Scheherezade Nikolai Rimski-Korsakov uno de los grandes orquestadores

Scheherezade, suite sinfónica:

  • Compuesta entre febrero y julio de 1888
  • Estrenada en 1889 en San Petersburgo
  • EFECTIVOS ORQUESTALES: 3 flautas (Una piccolo), 2 óboes (Uno corno inglés), 2 clarinetes, 2 fagots, 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones, tuba, timbales, platillos, bombo, caja clara, pandereta, triángulo, tam-tam, arpa y sección de cuerda
  • Duración aproximada de la ejecución: Entre 43 y 45 minutos

Rimski-Korsakov es uno de los grandes orquestadores de la historia, aspecto que adquiere una mayor dimensión si tenemos en cuenta que su música arranca de algunos románticos y de Glinka, nada más. El anillo del nibelungo de Wagner no fue dado a conocer en Rusia hasta 1888, fecha en la que Rimski ya había compuesto sus más importantes obras sinfónicas. De esta manera, Rimski, aunque arrastrado por la nueva riqueza de la orquestación wagneriana, no tuvo hasta entonces otros recursos. El conjunto de instrumentos no tenía secretos para él y siempre buscó el colorido sonoro apoyándose en el virtuosismo técnico. Su inspiración trató de encontrar el atractivo exótico en base a la fidelidad absoluta de la línea melódica, con lo que sus obras, si bien pueden parecer un tanto frágiles y huecas desde el punto de vista de la riqueza armónica, suelen producir en el gran público un especial deslumbramiento.

Scheherezade, suite sinfónica

Scheherezade, sucediendo inmediatamente al Capricho español, es la obra más popular de Rimski y la que le habría bastado por sí sola para asegurar su inmortalidad. Es también, sin que nadie se atreva a negarlo, el más importante monumento oriental de toda la música del siglo XIX. Al escribir esta partitura, Rimski se inspiró en diferentes episodios de los cuentos de Las mil y una noches, aunque sin necesidad de atenerse a una exacta versión. Aunque actualmente la obra se divide en cuatro episodios titulados, el compositor nunca quiso definir esos cuatro movimientos para no dar una impresión demasiado precisa al programa de la obra y prefirió titular en un principio los cuatro movimientos como Preludio, Balada, Adagio y Final, aspecto que nunca se ha respetado. Es más, la partitura contiene unas notas que fijan sencillamente el clima general de la obra, excluyendo cualquier detalle. En su autobiografía, Rimski comenta que “es inútil buscar en la suite determinados leitmotivs ligados a una determinada idea poética o imagen. Las semblanzas de leitmotivs son sólo materiales puramente musicales, motivos del desarrollo sinfónico que pasan y se derraman a través de todas las partes de la obra, continuándose y entrelazándose”. Una historia breve y resumida de esta obra es que el sultán Shahriar tiene como malévola costumbre la de ordenar la ejecución de aquellas mujeres que pasan su primera noche con él. Scheherezade, advertida de ello, le relata una serie de cuentos y leyendas que consiguen cautivar al sultán, quien va demorando la orden de ejecución de la Princesa hasta olvidarse de la misma.

Quedando entonces claras las intenciones puramente claras del compositor, no dejamos de reconocer las múltiples posibilidades de atribución de cada tema. Rimski supo traducir bien la característica esencial de Las mil y una noches, la imbricación de unas historias con otras; de esta forma, en su partitura, varios elementos temáticos pueden nacer, y de hecho nacen, de un único motivo. Por último, hemos de señalar que esta suite sinfónica fue convertida en un opulento ballet por Diaghilev —  lleno de historias de piratas, encantadores, tesoros y harenes repletos de seductoras mujeres —  que dio fama mundial al bailarín Nijinski. La versión que os dejo en los diferentes enlaces se corresponde con la de Arthur Arnold dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Moscú y con la extraordinaria intervención solista de Elena Semenova.

DESARROLLO DE LA OBRA Scheherezade

1- El mar y el barco de Simbad: El primer movimiento comienza con una introducción en la que se presenta a los protagonistas, el sultán y Scheherezade. El tema inicial, fortissimo y al unísono, en el que sobresalen los instrumentos de metal, está dominado por el terrible personaje del sultán Shahriar. Después de una pausa, una transición realizada por cinco largos acordes de los instrumentos de madera crea un contraste sorprendente y establece el clima de evocación mágica (Este episodio recuerda indefectiblemente a la obertura El sueño de una noche de verano, de Mendelssohn). Inmediatamente después, el violín solista, acompañado por el arpa, dibuja en el registro agudo la fina melodía oriental que unirá todos los movimientos al mismo tiempo y que servirá de matriz para otros temas (Es el verdadero leitmotiv de Scheherezade).

Pocos saben que Rimski lo tomó del poema sinfónico Thamar, de Balakirev… Con la indicación Allegro non troppo, comienza el cuadro del mar: El tema que era del sultán toma aquí una nueva atribución y es dulcemente acunado por los arpegios de la cuerda. Después de una sensual ascensión de los acordes y de un gracioso trazado de la flauta como tema secundario, vuelve el tema de Scheherezade y da enseguida nacimiento a una nueva figura en el conjunto de la madera. Se levanta una tempestad que arrastra el navío sobre las olas y un poderoso crescendo nos trae la superposición de dos motivos. El carácter de todo el movimiento alterna la descripción, llena de color, con la evocación más puramente poética y sutil. Tras aparecer el motivo secundario en flauta, oboe y clarinete, el movimiento concluye con los acordes en pizzicato de la cuerda sobre un calmado fondo de maderas.

2- El cuento del Príncipe Kalender (A partir del minuto 1.38 de este vídeo): Después de una citación del tema de Scheherezade, el fagot ejecuta un nuevo motivo nacido de este aunque con un carácter más diferente, con más ritmo y energía pese a que sigue siendo suave. Es repetido por el óboe, violines y conjunto de los instrumentos de la madera antes de llevarnos a un brusco cambio de atmósfera. Resuenan fanfarrias de llamada (Trombón, luego trompeta), y se multiplican y repercuten en toda la orquesta, dando una sensación de batalla.

Una larga frase cadencial en el clarinete, sobre una obsesiva repetición de una fórmula compuesta por tresillos de notas conjuntas, prepara un nuevo episodio. Una serie de revoloteos de los instrumentos de madera y trémolos de los violines en el agudo evocan el paso del Pájaro Roch. Pero el desarrollo nos devuelve a las fanfarrias abundantemente explotadas por la orquesta. A continuación se retorna a las frases en tresillos primero por el fagot y luego, más brevemente, por óboes, flauta, clarinetes… Para reaparecer el primer tema, que alterna con esa anterior secuencia hasta el final del movimiento. En la coda, volvemos a escuchar el tema del sultán, el tema del mar.

3- El joven príncipe y la princesa (A partir del minuto 3.55 de este vídeo): Posiblemente, el cuadro más inspirado de toda la obra. Primero aparece el tema del Príncipe, el Sol mayor, expuesto por los violines y parafraseado por clarinete, flauta y violines en una especie de escalas con guirnalda. Seguidamente viene el tema de la Princesa, de similar construcción y en Si bemol mayor, pero con un ritmo marcado por la caja clara y posteriormente por la trompeta. La reexposición del primer tema intercala la cadencia del violín solo con el motivo de Scheherezade prolongado por un abigarramiento de arpegios. A continuación, la paráfrasis, considerablemente reducida del primer tema y luego del segundo, conduce a la coda, cuyos últimos compases se avivan discretamente con los tresillos descendentes de las maderas y los toques en pianissimo de la percusión.

4- Fiesta en Bagdad; naufragio de un barco sobre las rocas (A partir del minuto 3.57 de este vídeo y todo el siguiente): La introducción nos deja escuchar alternativamente el tema del sultán bajo una nueva forma y el de Scheherezade con unos temibles acordes del violín. La fiesta comienza con la indicación de Vivo, con un rápido motivo de ritmo con puntillo. Todo el componente temático está caracterizado por movimientos cerrados y de remolino, algunos salidos del segundo episodio de la obra y otros repetidos del anterior tema de la Princesa.

El ascenso del trance colectivo se efectúa mediante un crescendo orquestal, con un uso cada vez más abundante de la percusión. Pero aparecen unos momentos de reconfortante descanso… Un último crescendo nos conduce sin interrupción al último cuadro, el mar, con su movimiento de arpegios animados progresivamente, con el vaivén de sus olas y los silbidos del viento en escalas cromáticas de las maderas, hasta llegar al choque de El naufragio, marcado por un golpe de tam-tam. La repetición de un fragmento del primer movimiento recrea seguidamente un clima ensoñador y la obra concluye con el tema de Scheherezade, que muere en el extremo agudo del registro del violín.

VERSIONES RECOMENDADAS de Scheherezade

Leopold Stokowski con la Sinfónica de Chicago. RCA (Impresionante presentación de atmósferas. De absoluta referencia)
Sir Thomas Beecham con la Royal Philharmonic. EMI (Penetrante y trabajada lectura de ese genio llamado Beecham)
Paul Kletzki con la Orquesta Philharmonia. EMI (Claridad diáfana dentro de una interpretación muy bien construida)
Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín. DG (Un binomio inigualable para esta obra. Sensacional)
Sergiu Celibidache con la Orquesta de la Rai de Turín. HUNT (Sólo para incondicionales. Deficiente toma sonora)
Ernst Ansermet con la Suisse Romande. DECCA (¿Cómo no va a leer bien esta obra un matemático?)
Kiril Kondrashin con la Orquesta del Concertgebouw. PHILIPS (Haciendo patria… Grandiosa la orquesta. Un cañón)

Por contra, no acaban de satisfacerme del todo las versiones de Zubin Metha con la Filarmónica de Los Ángeles. DECCA (Grandilocuente y poco equilibrada) y la de Valery Gergiev con la Orquesta del Teatro Kirov. PHILIPS (Los mismos defectos que los apuntados para la versión precedente). Por supuesto, estas no son sino meras apreciaciones subjetivas sin ninguna pretensión vinculante.