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 Una sala mítica — el Honky Tonk — un público fiel y entusiasta, unas copas nocturnas con sabor a buena música y unos artistas que tienen muy claro lo que quieren. Con estos ingredientes no resultó difícil presagiar que una reunión de buenos amigos se convirtiese en un excelente concierto, una nueva y brillante exhibición de El Jardín de María, formación liderada por un incombustible Carlos Moraleda, sin lugar a dudas, uno de los mayores talentos musicales del actual panorama artístico madrileño.

  Durante aproximadamente dos horas — que a todos los allí presentes se nos antojaron tan intensas como breves — El Jardín de María nos brindó una selección de sus éxitos de siempre intercalados con algunas piezas inéditas que conectaron desde el primer instante con un público totalmente entregado a su causa. Desde la inicial Canción Jardín hasta una desenfadada versión de Moris del Sábado en la Noche (Que fue bailada hasta por los camareros) los componentes de El Jardín de María exhibieron un nivel tanto técnico como estrictamente interpretativo que provocó la incondicional adhesión de incluso los más escépticos, personas que no se pierden una sola actuación en esta sala y que mostraron su asombro ante el derroche de facultades mostrado en todo momento por estos excepcionales músicos.

 Una vez más, Carlos Moraleda, la voz solista, demostró sus tablas sobre un escenario y su extenso catálogo de recursos para meterse al público en el bolsillo desde el primer compás de una actuación que bajo ningún concepto ha de pasar desapercibida para los ejecutivos de una general industria fonográfica sumida en la crisis que, si bien es de carácter económico, también lo es a nivel creativo, aspectos absolutamente relacionados entre sí.

 En definitiva, un lujo de concierto del que os dejo las siguientes instantáneas.