CARTA ABIERTA A MI JINETE, LEITER:

 Desde luego, hay que ver la de bromas y rechiflas que han llegado a causar esos loables comentarios tuyos acerca de mi protagonismo en el día de tu boda (Que aún no tengo yo muy claro que te vayas a casar). Tú has querido que yo participe en ese día tan señalado, agradeciendo mi fidelidad contigo por esas carreteras de Dios, y ello ha provocado todo tipo de chismes y sarcasmos desde que uno de esos amigotes que vienen a tu bar, un tal Joaquín, propuso ni más ni menos que yo fuera la novia… ¡Qué falta de respeto! Y, por si no fuera poco, los habituales de la casa (Franky, Iván, Ángel…) riendo la gracia de ese amigo tuyo chileno. Y lo que más me ha dolido, Leiter: Tu admirada Amalia, esa por la que siempre me haces rodar por los barrizales del Parque del Retiro en busca de la flor más bonita, esa mujer a la que llamas “Mi Dulcinea de Galicia” cuando pasamos por El Capricho en ruta hacia las pistas de Barajas, también se ha mofado de mí en un comentario… Y tú, querido jinete, también pareces reírles las gracias… En verdad te digo que eres un poco Quijote, amigo Leiter, empeñado en desfacer entuertos por aquestos senderos en los que abundan sopistas, melendrines, pillabolsas y gentes de más que dudosa condición. La del alba sería cuando aquellos dos corsarios al punto estuvieron de secuestrarme y llevarme como esclava al sin par reino de la malvada emperatriz Pintiquiniestra… Menos mal que estuviste sembrado, vive Dios, y citaste esas bellas palabras de Horacio: –“Pallida mors aequo pulsat pede pauperum tabernas Regumque turres”–  Es por ello que te debo la vida, mi buen Leiter, valeroso caballero cuyas fazañas bien hubieron de saberse en los Percheles de Málaga, las Islas de Riarán, el Compás de Sevilla, el Azoguejo de Segovia, la Olivera de Valencia, la Rondilla de Granada, la Playa de Sanlúcar, el Potro de Córdoba y las Ventillas de Toledo.

 ¡Mira que hemos caminado juntos tú y yo! Si el cuenta-kilómetros no nos falla, hemos recorrido ya una distancia similar a la de dos viajes por avión ida y vuelta entre Santiago de Chile y Madrid. ¡Y cuántos recuerdos! Nunca se me olvidará aquella mañana en la que, descendiendo por la cuesta de la Avenida de Daroca, junto al Cementerio, nos seguía una fúnebre comitiva compuesta por más de diez vehículos. Recuerdo muy bien cómo hiciste indicaciones para que te pasaran, escorándote al margen derecho del empedrado… Aunque tengo que reprocharte que te quitaras respetuosamente el casco protector en plena marcha al pasar el coche de difuntos y compusieras la cristiana señal de la cruz con la mano izquierda, abandonando mi gobierno. Si no dimos de bruces en el suelo fue porque tu ridícula actitud provocó alguna destemplada sonrisa en uno de los coches de acompañamiento… Yo sí lo vi, Leiter. ¡Y qué me dices de aquella otra vez en las cabeceras de aterrizaje del aeropuerto de Barajas! Yo, descansando sobre una de las vallas de protección de la autopista y tú tranquilamente tomando instantáneas de aquellos aviones que te despeinaban al pasar. No lo entendió así aquella patrulla de la Guardia Civil: –“¿Se puede saber qué cojones está usted haciendo aquí? Documentación, por favor…”– Menos mal que a aquel agente le gustaba Beethoven e incluso se puso tus auriculares para demostrar que aquello que llevabas colgando no era un transmisor de terroristas, sino un simple MP3… ¡Y ya te digo lo mucho que le gustó a aquel agente lo que escuchó, el Allegretto de la Séptima de Beethoven! –“¡Coño, esta es la misma música que interpretaron en la boda de mi prima el otro día!… ¿Y dice usted que es del Beethoven ese?… Si no le importa, señor Leiter, le dejo apuntado mi correo electrónico y me pasa usted, cuando buenamente pueda, esa música… ¡Joder, es cojonudo esto! ¡Toma, escucha, Paco, escucha…!” — Ya te dije yo que estuvieras tranquilo. Que aquellos dos servidores de la ley tenían cara de ser buena gente.

 Siempre me he mostrado fiel contigo, Leiter y nunca te he traicionado con un pinchazo en rutas largas. Eso sí, de lo que yo no tengo culpa es de que te despistaras en aquella ocasión en que completamos el Anillo Verde Ciclista, allá por el Parque de Entrevías, y acabáramos en un auténtico sembrado. No digo yo que uno pueda equivocarse, por supuesto, pero es que lo tuyo aquella mañana fue de juzgado de guardia. Yo no sabía dónde meterme de pura vergüenza cuando no se te ocurrió otra cosa que activar el GPS de tu teléfono celular… ¡Mira qué eres ridículo! Y, por si no fuera poco, ponerte luego todo ceremonioso brazos en cruz: –“Vamos a ver… Si el Sol está en el Este, o sea, allí, debemos estar en ruta…”–  ¡Que tonto! ¡Y no me vengas con qué aquello lo aprendiste en los campamentos de verano de los estudiantes escolapios! ¡Ridículo, que eres un vulgar ridículo! Aunque cuando yo peor lo pasé fue en Moratalaz, a la altura del Barrio de la Estrella, cuando aquel taxista se empeñó en tocarnos el claxon en medio del puente que cruza la M-30. De veras, Leiter, que aquel día me asustaste. Me dejaste tirada, como un vulgar escombro, en medio del puente y te fuiste para el taxista como un loco: –“¿A quién pitas tú, so listo? ¿No ves que circulo por mi carril? Si tienes prisa te esperas, cafre… ¡Cómo vuelvas a tocarme el claxon te estampo el casco en el parabrisas, so imbécil!”–  ¡Madre mía, Leiter! ¡Qué rostro se le puso a aquella mujer que transportaba el taxista! ¡Estaba pálida como el mármol del Pentélico! Sí, ya lo sé, ya lo sé, Leiter, que luego en El Retiro nos paramos junto a un banco de piedra y me juraste que estabas arrepentido de aquello… No pasa nada, hombre. Un cortocircuito mental lo tiene cualquiera. Peor fue, si me apuras, cuando nos caímos en el Paseo de Coches del Retiro… ¡Tú escuchando la Segunda de Mahler por el MP3 al tiempo que retirabas la vista al frente para seguir la trayectoria de aquella mujer rubia…! Si te digo la verdad, aquello te estuvo bien merecido. ¿A quién se le ocurre ir escuchando a Mahler a bordo de mis lomos? Por cierto, queridos lectores/as que tanto os mofáis de mi condición: Este Leiter es un poco fantoche con eso de la Música Clásica. A él lo que de verdad le gusta escuchar cuando estamos circulando por alguna vía ciclista es la copla española. ¡Mucho Furtwängler, mucho Karajan, mucho Celibidache…! ¡Sí, sí! Este sólo canturrea cuando escucha a Rafael Farina (Dice que es el Dietrich Fischer-Dieskau de la copla), a Marifé de Triana (¡Cómo canta esta mujer! ¡Qué derroche de dramatismo!), a Camarón (Siente pasión por él), a doña Concha Piquer (Se pone de pie cada vez que la escucha), a Rocío Jurado, (Dice que ha sido la más grande), a Las Carlotas, (Dice que es el moderno andalucismo), a Ecos del Rocío, (Dice que cómo a Celia le gusta, también a él. Yo digo que don Miguel Moyares, alma de este grupo, es un monstruo, un genio de las sevillanas), a Pepe Blanco (La del Sombrero la canta a viva voz, os lo juro. Se pone incluso a dar capotazos con la toalla de baño cantando esta inolvidable canción), a Estrellita Castro (Yo acelero sin que él se dé cuenta cuando suena esta canción. La Elisabeth Schwarzkopf de la copla…), a Hakim (¡Qué hortera es este Leiter! Pero no sabe que Hakim es el amor platónico de Celia…), a Juanita Reina (Con esta canción llora a lágrima viva. Dice que la cantó de pequeño en el colegio…), y a Los Marismeños (Su grupo ídolo de sevillanas. Yo no os he dicho nada: Esta sevillana le recuerda a Celia. Una vez me dijo que expresa todo lo que siente por Celia) … Y, qué queréis que yo os diga; a mí me gusta más cuando pone esa música en ruta y no esos bodrios de Schoenberg y un tal Alban Berg

 Pues eso quería decirte, amigo Leiter, para que nadie vuelva a pitorrearse de mí. Sólo PAU ha estado a la altura de las circunstancias en un comentario y nos ha animado a que nos presentemos tú y yo en la boda como un día cualquiera. Pau, con permiso de Leiter, que sepas que mi desvencijado sillín siempre estará a tu disposición. Si algún día decides tomar mi manillar, te prometo que te llevaré por los cielos de Madrid, a semejanza de Clavileño, y te daré un paseo del todo inolvidable. Tú sí que te lo mereces… Bueno, no quiero ser rencorosa. Estáis todos invitados. Pero no os burléis más de mí, de una pobre y sacrificada bicicleta.

 Como sé que mi jinete os quiere… Pues yo también os quiero. BESOS Y ABRAZOS