Robert_Schumann_1839

 En el enlace al vídeo que hoy os dejo podemos escuchar una verdadera joya musical, quizás lo más inspirado que compuso nunca Robert Schumann a nivel sinfónico, el evocador, poético y ensoñador Adagio de la Sinfonía nº2, Op. 61, en Do mayor. Por momentos, parece que estamos escuchando a un futuro Mahler o incluso a Bruckner, con esos giros de cuerda tan magistralmente desarrollados. La música resulta del todo trascendente y no podemos dejar de imaginar durante la audición el enloquecido amor que Robert Schumann sintió siempre hacia Clara, una de las parejas más geniales de la historia de la música. Schumann se muestra en esta bellísima pieza del todo inspirado, tocado por las invisibles manos de las mágicas musas, en una verdadera demostración de talento musical. Contra todo lo que se ha venido comentando, este movimiento — y la sinfonía en su totalidad — está maravillosamente orquestado, con un magistral trato a las cuerdas y al clarinete, en especial. La versión del enlace corresponde a una lectura de George Szell al frente de la Orquesta de Cleveland y dicha grabación está disponible en el sello SONY (Ref 89382).

El Adagio, en do menor y compás de 2/4, es un ejemplo de portentoso desarrollo orquestal que, aunque toma préstamos del mundo clásico, pertenece por entero a la sensibilidad romántica. La melodía, de una ternura teñida de melancolía, en declamada ampliamente por los primeros violines y coloreada posteriormente por el oboe. Tras un episodio de transición, subrayado por las trompas, el clarinete expone nuevamente el tema, modulado a tono mayor por flautas, que prepara el ascendente clímax de cuerdas, con elevados trinos de connotaciones un tanto místicas. Con sumo equilibrio, las maderas cierran este fragmento y dan paso a un episodio levemente fugado que culmina de nuevo con la exposición del tema principal. El movimiento acaba con una admirable serenidad.

 La sinfonía nº2 de Robert Schumann, aún siendo menos conocida que la Renana y la Cuarta, es a mi juicio la sinfonía más completa del compositor de Zwickau. Cronológicamente, es la tercera de sus sinfonías ya que fue esbozada en diciembre de 1845, una vez finalizado el Concierto para piano, y terminada el año siguiente, cuando ya empezaban a manifestarse los primeros síntomas de su fatal enfermedad. El propio Schumann declaró que esta sinfonía “representa la resistencia de mi espíritu, la lucha contra mi estado de salud”. Una obra, pues, del dolor y la victoria sobre sí mismo, de ahí la atmósfera cambiante de la misma, una veces inclinada hacia la alegría y otras hacia la más íntima resignación. La obra presenta ciertas afinidades con la Primera sinfonía: Ambas comienzan con un lento preámbulo que prefigura la temática de la obra y también poseen un Scherzo con dos tríos. Pero quizás más en esta sinfonía, los lazos y encadenamientos temáticos entre los diversos movimientos entrañan un deseo de rigor y cohesión en la construcción. La primera audición de esta sinfonía, dedicada al rey Oscar I de Noruega y Suecia, tuvo lugar en Leipzig el 5 de noviembre de 1846.

  Disfrutad con esta pieza, aunque os recomiendo encarecidamente la audición de toda la sinfonía, enteramente disponible en la misma versión.