Luciano Pavarotti

 Desde la ya lejana época de Enrico Caruso, ningún otro tenor había conseguido una popularidad que superase con creces los marcos operísticos. Sin embargo, en un mundo donde la música se desdoblaba por otros cauces estéticos como el jazz o el rock, surgió un verdadero fenómeno de masas que logró colocar algunas de sus grabaciones discográficas en lo más alto de las listas de ventas y con ello acercó, en cierta medida, el complicado y a veces desconocido mundo de la ópera a todos los sectores de la población. Verdadero fenómeno social, Luciano Pavarotti se ganó la admiración y el respeto mundial mediante una voz de excepcional calidad y belleza, amén de por un carisma personal único e inimitable. Con su desaparición en el verano de 2007, la música perdió posiblemente al último gran ídolo del género lírico y a uno de los mejores cantantes que jamás hayan pisado los principales escenarios operísticos de todo el mundo.

 Luciano Pavarotti nació el 12 de octubre de 1935 en Módena y en el seno de una humilde familia en donde el padre ejercía como panadero mientras que la madre trabajaba en una fábrica de cigarros. El padre era un gran aficionado a la ópera e incluso poseía una bellísima voz que le permitió cantar en ocasiones como solista en distintos coros. De esta manera, en el domicilio familiar solían escucharse las grabaciones de los grandes intérpretes operísticos de la época y así el pequeño Luciano pudo aficionarse desde muy joven al canto. Con todo, Luciano parecía ser un niño al que le gustaba más la práctica deportiva que la ópera y sopesó seriamente la posibilidad de trasladarse a Roma para formarse como monitor deportivo. Tras superar una gravísima enfermedad a los doce años que a poco le lleva a la tumba, la agradable voz del joven Pavarotti condicionó a que se inscribiera en las clases de canto que impartía el tenor Arrigo Pola. Este cantante sometió a Pavarotti a una espartana formación técnica con el objeto de limar todas las impurezas de su voz para lograr una línea de canto espontánea y natural. Durante aquel período de formación, Pavarotti trabajó también como profesor de educación física y como vendedor a domicilio de seguros. A partir de 1957, Pavarotti continuó sus estudios en Padua con Ettore Campogalliani al partir Arrigo Pola de gira artística  hacia Japón. Durante los trayectos diarios que debía realizar entre Módena y Padua, Pavarotti conoció a una joven estudiante, Mirella Freni, con quien labraría una profunda amistad que se prolongó durante toda la vida y en la que hubieron de compartir numerosas experiencias artísticas. En 1961, tras haber estudiado cuatro años con el profesor Campogalliani, el joven Luciano logra conquistar el Concurso Internacional Achille Peri. Este galardón le permitió debutar en el Teatro Real de Emilia el 28 de abril de 1961 cantando La bohème de Puccini en una actuación que entusiasmó al público pero no así a su padre, quien le advirtió que debía seguir trabajando para mejorar su voz. Algo muy parecido ocurrió poco tiempo después en Lucca, cuando Pavarotti volvió a cantar dicha ópera y fue felicitado por Tito Schipa, quien también le recomendó que no forzara la voz para tratar de imitar a otros tenores. Aquel año de 1961 resultó muy especial para Pavarotti, ya que aparte de ofrecer sus primeras actuaciones también decidió contraer matrimonio con Adua Veroni el 30 de septiembre.

 Tras haber conseguido un jugoso contrato para cantar en el Teatro Massimo de Palermo bajo la dirección de Tullio Serafin, el 18 de enero de 1963 Pavarotti cantó por primera vez fuera de Italia, en Amsterdam y posteriormente en Dublín, ciudad en la que su actuación no pasó desapercibida para el empresario del Covent Garden, John Ingpen, quien decidió llevarle a Londres para cubrir la más que probable cancelación de Giuseppe di Stefano, un tenor acostumbrado a suspender sus actuaciones de manera súbita y sin previo aviso. La intuición de Ingpen se confirmó tras la segunda representación de La bohème y Di Stefano canceló sus posteriores compromisos. Fue la gran oportunidad de Pavarotti, quien obtuvo un memorable éxito con el papel de Rodolfo que le abrió las puertas del Royal Festival Hall y del Festival de Glyndebourne. Ese mismo año de 1963, Pavarotti se presentó por primera vez en el Liceu de Barcelona cantando La traviata con gran éxito de crítica y público. Pero la gran popularidad internacional de Pavarotti surgió, en buena medida, merced a la amistad que mantuvo con el matrimonio formado por el director australiano Richard Bonynge y Joan Sutherland, con quienes participó en una prolongada gira por Australia ofreciendo los títulos más significativos del belcantismo de Bellini y Donizetti. A finales de 1965, Pavarotti pudo por fin debutar en La Scala invitado por Herbert von Karajan con un papel menor. Empero, el éxito fue tal que se le ofreció cantar ese mismo año Guillermo Tell de Rossini, circunstancia a la que se negó con rotundidad Pavarotti al considerar que ese rol no se ajustaba a las características ideales de su registro. A pesar de esa negativa, Karajan volvió a invitar a Pavarotti a cantar el Requiem de Verdi en La Scala en un concierto ofrecido en enero de 1967 y en memoria de Toscanini. Desde entonces, la relación entre ambos intérpretes fue muy estrecha y juntos realizaron algunas grabaciones discográficas que aún hoy son consideradas como verdaderos referentes.

 Con treinta años de edad y apenas sólo cinco de actividad profesional, Pavarotti se había ya consagrado como uno de los tenores más importantes de su generación. Su carrera le llevó a actuar en los principales coliseos operísticos del mundo, como la Ópera de Viena y el Metropolitan. En 1970 se presentó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, junto a Mirella Freni, en lo que significó el principio de una larga lista de apariciones por toda la geografía española. Sin embargo, a mediados de los años setenta del siglo pasado, Pavarotti fue víctima de una fuerte depresión emocional que le hizo momentáneamente perder el interés por una carrera plagada de éxitos. Aquella circunstancia fue debida a la imparable obesidad que padecía el tenor, incompatible según sus propias palabras, con la interpretación escénica de los héroes románticos a quienes daba vida sobre los escenarios. Con todo, un accidente aéreo sufrido en el aeropuerto de Milán en diciembre de 1975 y en el que logró salvar su vida por muy poco, condicionó que Pavarotti viera la vida con otros ojos, dejando de lado la preocupación por su aspecto físico que tanto le atormentaba. Aún así, el tenor se sometió regularmente a unas dietas que le hacían perder más de treinta kilos aunque, al finalizarlas, no tardaba mucho en “recuperar” de nuevo el peso de antaño (quien esto escribe fue testigo, en 1991, de la voracidad de Pavarotti en un restaurante cercano al Teatro Real de Madrid. Nos encontrábamos un grupo de colegas celebrando el ascenso profesional de uno de nuestros amigos cuando mi compañero de asiento me advirtió de la presencia de Pavarotti en el local. A los postres, nos dirigimos a su reservado para tratar de conseguir un autógrafo y algunas palabras. Dábamos por sentado que él también habría finalizado su comida. En ese momento, un camarero, tras llamarnos la atención por la violación del reservado, retiró un plato de restos de pescado de la ubicación de Pavarotti para, a continuación, servir otro que me pareció una merluza en salsa verde. Por cierto, Pavarotti estuvo simpatiquísimo en todo momento con nosotros al tiempo que daba cuenta de su “segunda” merluza. Tras regresar a nuestra mesa y compartir unos pacharanes, nuestro grupo abandonó el local. Pavarotti seguía en el reservado y por allí se veía entrar de vez en cuando a algún camarero con nuevos platos…)

  A partir de los años ochenta Pavarotti dedicó gran parte de su actividad artística a los macroconciertos y recitales al aire libre, actividad que ya había iniciado en la década anterior fundamentalmente en los EEUU. Pero fue a partir de 1990, durante la celebración de los Mundiales de Fútbol de Italia, cuando su popularidad rebasó cualquier límite conocido al integrarse junto a Josep Carreras y Plácido Domingo en el famoso trío conocido como Los Tres Tenores. Las apariciones de este grupo se prolongaron hasta 2002 por todo el mundo y consiguieron tanta aceptación como críticas por parte de los sectores más operísticamente ortodoxos. También en 1991 Pavarotti fue requerido por la organización humanitaria War Child para ofrecer una serie de conciertos destinados a recaudar fondos. Con todo, las actuaciones de Pavarotti en los coliseos puramente operísticos se fueron reduciendo a partir de estos años, tal vez debido a una cierta fatiga del cantante que le llevó a situaciones un tanto embarazosas como en la decepcionante inauguración de la temporada de La Scala en 1992 con Don Carlo o el severo traspiés cometido en 1996 en el Metropolitan durante una representación de Donizetti. A finales de 2003 el tenor sorprendió a todo el mundo al casarse en segundas nupcias con su secretaria Nicoletta Mantovani, una mujer treinta años más joven. Surgieron entonces algunos comentarios críticos sobre el artista, totalmente injustificados, y se llegó incluso a decir que Pavarotti cantaba “de memoria” al no saber solfeo, algo realmente insólito y difícil de creer. En 2004, y poco antes de cumplir los 70 años, Pavarotti anunció su retirada de los escenarios mediante el Tour del Adiós, una gira mundial de despedida que tuvo que ser suspendida casi en sus postrimerías en 2006 como consecuencia de una dolencia en la espalda. En julio de ese año se le detectó un tumor maligno en el páncreas y consecuentemente fue intervenido de urgencia en Nueva York, cancelando todos los conciertos y recitales programados. En agosto de 2007 volvió a ser ingresado en el hospital debido a una serie de complicaciones relacionadas con su cáncer de páncreas. Los médicos descartaron cualquier recuperación y le permitieron que regresara a su casa para pasar sus últimos días en la intimidad de su familia. Dos semanas después, el 6 de septiembre de 2007, Pavarotti fallecía finalmente en su hogar de Módena. La noticia causó verdadera conmoción en todo el mundo y su funeral tuvo honores de estado con la asistencia de las principales personalidades políticas de Italia.

 Puede decirse que, de manera resumida, fueron tres los principios fundamentales en los que Pavarotti asentó su técnica lírica: Por una parte, el apoyo sobre el diafragma que llegó a dominar del todo durante su gira por Australia junto a Joan Sutherland; de otra, la concentración en el contenido expresivo de lo que cantaba a través de una articulación limpia y una dicción clarísima; y, por último, el control del pasaggio, esto es, el punto en que la voz pasa de un registro a otro y que le permitió producir increíbles agudos puros de extrema brillantez y rotundidad. Pero a estos tres principios fundamentales le podríamos añadir otro nada desdeñable: Pavarotti fue, sobre todo durante los primeros años de su carrera artística, extraordinariamente prudente a la hora de aceptar cada nuevo papel. Supo concentrarse en el repertorio belcantista de Bellini y Donizetti junto con algunos roles de Verdi, Puccini y los compositores veristas Mascagni y Leoncavallo. Determinados papeles — Mefistofele y Andrea Chénier — sólo los interpretó para la producción discográfica y sólo en sus últimos años se atrevió con el dificilísimo rol de Otello de Verdi. Con esta prudente y sabia elección, Pavarotti pudo mantenerse en plenas facultadas a lo largo de más de 35 años de carrera. Su voz, eminentemente lírica, fue ganando cuerpo con los años y en la emisión de agudos no tuvo apenas rivales. En el terreno de los recitales Pavarotti supo incluir, junto a las inevitables arias de óperas, algunos lieder y canciones napolitanas a las que dotó de una expresividad y brillantez únicas.

 Luciano Pavarotti fue un tenor de inmenso talento pero, especialmente, de un extraordinario oficio. Supo resumir en su persona y en su voz las características fundamentales del tenor clásico italiano, brillante y desinhibido, y a su vez heredero de grandes nombres como Di Stéfano, Gigli o Raimondi. Sin despreocuparse nunca del hecho escénico, sirvió fundamentalmente a la idea de que en su profesión era la voz el verdadero instrumento capaz de emocionar a los públicos. Epígono entre los tenores de la antigua y la nueva generación, Pavarotti no ha tenido descendencia artística — los intentos de buscarle un sucesor en la figura de Juan Diego Flórez resultan tan torpes como prematuros — y será siempre recordado como un tenor modélico por la elegancia de su canto, la belleza de su timbre y la inigualable brillantez de sus agudos.

 De entre la inmensa producción discográfica debida a Luciano Pavarotti podemos mencionar las siguientes grabaciones (Advertimos que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): In questa tumba oscura de Beethoven, junto a Leone Magiera (DECCA 466350); Beatrice di Tenda de Bellini, junto a Sutherland, Ward y Veasey, y la Sinfónica de Londres dirigida por Richard Bonynge (DECCA 433706); I Capuleti e I Montecchi de Bellini, junto a Rinaldi, Aragall y Monachesi, y la Orquesta de la Residencia de La Haya dirigida por Claudio Abbado (OPERA D´ORO 171); I Puritani de Bellini, junto a Sutherland, Ghiaurov y Cappuccilli, y la Sinfónica de Londres dirigida por Richard Bonynge (DECCA 417588); La Sonnambula de Bellini, junto a Sutherland, Ghiaurov y Jones, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Richard Bonynge (DECCA 417424); Agnus Dei de Bizet, junto a la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Kurt Adler (DECCA 530102); Mefistofele de Boito, junto a Caballé, Freni y Ghiaurov, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Oliviero di Fabritiis (DECCA 425102); El elixir del amor de Donizetti, junto a Sutherland, Cossa y Casula, y la English Chamber Orchestra dirigida por Richard Bonynge (DECCA 624702); La favorita de Donizetti, junto a Cossotto, Bacquier y Ghiaurov, y la Orquesta del Teatro Comunal de Bolonia dirigida por Richard Bonynge (DECCA 430038); La fille du régiment de Donizetti, junto a Sutherland, Cossa y Sinclair, y la Orquesta del Covent Garden dirigida por Richard Bonynge (DECCA 414520); Lucia de Lammermoor de Donizetti, junto a Sutherland, Ghiaurov y Davies, y la Orquesta del Covent Garden dirigida por Richard Bonynge (DECCA 410193); Maria Stuarda de Donizetti, junto a Sutherland, Soyer y Elkins, y la Orquesta del Teatro Comunal de Bolonia dirigida por Richard Bonynge (DECCA 425410); Panis Angelicus de César Franck, junto a la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Stephen Cleobury (DECCA 123002); Andrea Chénier de Giordano, junto a Krause, Caballé y Nucci, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Riccardo Chailly (DECCA 410117); I Pagliacci de Leoncavallo, junto a Wixell, Freni y Bello, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Giuseppe Patané (DECCA 414590); Cavalleria Rusticana de Mascagni, junto a Varády y Cappuccilli, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Gianandrea Gavazzeni (DECCA 444391); Manon de Massenet, junto a Freni, Ricciardi y Zerbini, y la Orquesta de La Scala de Milán dirigida por Peter Maag (OPERA D´ORO 1164); La Gioconda de Ponchielli, junto a Caballé, Ghiaurov y Del Carlo, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Bruno Bartoletti (DECCA 425502); La Bohéme de Puccini, junto a Harwood, Freni y Panerai, y la Filarmónica de Berlín dirigida por Herbert von Karajan (DECCA 421049); Madama Butterfly de Puccini, junto a Freni, Ludwig y Schneider, y la Filarmónica de Viena dirigida por Herbert von Karajan (DECCA 417577); Manon Lescaut de Puccini, junto a Freni, Vargas y Bartoli, y la Orquesta del Metropolitan de Nueva York dirigida por James Levine (DECCA 440200); Tosca de Puccini, junto a Milnes, Freni y Tajo, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Nicola Rescigno (DECCA 414016); Turandot de Puccini, junto a Sutherland, Pears y Ghiaurov, y la Filarmónica de Londres dirigida por Zubin Mehta (DECCA 414274); Guillermo Tell de Rossini, junto a Freni, Milnes y Ghiaurov, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Riccardo Chailly (DECCA 417154); Stabat Mater de Rossini, junto a Lorengar, Minton y Sotin, y la Sinfónica de Londres dirigida por István Kertész (DECCA 417766); Der Rosenkavalier de Richard Strauss, junto a Equiluz, Minton y Crespin, y la Filarmónica de Viena dirigida por Sir Georg Solti (DECCA 417493); Aida de Verdi, junto a Nucci, Dimitrova y Roni, y la Orquesta de La Scala de Milán dirigida por Lorin Maazel (DECCA 417439); Don Carlo de Verdi, junto a Dessi, Ramey y Coni, y la Orquesta de La Scala de Milán dirigida por Riccardo Muti (EMI 54867); Ernani de Verdi, junto a Sutherland, Nucci y Burchuladze, y la Orquesta de la Ópera de Gales dirigida por Richard Bonynge (DECCA 421412); I lombardi de Verdi, junto a Ramey, Anderson y Leech, y la Orquesta del Metropolitan de Nueva York dirigida por James Levine (DECCA 455287); Il trovatore de Verdi, junto a Sutherland, Horne y Ghiaurov y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Richard Bonynge (DECCA 417137); La traviata de Verdi, junto a Sutherland, Manuguerra y Lambriks, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Richard Bonynge (DECCA 430491); Luisa Miller de Verdi, junto a Caballé, Céline y Reynolds, y la Orquesta Filarmónica Nacional dirigida por Peter Maag (DECCA 64612); Macbeth de Verdi, junto a Fischer-Dieskau, Ghiaurov y Lawrence, y la Filarmónica de Londres dirigida por Lamberto Gardelli (DECCA 440048); Otello de Verdi, junto a Keyes, Te Kanawa y Nucci, y la Sinfónica de Chicago dirigida por Sir Georg Solti (DECCA 433669); Rigoletto de Verdi, junto a Sutherland, Talvela y Milnes, y la Sinfónica de Londres dirigida por Richard Bonynge (DECCA 414269); y, finalmente, Un ballo in maschera de Verdi, junto a Donath, Tebaldi y Milnes, y la Orquesta de Santa Cecilia de Roma dirigida por Bruno Bartoletti (DECCA 460762). Nuestro humilde homenaje a este portentoso e inigualable tenor.