Jean_sibelius

* Escrita entre los meses de febrero y marzo de 1901 en Rapallo
* Estrenada en Helsinki el 8 de mayo de 1902
* EFECTIVOS ORQUESTALES: 2 flautas, 2 óboes, 2 clarinetes, 2 fagots, 4 trompas, 3 trompetas, 3 trombones, tuba, timbales y sección de cuerda.
* Duración aproximada de la ejecución: Entre 45 y 46 minutos.

 Sibelius ocupa una posición singular no sólo en la música escandinava, sino también en el desarrollo de la sinfonía. Además de ser el mayor músico surgido en los países escandinavos, sus siete sinfonías acreditan una excepcional maestría en esta forma compositiva. Dos temas principales atraviesan transversalmente su legado sinfónico: El arrebatado amor del compositor por la naturaleza y la seducción que sobre su música ejerció la mitología finlandesa tradicional. Pero los logros de la obra de Sibelius resultan aún más notables si tenemos en cuenta que fue compuesta sin el apoyo de una verdadera tradición musical autóctona. Su música brotó en una tierra prácticamente virgen, sin el calor de una tradición propia y en un ambiente de pobre iniciativa musical.

 Las influencias musicales de Sibelius pasan desde un inicial amor por los clásicos vieneses y una notable incidencia de la obra de Grieg y de Chaikovski a posteriormente declarar su amor por Bruckner, compositor con el que Sibelius llegó incluso a cartearse. Por contra, y pese a todo lo que se ha escrito, Sibelius sintió una enorme animadversión hacia Wagner, pero más en lo relacionado con la peculiar personalidad del compositor alemán que con su obra dramática. Nadie puede negar que la magistral utilización de los metales de la que suele hacer gala Wagner en sus composiciones fue totalmente admirada por Sibelius hasta el extremo de que en muchas de sus obras podemos escuchar ciertas, si se me permite, reminiscencias wagnerianas en lo relativo a la orquestación de la sección de metales. Además — y eso que el propio Sibelius siempre trató de negarlo — las óperas wagnerianas le causaron un sobrecogedor impacto, según las tesis del profesor Erik Tawaststjerna, una de las mayores autoridades mundiales en lo que a música de Sibelius se refiere. De cualquier manera, Sibelius, como sinfonista, hizo una contribución única a la música, demostrando una inigualable maestría para hacer evolucionar orgánicamente los materiales en una especie de creación continua de los mismos.

 Posiblemente, la Segunda sinfonía de Sibelius sea la más conocida e interpretada de todo su ciclo sinfónico. Escrita después de Finlandia — la obra más emblemáticamente nacionalista del autor — fue concebida durante una estancia del músico por Italia. Su estreno en Helsinki en marzo de 1902 constituyó un inmediato éxito, siendo la obra repetida tres veces en el intervalo de ocho días. De manera similar a Finlandia, la obra fue considerada como un canto de combate contra el opresor ruso por los finlandeses y la expresión musical de sus aspiraciones nacionalistas. Su audiencia internacional provocó también un paralelo movimiento de simpatía hacia su país. En cuanto al contenido, podemos catalogar de “romántica” esta sinfonía, si bien se trata de una obra especialmente original en la que destaca la brevedad de los temas que construyen poco a poco conjuntos más vastos y la predilección de Sibelius por los grupos instrumentales inusuales, sobre todo en las maderas.

 Como enlace para la audición, os he puesto una muy convincente versión de Paul Paray al frente de la Orquesta Sinfónica de Detroit. Dicha grabación está disponible en el sello MERCURY LIVING (Ref 434317).

DESARROLLO DE LA OBRA

PRIMER MOVIMIENTO: Allegretto: En Re mayor, es sin duda desconcertante y su comienzo llama nuestra atención por su carácter fragmentado, a la manera de una improvisación temática en el seno de la forma sonata. Sibelius opera un considerable rejuvenecimiento en esta forma sobre breves células melódicas que se suceden de uno a otro instrumento sobre un fondo rítmico de la cuerda en 6/4 — once negras consecutivas — que asegura su permanencia. El desarrollo parece realizar una síntesis que no es otra cosa que una intensificación de los elementos temáticos precedentes en registros instrumentales más homogéneos, con predominio de la cuerda y posteriormente de la familia de los metales. En la reexposición vuelve a aparecer el tema pastoral del principio, pareciendo que se abrevia en base a un logrado diminuendo.

SEGUNDO MOVIMIENTO: Tempo andante ma rubato: En re menor, es un sombrío movimiento lento que inauguran los violoncelos y contrabajos en pizzicato y al que se superpone una melodía sobrecogedora, casi modal, expuesta por el fagot. Seguidamente interviene la cuerda dividida — Andante sostenuto — en la tonalidad de Fa sostenido mayor, acompañada de diversos motivos en la zona grave de la orquesta que se entrecortan por estallidos de los instrumentos de metal.

TERCER MOVIMIENTO: Vivacissimo: En Sí bemol, es un incisivo y tempestuoso scherzo, una especie de movimiento perpetuo en 6/8 que recorre inmediatamente los registros extremos de la orquesta (Desde los contrabajos a los violines en su registro agudo). Los timbales introducen un breve trío en sol bemol y el óboe abre una atmósfera casi agreste. Hay repeticiones variadas del scherzo, después del trío y del inicio del final, cuyo primer tema se prepara ya sin interrupción con el posterior y último movimiento de la sinfonía.

CUARTO MOVIMIENTO: Finale-Allegro moderato: Encadenado al anterior, es un Allegro moderato en 3/2 fundido en la forma sonata. Son cuatro temas, provistos de motivos secundarios: El primer tema es expuesto por la cuerda, al que le sigue una fanfarria de las trompetas; el segundo opone la cuerda a las maderas; el tercero es tranquilamente dibujado por el óboe para posteriormente ser relevado por el resto de maderas y por la cuerda; y el cuarto, más breve, es perfilado por los instrumentos de metal en Do mayor. La reexposición, en la que la orquesta gana en amplitud, también se dilata, progresando en base a un continuo crescendo. La corta y triunfal coda, en la que dominan los instrumentos de metal, termina la obra en un clima de apasionada exaltación.

VERSIONES RECOMENDADAS

Lorin Maazel con la Filarmónica de Viena. DECCA. (Maazel es uno de los grandes especialistas de Sibelius. Versión de referencia)
Sir Thomas Beecham con la Orquesta de la BBC de Londres. BBC LEGENDS. (Impetuosa y con un genial sentido de la anticipación)
Georg Szell con la Orquesta del Concertgebouw. PHILIPS. (Un disco un tanto insólito de Szell. Magnífica versión)
Sir Colin Davis con la Sinfónica de Boston. PHILIPS. (Una correctísima lectura de un ciclo estupendo)
Sir John Barbirolli con la Royal Philharmonic. CHESKY. (Otra grabación rara, pero sensacional. Muy apasionada y efervescente)
Leonard Bernstein con la Filarmónica de Viena. DG. (De las mejores grabaciones de Bernstein. Eso ya lo dice todo. Genial)
Pierre Monteux con la Sinfónica de Londres. DECCA. (Para melómanos. Original y con un punto un tanto exótico)
Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín. EMI. (Brillante, poderosa y magnética. Muy buena versión)

Por contra, no acaban de satisfacerme las versiones de Simon Rattle con la City of Birmingham. EMI. (Algo insulsa y desdibujada) y la de Herbert Blomstedt con la Sinfónica de San Francisco. DECCA. (No suena mal, pero me aburre por momentos). Por supuesto, éstas no son sino apreciaciones personales sin ninguna pretensión vinculante por mi parte.