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 Bueno, parece que todo se ha solucionado. ¿Os acordáis de lo que sucedió hace ahora un año en este mismo bar? Pues ahora se ha vuelto a repetir, en buena medida, por la negligencia de Timofónica. Lo peor para un comerciante es que le supriman los suministros, Y parecen haberla tomado conmigo. Estaba en la madrugada del sábado al domingo respondiendo a un comentario de Frank Ar cuando el sistema se colapsó. Llamé al Servicio de Atención al Cliente y me garantizaron que el domingo lo solucionarían. Efectivamente, el domingo por la mañana, un operador de Timofónica llamó a mi móvil y me confirmó que estaba de camino. Acto seguido, también me llamó a la puerta de casa mi querido vecino y mejor amigo, el catedrático de Geografía, don Abel Ordás: –“Leiter, déjame hacer una llamada que tengo el teléfono estropeado…”– Demasiada coincidencia. El señor operario que vino a revisar mi línea ignoró la avería de don Abel: –“No tengo parte de esa incidencia”– e hizo caso omiso a mis advertencias de que resultaba extraño que dos líneas contiguas estuviesen averiadas. Tras mucho trastear, sentenció: –Yo aquí no puedo hacer nada…Esto es causa de alguna rotura de fuera. Daré parte y esta misma tarde se lo arreglarán”– Ni el domingo por la tarde ni el lunes vino ni llamó nadie. Por fin, esta mañana me llaman de nuevo y, al observar los registros del edificio, me piden que avise al presidente de la comunidad. Todas las acometidas del edificio estaban intencionadamente seccionadas, al parecer, en clara relación con un robo en un local comercial anexo al edificio producido durante las fiestas. Lo curioso del tema es que el operario que vino el domingo “no acertó a ver” el desaguisado. El tema era gordo y la cosa tenía muy mala pinta. Pero finalmente, hace un rato me han vuelto a reparar la línea. He tenido suerte. Soy uno de los escasos tres vecinos cuya línea estaba en la zona menos afectada por la rotura. Ah, y también la del profesor Ordás.

  En estos dos días, no he podido inaugurar dos categorías nuevas — A golpe de martillo y cincel y Cajón de sastre — dada la estructura de este bar de copas virtual durante esta nueva temporada (Una categoría diferente cada día del mes). No pasa nada. El mes que viene verán la luz. Seguimos adelante y mañana, acorde con el guión previsto — hablaremos sobre diez cuadros inolvidables de una célebre pinacoteca lombarda, eso sí, si los malhechores y los operarios negligentes de Timofónica no se vuelven a confabular. Disculpad por el parón de estos dos días y gracias por vuestros comentarios, como siempre. En un rato, pasaré a contestarlos. Gracias de nuevo por todo.

 Ah, se me olvidaba comentarlo: Saqué un libro al azar de mi biblioteca para leer durante estos días de avería y resultó ser un pequeño cuadernillo con dichos del genial torero Rafael el Gallo, diestro que fue famoso en el primer tercio del siglo XX, y que fue aún más popular por ser el hermano del inmortal Joselito el Gallo. (Aclaro que, aunque fui aficionado a Los Toros, hoy en día no soporto ver una corrida. Tengo muchas contradicciones interiores con este tema, lo reconozco). Bueno, os regalo una anécdota de Rafael el Gallo:

 Una mañana, previa a una escalofriante corrida de Miura, el maestro Rafael no paraba de comentar por lo bajo: –“Mardito tiempo”–  Los amigos y miembros de la cuadrilla del torero no acertaban a entender al maestro: –“Mardito tiempo”–  Casi a la hora de la corrida, Rafael el Gallo palidecía al mirar al cielo: –“Mardito tiempo” —  Ya picado por la curiosidad, su peón de confianza no resistió en preguntarle: –“Pero, maestro, ¿Cómo está usted diciendo todo el día que maldito tiempo, si luce un sol de justicia y no se ven nubes?” — A lo que Rafael el Gallo respondió: –“Puez ezo… Mardito tiempo. Con ezo bishos de Miura…¡Qué pena que no ze ponga a diluviá! ¡Mardito tiempo!”–  Lo dicho, genio y figura don Rafael.