Inicio Sinfonia clásica

* Escrita en 1917
* Estrenada el 21 de abril de 1917 en Petrogrado bajo la dirección del compositor
* EFECTIVOS ORQUESTALES: 2 flautas, 2 óboes, 2 clarinetes, 2 fagots, 2 trompas, 2 trompetas, timbales y sección de cuerda
* Duración aproximada de la ejecución: Entre 14 y 15 minutos

 Una vez finalizada la I Guerra Mundial, tanto el mundo como las artes entraron en una etapa en las que los problemas de forma y estructura acabaron por imponerse a cualquier otra consideración. Ello va a dar lugar al neoclasicismo que, a lo largo de los años veinte, será la tendencia dominante en las artes en general y en la música en particular. Frente a lo que se ha venido tradicionalmente comentando acerca de que el neoclasicismo fue una tendencia eminentemente francesa surgida en el entorno de Stravinski — instalado en París — lo cierto es que la paternidad de dicha tendencia es más que discutible, ya que no existe un sólo modelo de neoclasicismo sino muchas adaptaciones. El neoclasicismo no fue en absoluto conservador — se opone al Romanticismo y al Impresionismo — pero trató de buscar una salida a las formas obsoletas del sistema tonal, ya casi abandonado, no ya a través de las formas clásicas y románticas, sino de las que sirvieron al Barroco o movimientos anteriores. Se suele situar el nacimiento del neoclasicismo musical en el ballet Pulcinella de Stravinski, el 15 de mayo de 1920 en París. Pero, como hemos señalado anteriormente, resulta muy atrevido atribuir a Stravinski todo lo que el neoclasicismo implica, ya que la tendencia se esbozaba desde antes. Debussy, en plena guerra, compuso tres sonatas para distintas combinaciones instrumentales en el estilo clásico francés. Por su parte, Ravel había hecho un guiño al clasicismo francés con su Le Tombeau de Couperin (1917). Pero quizás el mayor y más clamoroso precedente fue la Sinfonía clásica de Prokofiev (1917), anterior a Pulcinella, aunque en París se conociese más tarde.

 Prokofiev compuso su Primera Sinfonía durante el verano inmediatamente anterior a la Revolución de Octubre de 1917. Concebida según los modelos formales de Haydn, esta sinfonía ha sido siempre considerada como uno de los mejores ejemplos del neoclasicismo en el siglo XX. En realidad, esta obra de Prokofiev está tan lejos de la recuperación constructiva de Hindemith como del control y aguda estilización con la que Stravinski ejecuta su sarcasmo. Prokofiev compuso esta sinfonía casi polemizando contra quienes le acusaban de maquinismo futurista, de iconoclastia, de radicalismo revolucionario — recordemos que la violenta Suite escita había sido escrita un par de años antes — y de refugiarse en lo nuevo a toda costa, con la dura acusación de que era incapaz de obtener resultados originales con los medios habituales. Tal vez por ello, Prokofiev volcó en esta composición toda su capacidad de fino humorismo, de vertiginosa alegría y de despreocupada utilización de motivos de danza galante.

 Con la Sinfonía clásica, Prokofiev se propuso escribir un tipo de sinfonía que Haydn hubiera podido componer si hubiera vivido en el siglo XX. Para ello, el compositor ruso utiliza una pequeña orquesta, la misma secuencia y estilo de movimientos que en las sinfonías de Haydn, y las mismas y acertadas proporciones. Pretendidamente, la sinfonía es un antídoto a las largas, extrovertidas y emocionales sinfonías de compositores como Chaikovski. Las melodías irónicas de Prokofiev, su ingeniosa armonía y su brillante escritura orquestal convierten esta sinfonía en una obra que, sin duda, el propio Haydn hubiese elogiado. Las fórmulas del siglo XVIII, en vez de ponerle trabas al compositor, otorgaron alas a su inspiración.

 La versión que ofrecemos en los distintos enlaces al vídeo es la ejecutada por Sergei Koussevitzki y la Orquesta Sinfónica de Boston. Versión muy acelerada, advertimos.

DESARROLLO DE LA OBRA

PRIMER y SEGUNDO MOVIMIENTO: Allegro y Larghetto: En Re mayor y 2/2, el primer tema dinámico arranca sobre las notas de un arpegio — procedimiento muy usual en los compositores vieneses — donde los violines cantan una desenfadada melodía que es punteada por la flauta solista y resto de maderas. A este primer tema responde un segundo, en 2/4, lleno de espíritu, con grandes intervalos picados en el violín y un acompañamiento en staccato del fagot. El desarrollo presenta una original fórmula de contracanto entre cuerda grave y aguda que desemboca en un lleno orquestal, con atrevidas armonías en los metales, para conectar directamente con la reexposición, elaborada con el mismo material temático. (Imprescindible el vídeo de Sergiu Celibidache ensayando con la Orquesta Filarmónica de Munich este movimiento). El Larghetto, pese a la indicación, su aire y su ritmo, 3/4, le acercan mucho a un minueto. El tema, en el registro agudo del violín, inicia un descenso ligero y gracioso, con algunos efectos de “reverencia”. Reaparece este tema dos veces con contrapuntos de escalas, alternando con dos episodios de acordes en staccato de los cuales el primero, sobre todo, resulta especialmente interesante por la alianza del fagot con toda la cuerda en pizzicato.

TERCER Y CUARTO MOVIMIENTO: Gavota y Finale : Brevísimo movimiento que, a su vez, es el más célebre de toda la sinfonía. Esta forma musical, la gavota, era un género que le gustaba mucho a Prokofiev por su nitidez rítmica. En 4/4, presenta la forma usual de A-B-A con la parte central confiada a la madera sobre acordes de quinta en la cuerda. Con ligeras variantes, esta gavota fue utilizada por el compositor en Romeo y Julieta. Por lo que respecta al Finale, en 2/2, presenta forma de rondó-sonata (Con repetición de la exposición) y adquiere la misma efervescencia del primer movimiento. Es un movimiento de gran virtuosismo orquestal, con endiablados pasajes para la sección de maderas, especialmente para la flauta solista. Después de un primer tema de la cuerda, marcado por los timbales, y un segundo de la madera sobre un fondo del conocido como bajo Alberti, es realmente el tercer tema el que contiene la idea melódica dominante, primero en flauta y luego en violines. Es el más caracterizado y desarrollado, con ingeniosos trasvases en las secuencias melódicas y rítmicas entre cuerdas y maderas. Es inconfundible el espíritu popular ruso en este extraordinario movimiento, muy bien orquestado. La obra concluye con intercambios entre maderas y cuerda para culminar con un monumental salto en escala hasta la octava superior.

VERSIONES RECOMENDADAS

Sergiu Celibidache con la Filarmónica de Munich. EMI (Lenta, pero diseccionada y llena de matices. De absoluta referencia)
Carlo Maria Giulini con la Sinfónica de Chicago. DG (Sobria, equilibrada y elegante. Claridad a más no poder. Enorme orquesta)
Riccardo Muti con la Orquesta de Filadelfia. PHILIPS (Notable interpretación, detallista y delicada)
Claudio Abbado con la Orquesta de Cámara de Europa. DG (Ingeniosa extraordinariamente definida)
Seiji Ozawa con la Filarmónica de Berlín. DG (Singular, aunque discutible, pero más que interesante)
Karel Ancerl con la Filarmónica Checa. PRAGA (Muy analítica y descriptiva. Poco conocida)
André Previn con la Sinfónica de Londres. EMI (De gran altura y concepción. Gran trabajo de este peculiar director)
Igor Markevitch con la Orquesta Philharmonia. TESTAMENT (Alegre y repleta de espíritu. Muy amena de escuchar pese a la toma)
Walter Weller con la Sinfónica de Londres. DECCA (Sólida y bien tratada, aunque por debajo de las versiones ya citadas)
Orpheus Chamber Orchestra (Sin director). DG (De gran colorido y brillantez. Interesantísima aportación y descubrimiento)

 Por contra, no acaban de satisfacerme las versiones de Sergei Koussevitzki con la Sinfónica de Boston. PEARL (Ultrarrápida, sin ningún matiz) y la de Michael Tilson-Thomas con la Sinfónica de Londres. SONY (Extraña versión que me resulta del todo mediocre). Por supuesto, estas no son sino meras apreciaciones subjetivas sin ninguna pretensión vinculante.