Mozart en 1763

Retrato de Mozart en 1763, con siete años, obra de autor incierto

* Nacido el 27 de enero de 1756 en Salzburgo
* Fallecido el 5 de diciembre de 1791 en Viena

 Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart — con estos nombres fue bautizado al día siguiente de su nacimiento — fue el segundo vástago en superar la infancia de los siete que tuvo el matrimonio formado por Leopold Mozart y Anna Maria Pertl. Con el tiempo, Mozart germanizó su tercer nombre de pila (Wolfgang) y latinizó la forma griega del cuarto (Amadeus). Su padre, Leopold Mozart, procedía de Augsburgo y se había trasladado a Salzburgo con la intención de cursar estudios de filosofía. Pero lo que realmente le apasionaba era la música, materia a la que se dedicó exclusivamente y por la que llegó a convertirse en un extraordinario violinista, ingresando en la orquesta del príncipe-arzobispo de Salzburgo para posteriormente ser nombrado compositor de la corte y vicemaestro de capilla. En el mismo año del nacimiento de Wolfgang, Leopold Mozart publicó una obra pedagógica, Ensayo de un método fundamental de violín, que le dio fama universal y que incluso se sigue utilizando en la actualidad. Pronto advirtió el talento musical de sus dos hijos — Wolfgang y su hermana mayor, Nannerl — por lo que dedicó la mayor parte de su tiempo libre a la formación de los mismos. Aún así, la precocidad de Wolfgang y su innata predisposición para la música no pasó en absoluto desapercibida para su padre. Con sólo cuatro años, Wolfgang no sólo era capaz de ejecutar piezas al clave más propias de estudiantes avanzados sino que incluso también componía y, de hecho, un minueto y un trío están numerados como la primera composición del autor en la conocida compilación de su obra llevada a cabo por Ludwig Ritter von Köchel y que suele abreviarse por KV (Köchel Verzeichnis) o simplemente por K. Los progresos musicales de Wolfgang eran tan asombrosos que en septiembre de 1761 (Con cinco años) Leopold le presentó en un concierto celebrado en la Universidad de Salzburgo. Los asistentes se quedaron alucinados con un crío que a esa edad era capaz de tocar el clave a primera vista, de improvisar, de identificar de oído cualquier nota…

 Al año siguiente, Leopold decide llevar a sus dos hijos a Munich para tocar ante el príncipe elector de Baviera; sin embargo, el primer viaje en serio se produce en septiembre de ese mismo año, cuando llegan a Viena después de pasar por Passau y Linz. En la capital imperial tocaron para la emperatriz María Teresa y el éxito fue tan apoteósico que todo el mundo hablaba maravillas del niño Mozart en Viena y los nobles de la ciudad se lo rifaban para amenizar veladas musicales en las que Wolfgang dejaba sin habla a los privilegiados asistentes con sus prodigiosas dotes. Finalmente, en enero de 1763 los Mozart estaban de nuevo en casa, lugar en el que el niño se sometió a un intenso trabajo durante los siguientes cinco meses y que tenía como objetivo una nueva y más ambiciosa gira que abarcaría París y Londres. Así, en junio de 1763 parte nuevamente de gira hacia París haciendo escala en Munich — en donde recaudan una fabulosa suma de dinero — y posteriormente en Augsburgo, en donde compraron un clavicordio de viaje que les resultó muy útil. Tras pasar por Maguncia, Frankfurt, Coblenza y Aquisgrán, por fin llegaron a París, vía Bélgica, el 18 de noviembre. Leopold Mozart, que como relaciones públicas no tenía precio, se ganó la amistad del barón Melchior von Grimm, quien diseñó para Wolfgang un perfecto programa de conciertos de exhibición para la nobleza parisina. Las galas ofrecidas por el niño Mozart en París tuvieron tal éxito que muy pronto fueron invitados a tocar en la corte de Luis XV en Versalles. Durante su estancia en París, Mozart publicó — ¡Un niño de siete años publicando ya sus obras! — sus cuatro primeras sonatas para clave (K. 6, 7, 8 y 9). Pese a lo mucho que se ha escrito sobre la presumible explotación del padre de Mozart de las sorprendentes dotes musicales de su hijo, lo cierto es que Leopold siempre creyó que era su responsabilidad dar a conocer al mundo — y de paso ganarse unos buenos dinerillos — las cualidades casi divinas de Wolfgang. El niño disfrutaba con la música y no echaba de menos los juegos y demás cosas propias de un chico de su edad. Su mundo era, desde que tuvo uso de razón, la música y puede afirmarse que vivió como un adulto su infancia para, con el paso de los años, sentirse un niño en un mundo de adultos.

 Tras los brillantes éxitos obtenidos en París, en abril de 1764 la familia parte rumbo a Londres, ciudad a la que llegan el día 23 de dicho mes. Nada más pisar tierra británica fueron requeridos para tocar en el palacio real, ya que el rey Jorge III era muy aficionado y entendido de música. La primera audición en el palacio de Buckingham duró tres horas y en ellas Wolfgang, lejos de seguir con sus acostumbradas y casi circenses actuaciones, llevó a cabo una interpretación mucho más seria y original. Los soberanos pusieron a prueba al niño haciéndole tocar a primera vista numerosas piezas de extrema dificultad de Haendel, examen que pasó sin inquietarse lo más mínimo. Se le obligó a improvisar sobre un tema del mismo Haendel y todos se quedaron asombrados con las melodías que Wolfgang inventó para acompañar el tema. Pero ahí no quedó la cosa: Los músicos más expertos de Londres le sometieron a todo tipo de pruebas, cada una más difícil que la anterior, de las que Wolfgang salió airoso y triunfante. Tal fue el asombro que un conocido filósofo, Daines Barrington, hizo de Wolfgang un detenido examen científico para intentar aclarar el misterio de aquel genio que parecía el mismo Dios disfrazado de niño músico. Ese trabajo fue expuesto posteriormente en la Royal Society. La gama de recursos que Wolfgang exhibía iba desde tocar a primera vista cualquier partitura hasta ejecutar piezas con los ojos vendados o cubriendo con un paño la totalidad del teclado. En ocasiones, tras interpretar un complicado pasaje en el clave, posteriormente lo ejecutaba con la misma facilidad al violín. Puede decirse que la visita a Londres fue del todo provechosa, no sólo por ganar dinero y fama, sino porque Wolfgang “amplió” su formación musical gracias a la desinteresada colaboración de dos grandes músicos que vivían en Londres, Johann Christian Bach (El Bach londinense) y Karl Friedrich Abel. Estos dos músicos influyeron de forma decisiva en Mozart, quien desde esos momentos se dedicaría intensamente a la composición. De esa época son sus primeras sinfonías y sus primeras obras vocales, algo verdaderamente insólito para un chiquillo de apenas ocho años de edad.

 El 1 de agosto de 1765 los Mozart embarcan en Dover con la intención de regresar a Salzburgo. Sin embargo, durante el trayecto pasaron por Lille, Gante, Amberes, La Haya, Amsterdam, Utrecht, Bruselas — donde Wolfgang enfermó — y nuevamente París. En esta nueva visita, con tan sólo unos meses de diferencia entre la anterior, Wolfgang demostró unos enormes progresos y fue sometido nuevamente a todo tipo de pruebas de las que salió airoso. De París pasaron a Dijon, Lyon, Ginebra, Lausana, Berna, Zurich, Augsburgo y Munich para llegar finalmente a Salzburgo en los últimos días de noviembre de 1766.

 Tras esta larga y fatigosa gira, Wolfgang fue puliendo concienzudamente sus innatas condiciones para la música y su padre le enseñó además latín e italiano. (Ningún documento acredita que Wolfgang pisara jamás una escuela; tuvo en su padre al mejor maestro posible). Ya en Salzburgo, el arzobispo ponía en duda la verdadera autoría de algunas composiciones de Wolfgang (Sospechaba que se las escribía su padre) y de esta forma mandó encerrar al pequeño en una habitación del palacio durante una semana, ordenándole que compusiera una pieza. Fruto de aquel incomunicado encierro fue la Cantata fúnebre K. 42… Fue en esta misma época cuando a Wolfgang le empieza a interesar la ópera — y eso que el chico sólo tenía 11 años — y sopesa la posibilidad de componer una, algo imposible de realizar en Salzburgo debido a que en esta ciudad sólo tenía cabida la música religiosa. Para ello, Leopold planeó viajar hasta Viena, aprovechando la inminente boda de una hija de la emperatriz, y para allí que partió con Wolfgang en septiembre de 1767. Pero sucedió que una imprevista epidemia de peste se declaró en Viena por la que los Mozart hubieron de refugiarse en Bohemia. Por fin, a principios de enero de 1768, padre e hijo son recibidos en la corte de Viena y, tras muchas negociaciones, reciben el encargo de componer una ópera bajo texto de Marco Coltellini. En sólo tres meses Wolfgang compuso la extensa partitura en tres actos que contó La finta semplice, ópera que, sin embargo, no logró estrenarse en aquellos momentos por diversos problemas. Esperando a que llegaran las soluciones, Wolfgang se entretuvo componiendo otra obra escénica, Bastien und Bastienne, que estrenó en la mansión del acaudalado médico que se la encargó. (En 1768, con apenas doce años, Mozart compone ¡Dos óperas!). Como La finta semplice no terminaba de estrenarse — al parecer, existían envidiosos celos de algunos compositores — se intentó compensar a Mozart con un concierto que tendría lugar durante la consagración de una iglesia vienesa y para el que la criatura escribió una misa, un ofertorio, un concierto para trompeta y un himno (Vamos, cosas sencillitas…). El éxito fue arrollador y durante semanas no se habló de otra cosa en Viena. Con este triunfo, Leopold se dio por satisfecho y la familia Mozart emprendió el regreso a Salzburgo, llegando en enero de 1769 y en donde Mozart iba a permanecer cerca de un año.

 Aprovechando “la onda musical religiosa” de Salzburgo, Wolfgang se sacó de la manga ese año tres Misas (K. 49, 65 y 66), además de una serie de minuetos, marchas serenatas, divertimentos, arias… En mayo, con motivo de la onomástica del arzobispo, se estrena por fin en el palacio arzobispal La finta semplice. Durante todo aquel año Leopold estuvo diseñando el obligado viaje a Italia de Wolfgang que, finalmente, daría comienzo el 12 de diciembre del mismo año. Tras pasar por Innsbruck, Bressanone, Bolzano, Verona y Mantua, llegaron a Milán el 23 de enero de 1770. (En Verona, el chiquillo hizo verdaderas diabluras que dejaron con la boca abierta a todos los músicos de la ciudad. Entre otras cosas, escribió en partitura una composición para orquesta que había escuchado una sola vez… ¡Sin ningún fallo!). Tras ofrecer un concierto en Milán ante lo más selecto de la nobleza y el propio arzobispo, recibe el encargo de componer una ópera. Con el contrato en la mano, salen hacia Bolonia, ciudad en la que visitan al eminente teórico musical, el padre Martini, quien alucina al ver a Mozart improvisando una fuga. Luego de pasar por Florencia, Siena, Orvieto y Viterbo, llegan a Roma el 11 de abril de 1770. Como aperitivo, Mozart transcribe en partitura un famoso Miserere de Allegri cuya copia estaba rigurosamente prohibida… Wolfgang dio numerosos conciertos en Roma con un éxito descomunal, aunque en sus ratos libres sacó tiempo para componer dos sinfonías, una contradanza, un canon, dos arias y un Kyrie a cinco voces… El 14 de mayo llegan a Nápoles, ciudad en la que Wolfgang toma contacto con los principales cantantes de ópera napolitanos del momento, una pléyade de figuras. Vuelven a Roma en junio y el mismísimo Papa Clemente XIV nombra a Wolfgang Caballero de la Espuela de Oro… De vuelta a Bolonia, el padre Martini logra que, contraviniendo los estatutos, Mozart ingrese como miembro de la prestigiosa Academia Filarmónica de la ciudad — se requería una edad mínima de 20 años — tras superar una tremenda prueba: Se le conminó a componer una antífona a cuatro voces (Sin clave u otro instrumento musical a mano: Sólo papel pautado y lápiz) y para ello se le encerró en una habitación contigua. Los examinadores no podían dar crédito cuando, pasada media hora, Wolfgang anunció que ya había terminado… De nuevo en Milán, Mozart cumple con el contrato firmado meses atrás y el 26 de diciembre de 1770 se estrena en el Teatro Ducal Mitridate, rè di Ponto, con un arrollador éxito (Se llegaron a dar 20 representaciones, algo insólito). Tras ello, y luego de dar unos conciertos en Venecia, Padua y Verona, los Mozart llegaron a Salzburgo el 28 de marzo de 1771

FIN DE LA PRIMERA PARTE