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 Gallega de nacimiento y asturiana de adopción, Luz Casal es una de las mejores voces que ha dado la música española en los últimos treinta años. Ya desde su primer gran éxito, El ascensor, canción con indiscutibles ritmos de reggae, la artista daba muestras de un talento musical del todo encomiable. Fueron estos primeros años dedicados a un tipo de música más rockera, como lo prueban sus colaboraciones y giras con grupos como Leño o el propio Miguel Ríos. Aparte, Luz Casal destacó por ser una de las pocas artistas que parecían triunfar lejos de nuestras fronteras y en lugares tan insólitos como en la Checoslovaquia de mediados de los ochenta. Poco a poco, Luz se va despojando de su faceta más rockera y adopta un estilo más personal e íntimo, resolviéndose como una excepcional intérprete de baladas. Pero el verdadero aldabonazo le llega en 1989 con la edición de su disco LUZ V, primer trabajo fruto de la colaboración con el sello Hispavox, un LP que se vendió como rosquillas y en el que destacaban un buen puñado de canciones, entre ellas la inolvidable balada No me importa nada, una de sus mejores canciones a lo largo de toda su trayectoria. En 2007, afortunadamente, la artista superó un cáncer de mama y de esa convalecencia sacó un disco con claras referencias a su enfermedad y posterior tratamiento, Vida tóxica. Tenemos la absoluta certeza de que Luz Casal todavía nos tiene que ofrecer mucha y buena música.

 No me importa nada es una hermosísima balada que hace referencia al hartazgo que produce una relación sentimental que se agota sin remedio. Una brevísima cadencia de la guitarra, subrayada por una sostenida pandereta, da paso a la introducción en la que la misma guitarra, aparte de armar el valiosísimo componente rítmico de la canción, nos anticipa fugazmente el desarrollo armónico de la misma. El bellísimo timbre de voz de Luz Casal nos expone los dos motivos principales — Tú juegas a quererme y no me importa nada — preciosamente coloreados con unas cromáticas apoyaturas propias del blues. La segunda sección de la balada es un lógico desarrollo del segundo motivo, que hace las veces de estrofa, con unas transiciones moduladas muy efectivas que equilibran extraordinariamente el discurso melódico. Tras esta exposición, originalmente cantada en la dominante, la guitarra recoge el testigo melódico que no es sino una prolongación rítmica sobre la base en la que se apoya toda la composición y que, como ya hemos señalado, supone el armazón fundamental de la pieza. Nueva reexposición temática y recapitulación final sobre unas notas de la guitarra que dan sensación de cierta improvisación.

 El resultado se traduce en una canción deliciosamente fresca, magníficamente ensamblada y que evita en todo momento los contrastes rítmicos, manteniendo una línea de tempo similar, algo que no es tan fácil como aparentemente parece. En mi opinión, se trata de una de las mejores canciones de Luz Casal y la que posee un arreglo más trabajado. Ahí os dejo la letra.

Tú juegas a quererme,
yo juego a que te creas que te quiero.
Buscando una coartada,
me das una pasión que yo no espero
y no me importa nada.
Tú juega a engañarme,
yo juego a que te creas que te creo,
escucho tus bobadas
acerca del amor y del deseo
y no me importa nada, nada
que rías o sueñes
que digas o que hagas
y no me importa nada
por mucho que me empeñe
estoy jugando y no me importa nada.

Tú juegas a tenerme,
yo juego a que te creas que me tienes
serena y confiada
invento las palabras que te hieren,
y no me importa nada.
Tú juegas a olvidarme
yo juego a que te creas que me importa,
conozco la jugada
sé manejarme en las distancias cortas
y no me importa nada, nada
que rías o sueñes
que digas o que hagas
y no me importa nada…