Biografía Lawrence Foster

Lawrence Foster nació el 23 de octubre de 1941 en Los Angeles, California, EEUU, en el seno de una familia de emigrantes rumanos, y comenzó su formación musical en su ciudad natal estudiando piano con Joanne Graudan y dirección con Fritz Zweig. Posteriormente, Foster amplió su formación como director asistiendo a las clases nagistrales impartidas por Karl Böhm en el Festival de Bayreuth (1961-1963) y por Bruno Walter en Tanglewood.

Si bien Foster hizo su debut como director con apenas 19 años de edad al dirigir a la Orquesta de Jóvenes Músicos de California, en 1962 fue designado director musical del Ballet de San Francisco, cargo en el que permanecerá hasta 1965 y con el que realizará numerosas giras. Ese mismo año de 1965, Foster es reclutado por Zubin Mehta para ser su asistente en la Orquesta Filarmónica de Los Angeles.

Un año más tarde, Foster logra el primer premio en el Concurso Koussevitzki para directores y ello le permite trabajar también con directores de la talla de Erich Leinsdorf y Sir Adrian Boult.

Habiendo cimentado una estrecha vinculación con Zubin Mehta y la Filarmónica que permanecerá incluso cuando finalice su formal compromiso como director asistente en 1968, ese año Foster debuta en Inglaterra y un año más tarde es nombrado principal director invitado de la Royal Philharmonic de Londres. En 1971, Foster sucedió a André Previn como director titular de la Orquesta Sinfónica de Houston en un puesto en el que permanecerá hasta 1979.

Paralelamente, desde 1964 Foster aborda también el género lírico merced a sus experiencias operísticas en Stuttgart y principalmente en la Scottish Opera a partir de 1964, llegando a debutar en el Covent Garden en 1966.

El pragmatismo y la objetividad son factores que condicionan a veces las trayectorias artísticas de los directores de orquesta. Muchos maestros son conscientes de la dificultad que entraña hacerse con puestos privilegiados dentro del mundo musical y, en buena medida, optan por posiciones intermedias. Esto puede obedecer a dos circunstancias principales: la propia asunción por parte de un director de que no está capacitado (técnica, psicológicamente, etc…) para asumir cargos de altísima responsabilidad, o bien, la elección personal y voluntaria de otras vías de actuación que pueden conllevar una mayor libertad interpretativa.

Numerosos excelentes y extraordinarios directores de orquesta no han pasado a veces el campo de una popularidad más bien restringida en aras de hacerse con cargos teóricamente de segunda fila en donde pueden llevar a cabo sus ideas sin mayores problemas. Y, por el contrario, reputadas figuras internacionales de la batuta — y mucho más en estos tiempos — se alzan sobre podios carismáticos sin que sus actuaciones ofrezcan nada particularmente interesante al verdadero aficionado y no a aquel que solo vive adoctrinado por las críticas musicales interesadas y patrocinadas por corporaciones discográficas encargadas de realzar, sea como sea, a la figura-estrella de su elenco.

Es así que ahora vemos a muchos jóvenes ocupar cargos en orquestas de altísimo nivel sin que, a fuerza de ser objetivos, no hayan demostrado aún el talento que se les presupone. Por el contrario, muchos veteranos maestros siguen quemando rueda en orquestas y coliseos de segundo nivel… Aunque no parece importarles mucho ya que ofertas de trabajo nunca les faltan. Lawrence Foster es uno de estos directores versátiles y todo-terreno.

Con una muy activa trayectoria artística, en 1979 Foster sucede a Lovro von Matacic en la dirección de la Orquesta Filarmónica de Montecarlo en un puesto en el que permanece hasta 1990 y que le permite alternar tanto la dirección sinfónica como la escénica y que se ve ampliado con la dirección de la Ópera de Duisburg y Düsserldorf entre 1982 y 1988. De forma paralela a este compromiso, Foster también es nombrado director de la Orquesta de Cámara de Lausana, relevando a Armin Jordan, entre 1985 y 1990, y titular de la Orquesta Sinfónica de Jerusalén, tomando el testigo de Gary Bertini, entre 1988 y 1992.

La figura de Lawrence Foster empieza a ser muy conocida en España cuando en 1994 sucede a Luis Antonio García Navarro como director titular de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya. Foster permaneció al frente de la formación catalana hasta 2002.

En líneas generales, el trabajo de Foster en estos años fue calificado como de más que aceptable, consiguiendo una mayor dinamización de la orquesta y un excelente contenido de directores invitados y solistas, logrando además culminar en su última temporada como titular una ansiada gira con la formación por los EEUU.

Tras su salida de Barcelona en 2002, Foster aceptó sustituir a Muhai Tang como nuevo director de la Orquesta de la Fundación Gulbenkian de Lisboa, cargo en el que permanece en la actualidad.

De igual manera, desde 2002 Foster ostentó el cargo de director musical de la Orquesta y la Ópera de Montpellier hasta 2012, en relevo de Friedemann Layer, y a partir de esta misma temporada se ha hecho cargo de la dirección de la Orquesta Filarmónica y la Ópera de Marsella.

Lawrence Foster es uno de los pocos directores norteamericanos que han tenido carrera activa simultáneamente en su propio país y en Europa. Si bien es un director de altísima capacidad, Foster siempre ha trabajado un peldaño por debajo de lo que podríamos llamar como excelencia musical. Director de ademanes firmes y trazos amplios, Foster se muestra muy cuidadoso con todas las secciones orquestales y trata de aportar un alto grado de sensibilidad en los momentos de mayor relieve, si bien algunos críticos han afirmado que, contra todo lo dicho, sus lecturas adolecen de cierta superficialidad expositiva.

Foster acapara un extenso repertorio en donde tienen cabida tanto el género sinfónico como el lírico, si bien se muestra como un gran adalid de la música contemporánea con numerosos estrenos a sus espaldas de obras de autores británicos y norteamericanos. Con una producción discográfica más que aceptable, uno de los autores por los que Foster siempre ha mostrado mayor predilección es por el compositor rumano Georges Enescu, habiendo grabado casi toda su producción orquestal bajo distintas formaciones sinfónicas.

Otro de los puntos fuertes de Foster es el de su contrastada maestría para acompañar a solistas y cantantes, motivo por el cual es constantemente requerido para cumplimentar con dicha faceta. Director versátil, en Barcelona aún le recuerdan como a uno de los directores más solventes que hayan pasado por el podio de la OSB.

De entre la producción discográfica debida a Lawrence Foster

Podemos mencionar las siguientes grabaciones. (Advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen por qué corresponderse necesaariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada):

Nuestro humilde homenaje a este gran director de orquesta.