No son muchos los directores de orquesta que han desarrollado su actividad en exclusiva en el entorno operístico. A diferencia de lo que ocurre en los conciertos sinfónicos, un director de ópera no suele centralizar el protagonismo de la representación, generalmente derivada al elenco de cantantes y mucho más si éstos son vedettes, aunque su labor es mucho más compleja que la de un director de conciertos. Pero además, una de las tradicionales atribuciones de un director de ópera, al menos en tiempos pasados, era la de reclutar a los cantantes. En este aspecto, algunos maestros se destacaron como auténticos especialistas en descubrir nuevos valores, llegado el caso incluso de dirigir con gran acierto la brillante trayectoria artística de aquéllos. Nombres ya míticos de la interpretación lírica como Beniamino Gigli, Rosa Ponselle, Maria Callas ó Joan Sutherland tuvieron algo en común: Sus comienzos fueron encauzados por uno de los más grandes directores de ópera surgidos en todo el siglo XX, el italiano Tullio Serafin. Ya sólo por esto, y obviando sus indiscutibles logros basados en un amplísimo repertorio, Serafin ha escrito con letras de oro su nombre en la historia más selecta de la interpretación operística.

 Tullio Serafin nació en Rottanova di Cavarzere, Venecia, el 1 de septiembre de 1878 y con apenas once años de edad se trasladó a Milán para ingresar en el Conservatorio y estudiar violín, contrapunto y composición bajo la tutela de los profesores De Angelis, Saladino y Coronaro. Durante un tiempo alternó como violinista y violista en la Orquesta de La Scala hasta que a la edad de veinte años debuta como director en Ferrara — bajo el pseudónimo de Alfio Sulterni — con una producción de Donizetti. Durante los años posteriores, Serafin actuó en numerosos coliseos operísticos italianos, llegando a presentarse en el Covent Garden en 1907. Un par de años más tarde, Serafin es nombrado director principal de La Scala hasta 1914, aunque seguirá dirigiendo en dicha institución en diversos períodos hasta ser nombrado director artístico en 1946. Entre 1924 y 1934, Serafin fue el responsable del repertorio italiano del Metropolitan neoyorquino, aunque también prestó su colaboración para dirigir las primeras audiciones de determinadas óperas de autores norteamericanos como Deems Taylor, Louise Gruenberg y Howard Hanson. Fue precisamente durante este período cuando Serafin empezó a ganarse una merecida reputación como descubridor de nuevos talentos líricos. En 1934, Serafin abandonó el Metropolitan para hacerse cargo de la Ópera de Roma, teatro donde continuó con su política de dar a conocer nuevas creaciones y de ofrecer los estrenos italianos de autores como Alban Berg y Richard Strauss. En 1943, Serafin dejó su puesto en Roma para dirigir como invitado en otros teatros italianos como el Mayo Musical de Florencia y La Scala, en donde tuvo el honor de dirigir la primera sesión tras la Segunda Guerra Mundial con un título de Britten.

 Finalizado el conflicto bélico, Serafin fue nombrado director artístico de La Scala en 1946 al tiempo que su reputación como director de ópera le hizo actuar como invitado en los más prestigiosos teatros de Europa. Si unos años atrás había relanzado la carrera de Rosa Ponselle, a partir de este período descubrió a nuevos talentos como Maria Callas y Joan Sutherland. Requerido también en América, Serafin se mantuvo estrechamente vinculado a la Ópera Lírica de Chicago entre 1956 y 1958, en unos años en los que también trabajó en los estudios de grabación como consecuencia de la expansión del nuevo formato del LP. Ya en 1962, Serafin regresó a la Ópera de Roma en calidad de asesor artístico y dirigió con frecuencia en París, Madrid, Buenos Aires, Londres y Roma. Su carrera estuvo jalonada de éxitos y dirigió hasta una edad muy avanzada. Finalmente, Tullio Serafin falleció en Roma el 2 de febrero de 1968. Su carrera abarcó seis décadas y por ello tuvo la oportunidad de dirigir a cantantes desde Enrico Caruso hasta Luciano Pavarotti.

 Tullio Serafin fue el director operístico más famoso de su tiempo, con un repertorio de más de 240 óperas (el doble que Toscanini) que abarcó desde los belcantistas hasta las modernas creaciones del siglo XX. Precisamente, Serafin fue el principal responsable de la resurrección de muchos títulos belcantistas y de la vuelta a la fidelidad interpretativa en aquellos otros que formaban todavía parte del repertorio. Su estilo de dirección era pausado y muy contenido, aunque sus enfados ante cualquier error de ejecución orquestal llegaron a ser tan célebres como temidos. A juicio de los especialistas, uno de los mayores aciertos de Serafin fue su extraordinaria capacidad para conjugar lo lírico y lo dramático mediante una sabia elección de los cantantes que debían prestar su voz a los diferentes roles operísticos. Su extensa producción discográfica es objeto de culto para numerosos aficionados y su nombre en la etiqueta de los discos es símbolo de garantía musical.

 De entre la producción discográfica debida a Tullio Serafin podemos mencionar las siguientes grabaciones (advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): Norma de Bellini, junto a Callas, Caroli, Cavallari y Stignani, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (EMI 86834); I Puritani de Bellini, junto a Callas, Di Stefano, Panerai y Lemeni, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (EMI 56375); Mefistofele de Boito, junto a Siepi, Tebaldi, Del Monaco y De Palma, y dirigiendo la Orquesta de Santa Cecilia de Roma (DECCA 440054); Medea de Cherubini, junto a Scotto, Callas, Picchi y Marimpietri, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (EMI 63625); El elixir del amor de Donizetti, junto a Carteri, Alva, Panerai y Taddei, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (EMI 65658); Lucia de Lammermoor de Donizetti, junto a Callas, Panerai, Modesti y Fernandi, y dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la RAI de Roma (MYTO 133); I Pagliacci de Leoncavallo, junto a Callas, Di Stefano, Gobbi y Monti, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (EMI 86830); Cavalleria Rusticana de Mascagni, junto a Callas, Di Stefano, Panerai y Gobbi, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (EMI 56287); La bohème de Puccini, junto a Bergonzi, D´Angelo, Bastianini y Cesari, y dirigiendo la Orquesta de Santa Cecilia de Roma (DECCA 470431); Madama Butterfly de Puccini, junto a Tebaldi, Bergonzi, Sordello y Nanni, y dirigiendo la Orquesta de Santa Cecilia de Roma (DECCA 452594); Manon Lescaut de Puccini, junto a Di Stefano, Fioravanti, Formichini y Calabrese, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (EMI 56301); Turandot de Puccini, junto a Schwarzkopf, Mauri, Fernandi y Callas, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (EMI 9682); El barbero de Sevilla de Rossini, junto a Nenatti, Bechi, De los Ángeles y Lemeni, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (REGIS 2069); Aida de Verdi, junto a Callas, Tucker, Gobbi y Barbieri, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (EMI 56316); Falstaff de Verdi, junto a Barbieri, Moffo, Taddei y Colombo, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (VIDEO ARTISTS 4333); Il trovatore de Verdi, junto a Stella, Ricciardi, Bergonzi y Bastianini, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (DG 768402); La forza del destino de Verdi, junto a Callas, Tucker, Nicolai y Tagliabue, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (EMI 48191); La traviata de Verdi, junto a De los Ángeles, Polotto, Ercolani y Giaiotti, y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Roma (EMI 49578); Otello de Verdi, junto a Del Monaco, Carteri y Capecchi, y dirigiendo la Orquesta de la RAI de Milán (GALA 582); Rigoletto de Verdi, junto a Callas, Gobbi, Di Stefano y Zaccaria, y dirigiendo la Orquesta de La Scala (EMI 56327); y, finalmente, Un ballo in maschera de Verdi, junto a Gigli, Barbieri, Ribetti y Caniglia, y dirigiendo la Orquesta de la Ópera de Roma (PREISER 20005). Nuestro humilde homenaje a este excepcional director operístico.