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 Me estoy empezando a oler que la temida catástrofe cósmica que nos amenaza y que ha provocado que tenga que salvaguardar las diez obras más representativas de las distintas galerías artísticas del mundo es puro camelo. Sin embargo, ahí sigo yo, atareado con la búsqueda de esos cuadros que se han de preservar sí o sí. En el trastero de mi domicilio ya tengo guardados 70 cuadros correspondientes a la selección llevada a cabo en El Prado, El Louvre, La Galería de los Uffizi, La National Gallery londinense, El Rijksmuseum de Amsterdam, El Orsay parisino y el Metropolitan de Nueva York. Ahora tengo que hacer hueco para meter los diez cuadros que he decidido seleccionar de la Alte Pinakothek de Munich, uno de los mejores museos de pintura medieval del mundo. Amalia, la madrina de este virtual bar de copas, no me concede tregua y me alecciona para que siga con esta labor. Como ambos compartimos el mismo amor por Vermeer me veo obligado a realizar esta tarea… Por cierto, la Alte Pinakothek de Munich es uno de los museos que más encarecidamente recomiendo visitar si decidimos viajar Baviera. Es más, sólo por ese motivo merece la pena una escapada a Munich. Por lo que a mí respecta, he decidido seleccionar estas pinturas. Espero que os gusten.

1- MADONNA DE LA PREDICACIÓN de Antonello da Messina: Extraordinario retrato de uno de los pintores que mejor supo sintetizar las novedades de los flamencos con la pintura italiana del primer Renacimiento. La expresión de la Virgen, no ya sólo en el detalle de la boca entreabierta sino también en la sutil posición de sus manos, es de una poética ensoñación aunque tratada con más sentido de la realidad que de un idealismo trascendente. Antonello evita cualquier fondo que reste protagonismo a la Virgen y comprime toda la luz en su rostro. El libro abierto supone un aumento del efecto de perspectiva, siendo este detalle repetido en otras obras del autor.

2- ADORACIÓN DEL NIÑO JESÚS de Stephan Lochner: Es una obra delicada sin resultar especialmente sentimental. Las prendas están pintadas con un detallado preciosismo no exento de cierto carácter escultural. La ubicación central de la Virgen y la forma triangular de los ropajes equilibran perfectamente la imagen, de marcado acento gótico. Perfecta combinación de los colores de las piedras preciosas, en sintonía con el detallismo característico de los Países Bajos. Lochner es el último gran maestro del gótico nórdico y este cuadro es un buen ejemplo de ello.

3- LA SAGRADA FAMILIA de Martin Schongauer: Como buen y notable grabadista, el detalle y la delicada línea demuestran un portentoso dominio del dibujo, aunque es el color y la sensacional textura lo que realmente ennoblece a esta obra. El delicado equilibrio del cuadro se enfatiza cromáticamente mediante la armonía entre los planos verticales y horizontales. Fijaos como el rojo de la túnica de la Virgen continúa en el pañuelo de San José y prepara la base para el marrón de la vaca del fondo. Todo esto se contrarresta sabiamente por medio de la cálida tonalidad azul del paisaje. Extraordinario y muy trabajado cuadro.

4- RETABLO DE LOS PADRES DE LA IGLESIA de Michael Pacher: El cuadro es una excelente muestra de las cualidades tanto pictóricas como escultóricas del artista de Bruneck. San Jerónimo, San Agustín, San Gregorio Magno y San Ambrosio están sentados en un entorno de gran virtuosismo arquitectónico que parece proyectarse desde el plano pictórico hacia el espacio situado frente al espectador. Sin embargo, este efecto tridimensional contrasta con unas figuras que son relativamente planas. Este retablo de Pacher supone una de las primeras interpretaciones del arte italiano del Renacimiento en el ámbito de la tradición germánica.

5- NATIVIDAD de Hans Baldung Grien: Os confieso que tuve serias duda a la hora de elegir entre este cuadro y las famosas Alegorías de la Música y la Prudencia del mismo autor. El título del cuadro nos lleva a engaño: El artista está más preocupado por la arquitectura y la proporción que por el relato sagrado. Magníficos contrastes entre luces y sombras, siendo esa luz un tanto irreal y procedente en mayor medida del propio Niño Jesús. El buey y el asno, realizados a mayor escala, ponen la nota, me atrevería a decir que humorística de la composición. Al fondo podemos atisbar un segundo episodio, la anunciación del ángel a los pastores.

6- LA BATALLA DE ISOS de Albrecht Altdorfer: La escena está pintada a vista de pájaro y una leyenda superior nos describe la escena: En la parte central izquierda de la pintura, el emperador Darío III, que acaba de ser derrotado por Alejandro Magno, huye en un carro tirado por tres caballos blancos. La batalla está pintada con enorme realismo aunque si bien con un toque fantasioso aplicado al dramatismo de las nubes y cercado en los extremos por el sol y la luna respectivamente. El cuadro demuestra el buen ojo arquitectónico que tenía Altdorfer para la perspectiva espacial. El paisaje recuerda claramente el de la zona del Rin.

7- LA HUIDA A EGIPTO de Adam Elsheimer: Este artista alemán trabajó durante casi toda su vida en Italia y falleció prematuramente, dejándonos tan sólo una serie de obras que tienen como característica principal el paisaje tomado de fuentes bíblicas. Lo más original de este óleo sobre plancha de cobre son los tres distintos focos de luz que aparecen, uno de ellos duplicado por el maravilloso reflejo lunar sobre las aguas. El extraordinario contraste de luces y sombras refleja una influencia de Caravaggio aunque el pintor alemán consigue de forma magistral modelar cada uno de los espacios de donde la luz surge. El cuadro tiene un componente melancólico que resulta especialmente atractivo.

8- EL CAZADOR DE PULGAS de Gérard Ter Borch: El autor neerlandés es un extraordinario pintor de género que representa la vida de las clases acomodadas de la época en un estilo muy en sintonía con el del gran Vermeer. En este cuadro vemos a un joven tratando de espulgar a su perrito, uno de los retratos caninos más logrados de la historia de la pintura por su prodigiosa expresión sumisa. El dibujo es estupendo, así como la equilibrada disposición cromática. La mirada del perro nos conduce hacia el primer plano del sombrero, bellísimamente trazado, que a su vez nos reconduce a la mesa, en una estudiada concepción circular del cuadro. La atmósfera de intimidad baña toda esta maravillosa pintura, una de mis predilectas en esta selección.

9- NIÑOS COMIENDO UVAS Y MELÓN de Bartolomé Esteban Murillo: Primeramente, hemos de aclarar que este hermoso lienzo se encuentra en el edificio de la Neue Pinakothek. Obra de juventud del inmortal maestro sevillano, destaca el gusto naturalista por retratar a dos jóvenes pícaros que dan buena cuenta de una ración de frutas. Pero quizás donde mayormente se destaca la maestría de Murillo es en la minuciosidad de las uvas y melones que sirven de manjar a estos chiquillos. La toma es instantánea y permite desentrañar al que posteriormente fue uno de los mejores autores de retratos divinos de todo el siglo XVII. La luz, pese a resultar un tanto artificiosa, esta maravillosamente bien resuelta a la hora de moldear los harapos de los niños. Gran cuadro.

10- PUERTO AL AMANECER de Claudio de Lorena: Poco puedo añadir a una obra de uno de mis pintores más queridos, Claude Lorrain o Claudio de Lorena. La melancolía que se desprende del cuadro, con unos logrados difuminados del fondo, es realmente admirable. La convergencia de líneas en un centro del horizonte viene subrayada por el suave alejamiento de los elementos laterales y el magistral tratamiento de los efectos lumínicos. Nadie como Claudio de Lorena para revestir a la naturaleza de un aire tan poético. Con vuestro permiso, este es otro cuadro que me llevo a casa.