oposiciones

 Antes de desarrollar el tema de hoy dos aclaraciones: No estoy en contra de aquellos que opositan por vocación, por lo que mis comentarios no incluyen a ese colectivo. Comparto el criterio de oposiciones como medio de selección de los más idóneos.

 En el 20 MINUTOS  (12/3/09 edición impresa Madrid) aparece una nota donde se describe que como consecuencia de la actual crisis se ha disparado en las academias de formación la matrícula para opositar.

 El argumentario es resumen expresa que se busca seguridad laboral (trabajo de por vida), las oposiciones más fáciles y la distancia entre el lugar de trabajo y domicilio. Quiero pensar que los motivos expuestos no sean una muestra representativa de todos los que vayan a opositar, pero sí me lleva a reflexionaar sobre ciertas cuestiones. Sin abstraerme del hecho que mucha gente está en paro y pasándola muy mal por causas propias y ajenas, la opción de opositar por esos motivos es como rendirse sin presentar lucha. La justificación sería que dada la coyuntura tengo que salir del atolladero y es una buena opción, pero cuando la crisis termine ¿Cómo sigue mi vida?

 También me pregunto entonces qué servicio puedo esperar como ciudadano y contribuyente si ese es el objetivo perseguido.

 Siendo piadoso, podría validar tal conducta con el consabido CETERIS PARIBUS que utilizan los economistas para enmarcar sus predicciones y justificar sus errores, pero no alcanza.

 Para expresar lo que pienso y siento, qué mejor que la experiencia personal: Desde que mis hijos eran adolescentes el mensaje que les transmitimos era repetitivo:

 “Vuestro futuros son ustedes, sus parejas (si deciden tenerla) y una mochila (eufemismo para explicar lo inútil de aferrarse a lo material cuando hay que decidir sobre el futuro. Deben estudiar lo que los motiva y trabajar en lo que puedan” (si compatibilizan ambos mejor)

 El fundamento de ello era:

El trabajo para toda la vida se acabó en la década de los 80 (nacimiento de la globalización)

Cuidado con el síndrome del sapo hervido (si lo colocan en una olla con agua del tiempo y la van calentando retozará feliz hasta un momento — cercano a la ebullición — en que morirá escaldado (precepción tardía del cambio)

Empleabilidad (una receta fácil para verificarlo es aplicar a una búsqueda y ver si lo convocan. Si no hay respuesta — descartando el aspecto salarial– se impone un ajuste en nuestras habilidades y capacidades

Desestructuración mental/Open main: Muchas grandes empresas “obligan a su alta dirección a formarse en disciplinas ajenas a la actividad” para desarrollar nuevas habilidades (conozco casos de actividades musicales y pintura en empresas metalúrgicas y alimenticias)

Visión de crisis como oportunidad (la rutina tanto mental como física atrofia nuestro potencial de desarrollo como personas)

Reinventarse permanentemente (haciendo un paralelo, hoy cuando compramos un teléfono móvil no nos preguntarnos si sirve para comunicarnos; hacemos hincapié en qué nueva prestación me dará)

 Como muestra del aprendizaje uno de ellos en 6 años cambió 7 veces de empresa por la simple razón – para el que escribe de vital importancia – de aburrirse de administrar rutinas y no ofrecerle nuevos desafíos. El otro hijo con trabajo fijo renunció para crear una empresa sin capital cuando la crisis estaba en ciernes.

Para terminar dos frases:

– Un país se construye y avanza generando riqueza, por el contrario retrocede y se estanca admininstrando pobreza

– Si crees que formarse es un gasto y lleva esfuerzo prueba con la ignorancia que es gratuita y no cansa.

Un abrazo y buen fin de semana

THENIGER