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 Decantarse por un tema en concreto dentro de la extensísima lista de éxitos que ha cosechado el cantante asturiano Víctor Manuel a lo largo de su carrera no es tarea nada fácil. Más de treinta álbumes, aparte de numerosos sencillos en sus comienzos y de algunos otros trabajos extraordinarios, cimentan la carrera de uno de los mejores autores de la llamada música moderna en España. Además, su unión, tanto sentimental como artística, con otra figura de la canción como es Ana Belén ha dado como fruto muchas y muy interesantes propuestas que han logrado superar el rentable ámbito de las giras de conciertos. Víctor Manuel es un cantante cercano y a la vez distante; no posee la fibra sensible de un Serrat, la complicidad directísima de un Sabina o el intimismo trascendente de un Aute, por poner unos comparativos ejemplos. Pero aúna, en muy buena medida, las mejores características de los más grandes cantautores de la música española, con ese toque un tanto tímido e introspectivo que otorga a sus obras. Gustos aparte, nadie puede poner en duda que Víctor Manuel, a día de hoy, ocupa por derecho propio un lugar más que privilegiado en la historia de la música ligera española.

 Tras mucho pensarlo, me he decidido por la que considero una de las mejores canciones de su extensa discografía, Por el camino de Mieres, perteneciente al álbum Por el Camino, un trabajo que vio la luz en  1983 y que cuenta con grandes y conocidos temas, como ¡Déjame en paz!, Bailarina o Asturias, una de sus canciones baluartes. Pero Por el camino de Mieres también hace referencia a su siempre presente tierra asturiana. No obstante, el autor nació en Mieres del Camino, una de las localidades mineras más emblemáticas de toda la región astur. La canción es una joya a nivel compositivo que cuenta con una pequeña orquesta clásica de cuerda extraordinariamente adaptada a un estilo que a veces puede parecer tan antagónico. La obra es un tanto melancólica y desconsolada, con claras alusiones a la vida minera y a las cotidianas preocupaciones por un amor supuestamente incomprendido.

 Una melodía, aparentemente en tono mayor y que servirá posteriormente como base para el estribillo central, es dulcemente expuesta por la orquesta de cuerda, modulando en breves transiciones a modo menor mediante unos bellos intervalos armónicos en terceras y su correspondiente inversión en sextas; con ello se prepara el pórtico de introducción en el acorde menor de dominante para que el solista entone el tema principal sustentado en la tónica, cadencioso, ligado y de resonancias claramente asturianas, que se ve acompañado rítmicamente por los acordes de la guitarra en la inicial exposición. El siguiente enunciado del tema va escoltado por una cuerda que parece querer imprimir un contracanto en pianissimo. Tras esa repetición, sobreviene el estribillo marcadamente acentuado por los acordes graves de las cuerdas, cerrando dicho pasaje con repetidas notas en tresillo. A continuación, surge un solitario pasaje en la cuerda que va a desarrollar el tema principal de forma lacónicamente expresiva para desembocar de nuevo en el solista vocal, quien, a modo de recapitulación, vuelve a entonar el tema principal, esta vez modulado a un intervalo de tercera superior. Doble repetición del estribillo y conclusión en el registro agudo de la cuerda sobre nota dominante.

 A mí me encanta y fascina esta canción. Ahí os dejo su letra.

Por el camino de Mieres,
entre aldeas y montañas,
junto al puente de la perra,
puedo verme en la distancia.
Río muerto ¡cuánto diera!
por clarear tus negras aguas.

Por el camino de Mieres
un carbonero cantaba:
¿por qué dices que me quieres
y si falto no me extrañas?
Si en mi corazón mandara
no me robaras el alma.

Señor San Xuan
ya en la foguera
non hay que quemar.
Viva la danza
y los que en ella están.

Por el camino de Mieres
ya no me despierta al alba
el run run del tren de chapa,
la sirena de la fábrica.
No dejaron ni migajas
de los años de abundancia.