teatre del Liceu. Corría el año 1958 cuando Pamias instó al joven Carreras a cantar El retablo de Maese Pedro bajo la dirección de José Iturbe. La velada resultó un completo éxito y tanto crítica como público quedaron gratamente sorprendidos antes las enormes cualidades mostradas por un chaval de once años. Por fortuna, la familia de Josep se negó en rotundo a que nadie explotase comercialmente las dotes de su hijo.
Ya en la adolescencia, Josep Careras continuó sus estudios con el profesor de canto Jaume Francesc Puig, con quien trabajó desde 1963 a 1968. El 8 de enero de 1970, Carreras debuta profesionalmente en el Liceu junto con Montserrat Caballé, soprano cuya influencia fue decisiva para el lanzamiento internacional del tenor. En ese mismo año ambos cantantes obtienen un colosal éxito cantando Lucrezia Borgia, por lo que Carreras es invitado a participar en Londres y Nueva York. En 1971 Carreras contrajo matrimonio con Mercedes Pérez y obtuvo además el primer premio en el Concurso Internacional de Canto Giuseppe Verdi de Parma. Este galardón le abrió las puertas de los principales coliseos italianos y consecuentemente debutó en Parma en 1972 con La bohème, actuando con otra cantante con la que colaborará asiduamente a lo largo de su carrera, Katia Ricciarelli. Antes de acabar ese año Carreras cantó en el New York City Opera con tanto éxito que fue requerido para las cinco temporadas posteriores. No tardó en llegar el debut en el Metropolitan, circunstancia que se produjo el 18 de noviembre de 1974 cantando Tosca. Aquel año de 1974 resultó triunfal para Carreras, ya que además triunfó en la Royal Opera House de Londres y en la Ópera de Viena. El público londinense se quedó prendado de un tenor al que ya conocían por sus anteriores actuaciones en el Royal Festival Hall. El esperado debut en La Scala se produjo en 1975 cantando, junto a la Caballé, Un ballo in maschera y obteniendo un éxito arrollador. Fue entonces cuando el director austríaco Herbert von Karajan invitó a Carreras a cantar en Salzburgo el Requiem de Verdi. A partir de ese momento se inició una estrecha colaboración entre ambos artistas que dio como resultado un buen puñado de relevantes grabaciones discográficas. En 1982 Carreras cantó Carmen por primera vez en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y desde entonces dicho rol lo paseó por los principales coliseos del mundo. Un par de años después, Carreras grabó West Side Story de Leonard Bernstein luego de salvar algunas dificultades iniciales de comprensión de dicha partitura. Contando sus actuaciones como triunfos, Carreras era uno de los tenores más solicitados del panorama lírico mundial a mediados de los años ochenta.
El 13 de julio de 1987 Carreras se ve obligado a suspender una grabación a causa de una infección bucal y es ingresado en un hospital de París. Al día siguiente, el doctor Bernard le confirma la gravedad de su enfermedad, una leucemia de muy difícil curación. Carreras no se descompuso ante esta gravísima circunstancia y se trasladó hasta Seattle a mediados de 1987 para someterse a un trasplante de médula. Afortunadamente, la evolución de la enfermedad resultó del todo positiva y Carreras retornó a Barcelona el 27 de febrero de 1988. Recuperada su salud, Carreras volvió a su profesión y ofreció numerosos recitales por todo el mundo. En 1990, y con motivo de la celebración de los Mundiales de Fútbol en Italia, Carreras participa en un recital junto con Pavarotti y Plácido Domingo que se convertiría en el primero de una serie de actuaciones, criticadas a veces por los más puristas, del conjunto conocido como Los Tres Tenores. Las giras y grabaciones realizadas con este conjunto le dieron a Carreras, aún más si cabe, una enorme fama internacional. Galardonado con el premio Príncipe de Asturias en 1991, la vocación de Carreras ha continuado plagada de éxitos desde entonces, compaginando esa labor artística con la presidencia de la Fundación Internacional contra la Leucemia. Tras contraer nuevo matrimonio en 2006 con la azafata Jutta Jäger, en mayo de 2009 The Times ofrece unas declaraciones de Carreras en las que se afirma que se retira de los escenarios operísticos para centrarse únicamente en conciertos y recitales. Ante el revuelo causado por dicha noticia, el tenor no tardó en ofrecer un comunicado en el que desmentía rotundamente esa afirmación aparecida en The Times y en la que declaró que volvería a cantar ópera siempre que se den las condiciones apropiadas y óptimas para ello. En los últimos tiempos, la polémica ha rodeado a Carreras merced a unas supuestas declaraciones en donde afirmaba su deseo de una Catalunya independiente.
Para la gran mayoría de la crítica y de los aficionados, el secreto del éxito de Josep Carreras radica en la humanidad que transmite en su canto, en un generoso poder de comunicación que traduce todos los matices y la riqueza expresiva de las obras que canta. Su voz muestra un esplendor máximo, con un bellísimo y cautivador timbre que se apoya en una exquisita musicalidad y en un dominio casi perfecto de la técnica. Carreras es un magnífico intérprete del estilo verdiano en base a su expresivo registro lírico y a una portentosa dicción. La palabra es tan importante como la voz para Carreras, quien afirma que es fundamental que el público sepa lo que se está cantando en todo momento. El repertorio del tenor barcelonés es variadísimo, desde el belcanto al verismo, y es uno de los tenores que más óperas completas ha registrado en disco. También ha realizado incursiones en otro tipo de música más ligera y en sus recitales suele divulgar una serie de arias menos conocidas del repertorio.
Josep Carreras ha sido y es un tenor muy admirado por las más relevantes figuras del panorama musical internacional. Tras salvar una serie de dificultades iniciales con Leonard Bernstein durante la grabación de West Side Story, el director americano manifestó que Carreras era uno de los más grandiosos tenores con los que había nunca colaborado. Aún más cercana fue la relación artística entre Carreras y el director Herbert von Karajan, quien declaró en repetidas ocasiones que el tenor barcelonés era su predilecto. Por su parte, el tenor italiano Giuseppe di Stefano — con quien siempre tuvo muchos puntos en común según la opinión de algunos especialistas — manifestó, tras escuchar a un joven Carreras en su debut en Parma, que el tenor español lo tenía absolutamente todo para triunfar. Pero si hay una artista cuya relación ha sido del todo íntima con Carreras, ésta no ha sido otra que Montserrat Caballé. La soprano barcelonesa ayudó muchísimo a Carreras durante sus inicios y siempre creyó a fe ciega en su talento y sus posibilidades. Ambos artistas han compartido escenario en cientos de ocasiones y, en palabras del propio Carreras, la relación entre ellos fue siempre de tipo íntimo y familiar, incomparable a la que haya podido mantener con otros colegas de profesión. Empero, esta relación pareció enfriarse un tanto cuando Carreras se divorció de su primera esposa, gran amiga del entorno de la Caballé. Con todo, Carreras nunca ha escatimado elogios hacia la soprano barcelonesa y siempre ha manifestado su veneración por ella.
De entre la extensa discografía debida a Josep Carreras podemos mencionar las siguientes grabaciones (advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra señalada): Selección de arias de Bellini, junto a Martin Katz (SONY 45863); West Side Story de Bernstein, junto a Troyanos, Kanawa y Ollmann, y la Sinfónica de Londres dirigida por Leonard Bernstein (DG 447958); Carmen de Bizet, junto a Baltsa, Zednik y Van Dam, y la Filarmónica de Berlín dirigida por Herbert von Karajan (DG 410088); Adriana Lecouvreur de Cilèa, junto a Caballé, Cossotto y Vinco, y la Orquesta Sinfónica NHK de Tokio dirigida por Giancarlo Masini (VIDEO ARTISTS 4435); El elixir del amor de Donizetti, junto a Ricciarelli y la Orquesta Sinfónica de la RAI de Turín dirigida por Claudio Scimone (PHILIPS 475442); Lucia de Lammermor de Donizetti, junto a Sardinero, Murray y Caballé, y la New Philharmonia dirigida por Jesús López Cobos (PHILIPS 426563); Poliuto de Donizetti, junto a Gavanelli, Ricciarelli y Pons, y la Orquesta Sinfónica de Viena dirigida por Oleg Caetani (CBS 44821); Siete Canciones populares españolas de Falla, junto a la English Chamber dirigida por Luciano Berio (PHILIPS 432889); Andrea Chénier de Giordano, junto a Zancanaro, Pane y Federici, y la Orquesta de la Ópera de Hungría dirigida por Giuseppe Patané (CBS 42369); Romeo y Julieta de Gounod, junto a Wise, Esteve y Monachesi, y la Orquesta del Teatre del Liceu dirigida por Jacques Delacôte (OPERA D´ORO 1203); Granada de Agustín Lara, junto a la English Chamber dirigida por Roberto Benzi (PHILIPS 432825); Matinatta de Leoncavallo, junto a la English Chamber dirigida por Enrique García Asensio (PHILIPS 411422); Pagliacci de Leoncavallo, junto a Scotto, Benelli y Allen, y la Philharmonia Orchestra dirigida por Riccardo Muti (EMI 63650); La Gioconda de Ponchielli, junto a Manuguerra, Payne y Caballé, y orquesta sin mencionar dirigida por Jesús López Cobos (OPERA D´ORO 1202); La bohème de Puccini, junto a Scotto, Stratas y Morris, y la Orquesta del Metropolitan de Nueva York dirigida por James Levine (DG 1347209); Madame Butterfly de Puccini, junto a Berganza, Pons y Freni, y la Philharmonia Orchestra dirigida por Giuseppe Sinopoli (DG 423567); Manon Lescaut de Puccini, junto a Te Kanawa, Matteuzzi y Tajo, y la Orquesta del Teatro Comunal de Bolonia dirigida por Riccardo Chailly (DECCA 460750); Tosca de Puccini, junto a Ricciarelli, Raimondi y Corena, y la Filarmónica de Berlín dirigida por Herbert von Karajan (DG 413815); Turandot de Puccini, junto a Caballé, Freni y Corazza, y la Orquesta Filarmónica de Estrasburgo dirigida por Alain Lombard (EMI 65293); Otello de Rossini, junto a Von Stade, Ramey y Lewis, y la Philharmonia Orchestra dirigida por Jesús López Cobos (PHILIPS 432456); Samson et Dalila de Saint-Saëns, junto a Malmberg, Baltsa y Estes, y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera dirigida por Sir Colin Davis (PHILIPS 942202); Aida de Verdi, junto a Cappuccilli, Van Dam y Raimondi, y la Filarmónica de Viena dirigida por Herbert von Karajan (EMI 69300); Don Carlo de Verdi, junto a Baltsa, Cappuccilli y Taimondi, y la Filarmónica de Berlín dirigida por Herbert von Karajan (EMI 69304); I due Foscari de Verdi, junto a Ricciarelli, Ramey y Cappuccilli, y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Austria dirigida por Lamberto Gardelli (PHILIPS 950702); I lombardi de Verdi, junto a Bini, Dimitrova y Vannini, y la la Orquesta del Teatro de la Scala dirigida por Gianandrea Gavazzeni (KULTUR VIDEO 2036); Il corsaro de Verdi, junto a Norman, Mastromei y Caballé, y la New Philharmonia Orchestra dirigida por Lamberto Gardelli (PHILIPS 492102); Il trovatore de Verdi, junto a Ricciarelli, Lloyd y Masurok, y la Orquesta del Covent Garden dirigida por Sir Colin Davis (PHILIPS 446151); Jérusalem de Verdi, junto a Falcone, Monreale y Corradi, y la Orquesta de la RAI de Turín dirigida por Gianandrea Gavazzeni (BELLA VOCE 7213); La battaglia di Legnano de Verdi, junto a Ricciarelli, Summers y Murray, y la Orquesta de la Radio de Austria dirigida por Lamberto Gardelli (PHILIPS 942502); La forza del destino de Verdi, junto a Bruson, Baltsa y Burchuladze, y la Philharmonia Orchestra dirigida por Giuseppe Sinopoli (DG 419203); La traviata de Verdi, junto a Scotto, Mazzini y Bruscantini, y la Orquesta del Teatro de la Scala dirigida por Nino Verchi (OPERA D´ORO 1279); Luisa Miller de Verdi, junto a Bruson, Silva y Ricciarelli, y la Orquesta del Teatro de Turín dirigida por Fernando Previtali (OPERA D´ORO 1205); Macbeth de Verdi, junto a Milnes, Raimondi y Cossotto, y la New Philharmonia Orchestra dirigida por Riccardo Muti (EMI 67128); Rigoletto de Verdi, junto a Shuttleworth, Evans y Wise, y la Orquesta de la Ópera de Nueva York dirigida por Julius Rudel (GALA 549); Simon Boccanegra de Verdi, junto a Van Dam, Freni y Ghiaurov, y la Orquesta del Teatro de la Scala dirigida por Claudio Abbado (DG 449752); Stiffelio de Verdi, junto a Sass, Ganzarolli y Manuguerra, y la Orquesta de la Radio de Austria dirigida por Lamberto Gardelli (PHILIPS 422432); y finalmente Un ballo in maschera de Verdi, junto a Caballé, Wixell y Payne, y la Orquesta del Covent Garden dirigida por Sir Colin Davis (PHILIPS 426560). Nuestro humilde homenaje a este excepcional tenor barcelonés.
Vincenzo La Scola nació el 25 de enero de 1958 en Palermo, Italia, y comenzó a estudiar canto con Arrigo Pola, Carlo Bergonzi y Rodolfo Celletti. En 1982, La Scola ganó el Premio Alessandro Ziliano y ello le facultó para debutar profesionalmente un año después en el Teatro Regio de Parma. A partir de entonces su carrera se desarrolló rápidamente y durante la década de los años ochenta cantó en los principales coliseos operísticos europeos. Ya en los años noventa, La Scola hizo su presentación en América cantando en centros tan importantes como la Ópera de San Francisco y el Metropolitan, aparte de haber también debutado en la Ópera de Viena. Especialista tanto en el repertorio belcantista como en el de Verdi y Puccini, La Scola desarrolló una exitosa carrera internacional hasta que el pasado 15 de abril de 2011 un infarto de miocardio acabó con su vida mientras se encontraba en Mersin, Turquía, impartiendo una clase magistral. Nombrado embajador de la UNICEF en el año 2000, La Scola alternó su labor artística con la docencia en la Academia Verdi-Toscanini de Parma. Como ejemplos del arte interpretativo de Vincenzo La Scola dejamos unos enlaces con obras de Bellini, Cardillo, Cilèa, Donizetti, Lara, Mascagni, Offenbach, Puccini, Respighi, Sorozábal, Stradella, Tosti y Verdi. Descanse en paz este extraordinario tenor prematuramente fallecido a los 53 años de edad.
Considerado por la crítica como uno de los tenores más eminentes de su tiempo y uno de los mejores intérpretes de Verdi, tal vez Carlo Bergonzi no logró la fama y la resonancia que en justicia merecía. Su presencia en el firmamento operístico coincidió cuando también estaban en su cénit los grandes “aulladores” del registro masculino agudo, Giuseppe di Stefano y Mario del Monaco, cantantes que siempre arrastraron una legión de fanáticos admiradores en una época en la que el canto adoleció de una censurable deformación estilística. Sin embargo, Carlo Bergonzi fue un caso claro de vocación precoz por el mundo profesional de la música. Aficionado desde niño a la ópera, Bergonzi siempre tuvo muy claro desde adolescente que lo suyo era cantar. Quizás tuvo mucho que ver en ello el hecho de que fuese casi paisano del compositor que más influyó en su trayectoria artística, Giuseppe Verdi.
Carlo Bergonzi nació el 13 de julio de 1924 en Vidalenzo, Parma, en el seno de una familia en donde el padre, fabricante de quesos, era un gran aficionado a la ópera. De esta forma, el pequeño Carlo solía acompañar a su padre a alguna representación operística en la cercana Busseto. En una ocasión, tras presenciar una función de Il trovatore, los padres observaron a la mañana siguiente como el chiquillo cantaba fragmentos de las arias que aún recordaba. Poco a poco el pequeño Carlo participa como cantante aficionado en la iglesia de su pueblo natal e incluso llega a intervenir en algunas representaciones ofrecidas en el teatro de Busseto sin haber recibido previamente formación alguna, es decir, cantando de memoria. Su voz no pasó desapercibida para los viejos aficionados del lugar, entre ellos el barítono Edmondo Grandini, quien decidió aceptarle como alumno en su residencia de Brescia. De esta manera, Bergonzi recibió sus primeras clases de música y canto cuando ya contaba con catorce años de edad. Grandini instruyó al joven Bergonzi en la tesitura de barítono, circunstancia que pudo haber resultado fatal en su carrera. Empero, el estallido de la Segunda Guerra Mundial supuso un paréntesis en la formación musical de Bergonzi. Destinado militarmente en Mantua, Bergonzi se resuelve como un antifascista convencido y en 1943 es detenido por las fuerzas alemanas y confinado a un campo de concentración, en donde permaneció hasta el final de la contienda. Una vez liberado, Bergonzi regresa a Italia y decide estudiar música de una forma más sistemática, motivo por el cual ingresa en el Conservatorio Boito de Parma. Allí estudió por un período de tres años bajo la tutela del profesor Ettore Campogalliani, quien también creyó ver en el alumno a un barítono y en consecuencia le hizo estudiar papeles para ese registro. De esta manera, Carlo Bergonzi inició su carrera profesional en 1948 en Lecce cantando un rol de barítono — Fígaro de El barbero de Sevilla — y posteriormente siguió interpretando papeles para esa tesitura. Sin embargo, Bergonzi se fue dando cuenta de que tenía ciertas dificultades técnicas en este registro y poco a poco fue descubriendo que su voz se adaptaba mucho mejor a la tesitura de tenor. Pese a que ya había recibido muchas críticas favorables como barítono, Bergonzi decidió cambiarse al registro más favorable de tenor.
A partir de 1950 Bergonzi tuvo que reeducar su voz para adaptarla a la nueva tesitura y por ello se vio obligado a estudiar nuevos papeles. En 1951 debuta en su nueva faceta de tenor en el teatro Petruzzelli de Bari cantando Andrea Chénier, un peligrosísimo y arriesgado rol propio de tenor spinto que, pese a todo, Bergonzi interpretó a la perfección ya que su pasado como barítono le otorgaba la potencia necesaria para cantar dicho papel. Poco después Bergonzi se presenta en el Teatro Novo de Milán con papeles de Verdi y a partir de ese momento trabaja concienzudamente para aligerar su voz. En 1953 debuta por fin en La Scala con Masaniello de Nápoli y ese mismo año se presenta en el teatro londinense de Stoll con La forza del destino. A partir de ese momento Bergonzi se muestra muy activo y ofrece numerosas representaciones en su país al tiempo que comienza a grabar sus primeros registros discográficos. En 1955 viaja a los EEUU y consigue un enorme éxito en Chicago que confirma la temporada siguiente en el Metropolitan neoyorquino. Desde ese momento, Bergonzi es ya considerado como un tenor de prestigio internacional que cosecha espectaculares éxitos allí donde interviene.
A principios de la década de los sesenta del siglo pasado Bergonzi se convierte en un habitual de La Scala merced a sus interpretaciones de roles verdianos. Con todo, y pese a haber actuado allí en 1963 bajo las órdenes de Herbert von Karajan, siempre se le vio en Milán como a un tenor distinto y sujeto a un mayor rigor crítico que el que se tenía con otros cantantes de moda (algo parecido le sucedió también allí a Alfredo Kraus). Mucho de esto tuvo que ver con la negativa de Bergonzi a cantar I pagliacci en el escenario milanés a propuesta también de Karajan. El maestro austríaco le retiró la palabra para los restos (años después, Karajan le telefoneó a Nueva York y le dijo: –”Sigues siendo el mejor tenor del mundo” – Cuando Bergonzi fue a contestar, Karajan colgó el teléfono). Bergonzi no se descompuso por dicha circunstancia y aprovechó durante años para estudiar concienzudamente el repertorio más apropiado para su voz. Donde su figura fue más y mejor apreciada fue en el Covent Garden, escenario en el que debutó en 1962 y en el cantó la mayoría de los personajes de Verdi y Puccini a lo largo de su trayectoria artística. Ya en los años ochenta, Bergonzi centralizó más su actividad en los recitales que en los escenarios operísticos. En 1995 dio por terminada su carrera artística mediante un concierto ofrecido en Viena aunque un año después también se despidió del público del Metropolitan. En el año 2000 intentó ofrecer una versión de concierto de Otello de Verdi junto a la Orquesta de la Ópera de Nueva York. Por desgracia, el concierto no pudo finalizar debido a una imprevista enfermedad del tenor. Retirado definitivamente de los escenarios, Bergonzi se dedicó a gestionar su hotel-restaurante — I due Foscari — en las proximidades de Busseto que actualmente regenta su hijo Marco.
Para muchos especialistas, el secreto de la pureza de estilo de Bergonzi estuvo en su técnica de respiración. De hecho, siempre que se le preguntaba acerca de su técnica de canto Bergonzi respondía con un escueto: –”Respiro”– Pero la naturalidad interpretativa de Bergonzi fue el fruto de largos años de duro aprendizaje y estudio. La técnica de saber respirar en el canto no se adquiere de un día para otro. Para obtener ese sonido tan rico en color que poseía Bergonzi fue preciso emplear una técnica de espiración mediante la cual el aire era expulsado lentamente y regulando la presión. Sin embargo, la respiración no es un fin en sí, sino un medio para conseguir la correcta interpretación según los estilos. A diferencia de otros cantantes, Bergonzi nunca forzaba la voz en los momentos previos a salir al escenario y procuraba que ésta estuviese del todo descansada. La pureza y elegancia de su voz, unida a un magnífico fraseo, dieron como consecuencia un modo de canto en el que se unen una gran sensibilidad interpretativa y una rigurosa conciencia estilística.
Contra lo que se pueda imaginar, Bergonzi criticó severamente la forma en que Verdi trató la voz de tenor. Según su opinión, la música escrita por Verdi, excelente pero dificilísima de interpretar, no perdona nada, no tolera imperfecciones ni desviaciones de estilo. De ahí que haya llevado a la fama a muchos tenores de la misma forma que ha arruinado a otros. Para cantar a Verdi el tenor ha de ser especialmente inteligente y no dejarse llevar por el ímpetu verdiano de la orquesta, la gran trampa que encierra la música del compositor de Busseto. Siempre según Bergonzi, un cantante capaz de cantar bien a Verdi no tendrá jamás problemas para enfrentarse con cualquier rol verista, muchísimo más simple de interpretar. En su opinión, Caruso fue el más grande tenor de la historia debido a la belleza sin par de su voz, una voz que sonaba tan natural que parecía que nunca hubiese requerido de una previa preparación. Bergonzi confiesa que para llegar a ser un verdadero cantante de ópera se necesita de una gran dedicación y de un verdadero amor a la música. En los cursos de interpretación que llegó a dictar, Bergonzi procuraba que los alumnos intentaran perpetuar la técnica de la respiración. Con todo, siempre se queja de que en los tiempos modernos muchos jóvenes cantantes de ópera persigan el éxito rápido aún descuidando una técnica tan elemental como necesaria.
Entre la producción discográfica de Carlo Bergonzi podemos destacar las siguientes grabaciones (advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): Mefistofele de Arrigo Boito, junto a Tebaldi, Cole y Mayer, y la Orquesta de la RAI dirigida por Lamberto Gardelli (OPERA D´ORO 1277); Adriana Lecouvreur de Cilèa, junto a Senechal, Nucci y Sutherland, y la Orquesta de la Ópera Nacional de Gales dirigida por Richard Bonynge (DECCA 717102); L´Elisir d´Amore de Donizetti, junto a Taddei, Cava y Scotto, y la Orquesta del Mayo Musical Florentino dirigida por Gianandrea Gavazzeni (OPERA D´ORO 1138); Lucia de Lammermoor de Donizetti, junto a Cappuccilli, Dallapozza y Díaz, y la Sinfónica de Londres dirigida por Thomas Schippers (DG 471250); Andrea Chénier de Giordano, junto a Milnes, Still y Gulin, y la New Philharmonia Orchestra dirigida por Anton Guadagno (MYTO RECORDS 91750 – en este vídeo se puede escuchar claramente al apuntador); I pagliacci de Leoncavallo, junto a Taddei, Panerai y Carlyle, y la Orquesta del Teatro de La Scala dirigida por Herbert von Karajan (DG 449727); Cavalleria Rusticana de Mascagni, junto a Cossotto, Martino y Allegri, y la Orquesta del Teatro de La Scala dirigida por Herbert von Karajan (DG 457764); L´Africaine de Meyerbeer, acompañado por la Orquesta de Santa Cecilia de Roma dirigida por Gianandrea Gavazzeni (REGIS 1305); La Gioconda de Ponchielli, junto a Merrill, Horne y Tebaldi, y la Orquesta de Santa Cecilia de Roma dirigida por Lamberto Gardelli (DECCA 430042); Edgar de Puccini, junto a Scotto, Sardinero y Killebrew, y la Orquesta de la Ópera de Nueva York dirigida por Eve Queler (CBS 34584); La bohème de Puccini, junto a D´Angelo, Bastianini y Tebaldi, y la Orquesta de la Academia de Santa Cecilia de Roma dirigida por Tullio Serafin (DECCA 470431); Madama Butterfly de Puccini, junto a Scotto, Di Stasio y Panerai, y la Orquesta de la Ópera de Roma dirigida por Sir John Barbirolli (EMI 67720); Tosca de Puccini, junto a Callas, Gobbi y Ercolani, y la Orquesta de la Sociedad del Conservatorio de París dirigida por Georges Prêtre (EMI 66444); Aida de Verdi, junto a Tebaldi, Simionato y De Palma, y la Filarmónica de Viena dirigida por Herbert von Karajan (MUSICAL CONCEPTS 2009); Attila de Verdi, junto a Raimondi, Milnes y Cassinelli, y la Royal Philharmonic Orchestra dirigida por Lamberto Gardelli (PHILIPS 492002); Don Carlo de Verdi, junto a Tebaldi, Talvela y Ghiaurov, y la Orquesta del Covent Garden dirigida por Sir Georg Solti (DECCA 421114); I masnadieri de Verdi, junto a Caballé, Raimondi y Cappuccilli, y la New Philharmonia Orchestra dirigida por Lamberto Gardelli (PHILIPS 942302); Il trovatore de Verdi, junto a Tucci, Cappuccilli y Simionato, y la Orquesta del Teatro de La Scala dirigida por Gianandrea Gavazzeni (OPERA D´ORO 7045); La forza del destino de Verdi, junto a Raimondi, Evans y Casoni, y la Royal Philharmonic Orchestra dirigida por Lamberto Gardelli (EMI 67124); La traviata de Verdi, junto a Sutherland, Merrill y Carral, y la Orquesta del Mayo Musical Florentino dirigida por John Pritchard (DECCA 460759); Luisa Miller de Verdi, junto a Moffo, Tozzi y Verrett, y la Orquesta de la RCA de Italia dirigida por Fausto Cleva (RCA 6646); Macbeth de Verdi, junto a Ordassy, Rysaneck y Warren, y la Orquesta de la Ópera del Metropolitan dirigida por Erich Leinsdorf (RCA 4516); Oberto de Verdi, junto a Dimitrova, Panerai y Baldani, y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera dirigida por Lamberto Gardelli (ORFEO 105842); Rigoletto de Verdi, junto a Scotto, Fischer-Dieskau y Vinco, y la Orquesta del Teatro de La Scala dirigida por Rafael Kubelik (DG 477560); y, finalmente, Un ballo in Maschera de Verdi, junto a Krause, MacNeil y Nilsson, y la Orquesta de la Academia de Santa Cecilia de Roma dirigida por Sir Georg Solti (DECCA 425655). Nuestro humilde homenaje a este sensacional tenor.