Fotografía de Piotr Chaikovski tomada en el mismo año de su muerte

 Tras acometer la composición de la ópera Eugenio Oneguin y del ballet El lago de los cisnes, Chaikovski, acomodado en la holgura económica que le dispensaba madame Von Meck, inició la creación de una nueva ópera, La doncella de Orleans, terminada a finales de 1879. Meses atrás, había dado forma al conocido Concierto para violín, obra que por sus enormes dificultades técnicas hubo de ser rechazada por varios solistas. Acogiéndose de nuevo a la desinteresada ayuda de madame Von Meck, Chaikovski fijó su residencia en Roma durante un período, hasta marzo de 1880. Puede afirmarse que a partir de esta fecha su fama como compositor creció enormemente en Rusia, en donde sus obras comenzaron a interpretarse con regular asiduidad. Mucha de su también excelente reputación fuera de Rusia fue debida a la difusión de su Concierto nº1 para piano, pieza obligada de piano para todos los virtuosos de la época. Pero este prestigio era paralelo a los incesantes altibajos y crisis depresivas que el músico padecía. De hecho, entre 1880 y finales de 1881 fue incapaz de componer una sola obra; este vacío creador se quebró con la feliz composición de su extraordinario Trío para piano, violín y violoncelo.

 Tras rechazar el cargo de director del Conservatorio de Moscú, el compositor pareció atravesar una etapa dichosa y feliz, despreocupado totalmente de las contingencias económicas gracias a los dispendios de madame Von Meck. De esa época es su alegre Capricho italiano y el estupendo Sexteto para cuerdas. Entre 1882 y 1883 se dedicó a la composición de una nueva ópera, Mazeppa, cuyo estreno se realizó de manera simultánea en Moscú y San Petersburgo. En esta última ciudad el éxito fue tal que el propio zar Alejandro III le condecoró con la Gran Cruz de Vladimiro. En 1885, Chaikovski adquirió una casa en Klin, a mitad de camino entre Moscú y San Petersburgo. Situada en medio del campo, constituía el lugar ideal con el que el compositor había soñado desde su infancia. Ese mismo año concluye la Sinfonía Manfredo, una de sus obras más originales. Un año después, emprende una triunfal gira a través del Cáucaso, en donde fue agasajado por las autoridades de Georgia, circunstancia que emocionó del todo al compositor. Entre 1887 y 1888 realizó numerosas giras que le llevaron a Leipzig, Berlín, Praga, Hamburgo, París y Londres, ciudades estas en donde Chaikovski, por primera vez, se puso al frente de las distintas orquestas para dirigir sus obras. En todas esas urbes recibió calurosos homenajes y en Hamburgo llegó a conocer personalmente a Brahms, aunque ninguno de los dos músicos pareció entusiasmarse en exceso por el encuentro. En 1889 repetiría la misma gira, añadiendo Dresde y Ginebra en sus visitas.

 Durante el verano de 1889 y en la intimidad de la casa de campo, Chaikovski se enfrascó en la composición del ballet La bella durmiente, una de sus más inspiradas partituras, que se estrenó ante la presencia del zar sin el éxito esperado, aunque la obra logró remontar con posterioridad. El compositor se sintió muy afectado por las circunstancias del estreno y cayó en una enésima depresión que le hizo retirarse a Italia durante unas fechas. Allí, compuso la que es considerada como su mejor ópera, La dama de picas. Sin embargo, este período de prestigio, fama y tranquilidad económica, salpicado por sus frecuentes bajones anímicos, se vio interrumpido por la pérdida de confianza de madame Von Meck, quien cortó con todo tipo de ayuda económica y dejó sumido al compositor en una inevitable crisis de angustia personal.

 Tras esta ruptura, y a partir de 1891, Chaikovski se recluyó en su refugio campestre y se marcó un programa diario de trabajo que en buena medida conseguía frenar su tendencia hacia la depresión. Chaikovski disfrutaba componiendo y para ello comenzaba su jornada invariablemente a las nueve de la mañana, prolongándose hasta la hora del almuerzo. Tras el mismo, salía a dar un paseo para luego retomar su trabajo, generalmente orquestando lo que había dejado escrito por la mañana. Al anochecer, aprovechaba para jugar a los naipes con sus amigos (Una de sus grandes distracciones) o hacía solitarios si se encontraba solo. Justo antes de retirarse a la cama, se bebía un vaso de whisky. (Comentaba que su ingesta le venía estupenda para poder conciliar el sueño). Cuando el compositor se veía privado de realizar esta diaria rutina — mayormente, durante los períodos de viajes y giras — le sobrevenían los desequilibrios emocionales que desembocaban en agudas depresiones, como la que hubo de padecer durante los viajes que efectuó en 1891 a París y a los EEUU, en donde obtuvo un éxito arrollador dirigiendo sus obras, especialmente en Nueva York, Filadelfia y Baltimore. De regreso a Rusia, en verano, compuso el magnífico ballet Cascanueces, estrenado en marzo de 1892 en San Petersburgo con tal éxito que debieron de repetirse algunos números, y Iolanta, su última producción operística.

 En mayo de ese mismo año, Chaikovski adquirió una nueva casa en Klin que, luego de pasar a su sirviente una vez fallecido el maestro (Lo que provocó no pocos comentarios maledicentes), constituye hoy en día el Museo Chaikovski, un lugar de peregrinaje donde se conservan muchos documentos y objetos personales del músico. Ya en verano, Chaikovski pasó una temporada en el balneario de Vichy y a la vuelta a Klin acometió la composición de su magistral Sinfonía nº6, Patética; pero durante este proceso, fue de nuevo víctima de una depresión que le impedía trabajar, por lo que abandonó temporalmente la composición de la obra y aceptó una nueva invitación para realizar una gira de conciertos en Viena, Salzburgo y Praga. A principios de 1893, Chaikovski viajó hasta París, donde recibió el nombramiento de miembro de honor de la Academia Francesa. Posteriormente se trasladó a Londres, en donde fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Cambridge. Al regresar a Klin, se centró exclusivamente en terminar la Sinfonía patética, obra sobre la que el propio Chaikovski escribió: –“Toda mi alma está dentro de esta sinfonía”–  En octubre, viaja junto a su sobrino predilecto, Vladimir, a San Petersburgo para supervisar los ensayos de la obra. Sin embargo, los músicos de la orquesta tuvieron muchas dificultades durante los ensayos — parecían no comprender el elevado significado de la obra — y el día del estreno de la misma, el 28 de octubre, la sinfonía pasó con más pena que gloria, circunstancia que sumió al compositor en una nueva y profundísima depresión, toda vez que esta obra representaba para él su verdadero testamento musical. Afortunadamente, unos quince días más tarde, la obra fue nuevamente interpretada, esta vez a cargo del reputado director Napravnik, y en esta ocasión la sinfonía causó una inmejorable impresión, pasando a ejecutarse enseguida por todo el país. En aquellos momentos, Chaikovski era ya todo un mito viviente en Rusia.

 Pero el compositor se encontraba sumido en una depresión tan profunda que la recuperación parecía del todo imposible. El 1 de noviembre, Chaikovski se sintió indispuesto y se negó a comer. Al parecer, bebió un vaso de agua sin haber sido previamente hervida a pesar de que se había declarado una epidemia de cólera en San Petersburgo. La enfermedad no tardó en prender en el compositor con enorme virulencia, por lo que los médicos que le atendieron no pudieron hacer nada para combatirla. Unos días más tarde, Chaikovski cayó en estado de coma y ya nunca más volvió a recuperar la lucidez, aunque a veces murmuraba el nombre de madame Von Meck. Finalmente, a las tres de la madrugada del 6 de noviembre de 1893, Piotr Chaikovski abandonó para siempre el mundo de los vivos. La noticia de su muerte corrió como la pólvora y produjo un gran estupor a lo largo y ancho de toda Rusia. Su cadáver, a pesar de la epidemia, fue expuesto a la veneración del público. Hoy en día, es prácticamente unánime la tesis que sostiene que Chaikovski se suicidó, víctima de una terrible depresión anímica. (Según parece, estaba aterrado con la posibilidad de que, por medio de un chantaje, se hiciese pública su homosexualidad)

 La música intensamente emocional de Chaikovski combina de forma extraordinaria varias influencias en un solo estilo. Así, la música popular rusa se funde con la técnica centroeuropea; el aspecto nacionalista ruso con lo estrictamente personal del compositor; y lo decididamente rimbombante con el más inquieto de los misterios. Aunque, maestro de muchas formas de composición, quizás fue el ballet la construcción donde Chaikovski se encontró más a gusto. Su música presenta ciertas influencias de Beethoven, Schumann y, especialmente, de Glinka, sobre todo en la escritura orquestal. Sus tres últimas sinfonías muestran un característico programa psicológico en el que los temas experimentan notables transformaciones, a semejanza con la alterabilidad del estado de ánimo del compositor. Además, Chaikovski se nos revela como un extraordinario orquestador, muy superior a Rimski-Korsakov, con una prodigiosa capacidad para dotar a sus obras de un sonido deliciosamente multicolor. Para ciertos detractores — que los tiene — la música de Chaikovski adolece de un excesivo componente melodramático que impide cualquier atisbo de improvisada espontaneidad. Otros, más sibilinos, critican la aparente simpleza con que el compositor traza las transiciones intertemáticas, aspecto muy polémico que tradicionalmente ha sido debatido en las aulas de composición y análisis. Pero lo incontestablemente cierto es que Chaikovski es un músico directo que trata al oyente de tú: Sus obras giran y se mueven en direcciones inesperadas, desarrollando cosas previsibles pero nunca de una manera igualmente previsible. Aunque Chaikovski alentó en gran medida a un joven Rachmaninov, su estilo pasó de moda fuera de Rusia conforme los compositores se afanaban en buscar lenguajes más radicales. No obstante, su popularidad e interés ha permanecido hasta nuestros días y muchas de sus obras forman parte del repertorio tradicional de conciertos.

OBRAS

– 6 Sinfonías, destacando la 4, 5 y 6
Sinfonía Manfred (Fantasía sinfónica)
– 4 Suites
– 2 Oberturas fantásticas, destacando Romeo y Julieta
– 2 Oberturas
Serenata para cuerdas
– Otras obras orquestales menores
– 3 Conciertos para piano, destacando el nº1
Concierto para violín
– 7 Piezas para instrumento solista y orquesta, destacando las Variaciones Rococó
– 10 Óperas, destacando Eugenio Oneguin y La dama de picas
– 3 Ballets (El lago de los cisnes, La bella durmiente y Cascanueces)
– 3 Cuartetos de cuerda
Trío con piano, violín y violoncelo
Sexteto de cuerdas
– 2 Sonatas para piano
Las estaciones (Suite para piano)
– 10 Libros de piezas para piano
– 95 Canciones