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En el enlace al vídeo que hoy os dejo podemos escuchar el primer movimiento Notturno (molto sostenuto) de la Eine romantische Suite, Op. 125, del compositor alemán Max Reger. La versión corre a cargo de la Orquesta Sinfónica de la Radio del Norte de Alemania (NDR de Hamburgo) dirigida por el maestro Hans Schmidt-Isserstedt y dicha grabación forma parte de un disco compacto perteneciente al sello ACANTA del que ignoramos su número de catálogo. Este movimiento que abre la obra presenta la peculiaridad de estar dominado casi enteramente por la sección de maderas de la orquesta mediante cortos fragmentos melódicos. La Suite Romántica fue compuesta en 1912 y estrenada ese mismo año en Dresde bajo la dirección de Ernst von Schuch. Para determinados especialistas, esta Suite es la única partitura de Reger influida por el expresionismo postromántico como el título de la obra nebulosamente sugiere. Inspirada por unos versos del poeta Eichendorff, la obra consta de otros dos movimientos más, Scherzo, sobre ritmo de vals, y Finale, con repetición y reelaboración de temas previos.

El posrromanticismo musical alemán se diferenció del francés en que, si este último enfrentó al pasado con una visión de futuro, aquel partió de ese mismo pasado aunque con una conciencia clara de final de época. Ciertamente, el posrromanticismo anunció la futura y próxima eclosión de una vanguardia y una modernidad que no llegará a cristalizar del todo hasta el siglo XX, preparando el terreno estético y técnico, y evitando una confrontación directa con el Romanticismo en sus orígenes. Anton Bruckner había conseguido reunir a un pequeño grupo de partidarios wagnerianos que lo consideraban como un ser imbuido de la pureza musical inspirada por su mentor. Por su parte, Gustav Mahler era más famoso por su calidad de director de la Ópera de Viena que por su faceta compositiva. Se ejecutaban sus sinfonías, realmente, pero con una frecuencia relativamente escasa. Aún así, implantó esa conciencia de atisbo de futuro anteriormente referida. Tan solo unos años más tarde, tanto Bruckner como Mahler fueron del todo eclipsados por la figura de Richard Strauss, cuya obra se prolongó tanto en el tiempo que es difícil clasificarlo como un compositor del siglo XX teniendo en cuenta la estética heredada de su naturaleza musical. Simplemente, Richard Strauss fue un compositor tan posrromántico como Mahler que vivió mucho más y ello le permitió participar de otros momentos históricos sin cambiar la esencia de su manera musical. Pero junto con todos los nombres antes citados, existió otro compositor cuya obra mereció un gran respeto en Alemania durante la década que prosiguió a su muerte. Max Reger se desvinculó del wagnerianismo de Bruckner y Mahler, mostrándose como un firme partidario del tradicionalismo de Brahms y proponiendo restaurar la gran tradición polifónica alemana de Bach. “Puedo decir que de todos los compositores vivientes soy el que mantiene un contacto más directo con las grandes maestros de nuestro fecundo pasado. Soy el ariete que enviste a la pervertida basura wagneriana y a la straussomanía” — declaró Reger en 1914. Algunos no se lo perdonaron jamás. A día de hoy, su música trata de encontrar un camino tras décadas de total abandono y rechazo. Es más, Reger representó para muchos de los compositores vanguardistas del siglo XX todo lo malo y vulgar del posrromanticismo. Si Mahler y Bruckner protagonizaron un tremendo renacimiento de su obra a partir de la década de los años sesenta del siglo XX, la extensa producción de Max Reger fue del todo ignorada excepto cuando fue necesario incluirla en una lista negra de los compositores más detestados. La música de Reger sigue adoleciendo para muchos del triste sambenito de ser tan genial como vacía.

Max Reger nació el 19 de marzo de 1873 en Brand, Baviera, y comenzó su formación musical en Wiesbaden bajo la tutela de Adalbert Lindner y Hugo Riemann. Tras unos años en esta ciudad, Reger regresó al domicilio familiar y compuso numerosas obras para órgano, música de cámara y lieder. A partir de 1901, y luego de superar una crisis mental y física, Reger marchó hacia Munich y trabó amistad con Richard Strauss, llegando a ser profesor de la Escuela de Música de dicha ciudad a partir de 1905. Dos años más tarde, Reger fue nombrado profesor de composición en Leipzig e incluso llegó a ser nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Jena. Ya en 1911, Reger realiza una gira por Inglaterra que le supone el reconocimiento internacional para luego aceptar el cargo de director musical de la corte del duque de Meiningen. En 1914, tras la muerte del duque protector Georg II, Reger parte hacia Jena y compone el grueso de sus últimas obras. Hombre de carácter muy difícil (fue famosa su contestación a un crítico que había juzgado mal su música: “Estimado señor, estoy sentado en la habitación más pequeña de mi casa. Tengo ante mis ojos su crítica. En breve la tendré detrás de mí…”) en 1916 Reger emprendió una gira de conciertos por Leipzig durante la cual fue abatido por un colapso cardíaco el 11 de mayo.

Vividor, bebedor, amante de todo tipo de excesos (incluso en el ámbito de la composición), Max Reger fue no obstante un músico valiente que nunca vaciló en expresar lo que pensaba. Siempre creyó que su misión en la vida era crear música al estilo de Bach y Beethoven amoldándose a la gran orquesta postwagneriana que no dudó en utilizar. Con un dominio magistral de la técnica, Reger creó un ingente caudal de música que necesita ser reexaminada pese a que en su tiempo tuvo a defensores como Schönberg y Fritz Busch. Sirve desde aquí nuestro humilde homenaje a la figura de este controvertido autor.