Vladimir Horowitz

 El legado de Vladimir Horowitz

Vladimir Horowitz considerado como uno de los más grandes pianistas del siglo XX, Vladimir Horowitz fue un intérprete referencial gracias a una portentosa técnica y a una potencia sonora que no parecía tener límites. Una personalidad musical indiscutible que, sin embargo, adoleció de una serie de problemas personales que afectaron a su carrera mediante prolongados períodos de retiro voluntario. Pero como todo monstruo de la interpretación, Horowitz supo resarcirse de sus inconvenientes y firmó un final de carrera como sólo los grandes maestros están al alcance de realizar. Sus últimas actuaciones en público, allá por los años ochenta, fueron todo un fenómeno musical que provocó la admiración colectiva de cuántos auditorios tuvieron la fortuna de verle y escucharle. Era, simplemente, Vladimir Horowitz en estado puro.

¿Cuándo nació Vladimir Horowitz?

Vladimir Horowitz nació en Kiev, antigua ciudad imperial rusa y hoy capital del Estado de Ucrania, el 1 de octubre de 1903 — pese a que muchas biografías señalan que fue en el año 1904. Al parecer, el padre de Horowitz decidió demorar un año la fecha de su nacimiento para que su incorporación a la milicia rusa no coincidiera con el desarrollo físico de un niño que ya destacaba por sus increíbles dotes pianísticas. Hijo de familia de origen judío, Horowitz recibe las primeras nociones musicales de parte de su propia madre, Sophia, una pianista aficionada.

En 1912, con tan sólo ocho años — nueve en realidad — logra ser admitido en el Conservatorio de Kiev y allí se pone a las órdenes de los profesores Tarnowski y Blumenfeld, dos de las mayores autoridades pianísticas de la rusia ucraniana de aquellos días. En 1919 se gradúa como pianista y un año más tarde ofrece su primer recital en Jarkov. En plena Guerra Civil Rusa, Horowitz realiza una penosa gira por todo el país en donde se da a conocer y en donde a menudo era pagado con víveres ante la escasez de los mismos como consecuencia de la contienda entre rusos blancos y rojos. Pese a los éxitos obtenidos, Horowitz en realidad deseaba convertirse en compositor y su carrera como pianista era un remedio para poder ayudar económicamente a su familia, desposeída de numerosos bienes a causa de la Revolución Bolchevique.

En diciembre de 1925, y con la excusa de ir a estudiar con Artur Schnabel, Horowitz abandona Rusia con la intención de no volver jamás. En sus botas había introducido dólares norteamericanos y libras esterlinas para poder financiar sus primeros conciertos en Occidente…




En enero de 1926 Vladimir Horowitz ofrece su primer recital en Berlín y causa una enorme impresión, de tal manera que es invitado a tocar en Londres, París y Nueva York. Al año siguiente, las autoridades soviéticas le reclaman para participar en el Concurso Chopin de Varsovia, representando a la URSS, pero Horowitz no se presenta y así se hace pública su renuncia a regresar a tierras soviéticas.

En Nueva York, Horowitz obtiene un éxito clamoroso actuando primeramente bajo la batuta de Sir Thomas Beecham y posteriormente bajo de la Toscanini. Con este último director actuó varias veces e incluso realizó algunas legendarias grabaciones discográficas. Tal intensa colaboración fue certificada en 1933, cuando el pianista contrajo matrimonio con Wanda, la hija del famoso director italiano. A partir de 1939, y ante el desarrollo de los acontecimientos bélicos que se estaban desarrollando en Europa, Horowitz se instala definitivamente en los EEUU para cinco años después obtener la plena ciudadanía norteamericana.

Fue a partir de entonces cuando empezaron a desarrollarse unos preocupantes quebrantos anímicos en la salud de Vladimir Horowitz. En ocasiones, una extraña inseguridad personal determinó que se retirara de algunos espectáculos programados, teniendo a veces que ser literalmente “empujado” hacia el escenario instantes previos al concierto o recital. Por si esto no fuera poco, se empezó a airear una supuesta homosexualidad del artista, cuestión en absoluto baladí en la moralmente anquilosada sociedad norteamericana de aquel tiempo. Horowitz negó siempre esta condición sexual pese a que muchos colegas — Arthur Rubinstein — la daban por cierta y de todo el mundo conocida.

Sea como fuere, Vladimir Horowitz llegó a acudir a la consulta de un psicoanalista para tratar de “reorientar” su afinidad sexual…Y lo único que consiguió a cambio fue contraer una severa depresión emocional que provocó numerosas interrupciones a lo largo de su exitosa carrera. El más largo de estos períodos lo mantuvo apartado de la escena artística entre 1953 y 1965 y, según parece, el pianista sufrió también una presumible dependencia del alcohol. Sin embargo, su reaparición en el Carnegie Hall de Nueva York el 9 de mayo de 1965 fue un acto apoteósico. A partir de aquí reinicia su carrera aunque, en principio, exclusivamente por el continente norteamericano.




Con todo, a principios de los años ochenta Vladimir Horowitz vuelve a recaer en sus períodos de depresión y se descubre que toma medicación por su cuenta e incluso que sigue bebiendo alcohol. En algunos recitales Horowitz da muestras de fatiga e incluso sufre repentinos ataques de amnesia que provocan un nuevo parón en su actividad desde 1983 a 1985. A partir de esta fecha, un Horowitz ya del todo recuperado y completamente alejado del abuso del alcohol muestra una espléndida forma en sus actuaciones y realiza incluso algunas importantes grabaciones discográficas. En 1986 regresa de nuevo a la URSS para ofrecer una serie de recitales y un año más tarde triunfa en Japón. La crítica se rinde a los pies de este veterano pianista que parece dar lo mejor de sí mismo en su última etapa de madurez personal y artística. Su último concierto fue ofrecido el 21 de noviembre de 1987 en Alemania luego de ser galardonado con la Medalla Presidencial de la Libertad concedida por el presidente norteamericano Ronald Reagan. Finalmente, Horowitz falleció en Nueva York el 5 de noviembre de 1989 como consecuencia de un ataque al corazón. Sus restos descansan en el mausoleo de la familia Toscanini en Milán.

El estilo interpretativo de Vladimir Horowitz se caracterizó sobremanera por un acusado sentido de la expresividad con independencia de la pieza a ejecutar. Pero a ello unía un técnica abrumadora e incontestable capaz de una precisión absolutamente excepcional. Horowitz atesoraba un incomparable dominio de las dinámicas sonoras hasta el punto de completar transiciones en apenas un par de compases desde el fortissimo hasta el pianissimo con una prodigiosa suavidad y sin ningún asomo de desmesuras. La gama sonora que extraía del instrumento era verdaderamente prodigiosa y en ningún momento surgían estridencias o forzadas asperezas. Famosos fueron sus ataques en pasajes de octavas, muy propios en la música de Chopin y Rachmaninov, y ejecutados con diabólica velocidad y con una limpieza admirable. Para ciertos contemporáneos, Horowitz fue el pianista que más se aproximó al estilo de Rachmaninov y, acorde a ello, algunos le señalaron como su más legítimo sucesor. Incluso con las limitaciones físicas que conllevó el ineludible paso de los años su digitación fue en todo momento tan elegante como magistral. Poco amigo de los excesos, nunca levantaba las manos por encima del piano y su cuerpo permanecía inmóvil e invariable a lo largo de la ejecución. Aún así, la potencia sonora que lograba extraer del instrumento en determinados pasajes fue realmente inimitable para el resto de sus colegas. Muchas opiniones coinciden en que, de haber mantenido una mayor regularidad, Horowitz habría sido el pianista “definitivo”.



Un gran legado discográfico de Vladimir Horowitz

Dentro del legado discográfico de Vladimir Horowitz podemos destacar las siguientes grabaciones (Advertimos, como suele ser habitual en este apartado, que los distintos enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse necesariamente con la versión citada, aunque sí con la obra ejecutada):

  1. Toccata en Do menor, BWV 911, de Bach (RCA 62643)
  2. Islamey de Balakirev (RCA 754604)
  3. Sonata para piano en mi bemol menor de Barber (RCA 60377)
  4. Sonatas para piano de Beethoven (SONY 53467)
  5. Concierto para piano nº5 de Beethoven, acompañado de la Orquesta Sinfónica RCA VICTOR dirigida por Fritz Reiner (RCA 7992)
  6. 32 Variaciones sobre un tema original de Beethoven (EMI 63538)
  7. Fantasía sobre Carmen de Bizet (DAL SEGNO 23);
  8. Concierto para piano nº1 de Brahms, acompañado por la Filarmónica de Nueva York dirigida por Arturo Toscanini (APR 6001)
  9. Concierto para piano nº2 de Brahms, acompañado de la Orquesta Sinfónica de la NBC dirigida por Arturo Toscanini (APR 6001)
  10. Intermezzi Op. 117 de Brahms (SONY 757500);
  11. Sonata para violín y piano nº3 de Brahms, acompañado por Nathan Milstein (RCA 60461- grabación memorable)
  12. Concierto para piano nº1 de Chaikovski, acompañado de la Orquesta Sinfónica de la NBC dirigida por Arturo Toscanini (RCA 60321)
  13. Baladas (URANIA 232)
  14. Estudios (SONY 805141)
  15. Impromptus (SONY 757500)
  16. Mazurkas (RCA 60987)
  17. Nocturnos (SONY 757500)
  18. Polonesas (RCA 62643)
  19. Preludios (SONY 92743)
  20. Sonatas (NAXOS 8111282)
  21. Valses (RCA 7752) de Chopin; selección de
  22. Sonatas de Muzio Clementi (SONY 731623)
  23. Variaciones para piano sobre un tema de Rone de Carl Czerny (RCA 60451)
  24. Estudios (SONY 53471)
  25. Preludios (SONY 53471) y L´isle joyeuse (SONY 53456) de Debussy
  26. Selección de Nocturnos de Fauré (RCA 60377)
  27. Selección de Sonatas de Haydn (SONY 90437)
  28. Sonata nº3 de Dmitri Kabalevski (60377); Sonata en si (RCA 61415)
  29. Selección de obra pianística de Liszt (RCA 61415)
  30. Cuentos encantados de Nikolai Medtner (SONY 48093)
  31. Variaciones Sérieuses de Mendelssohn (SONY 757500)
  32. Étincelles de Moritz Moszkowski (DG 1362996)
  33. Selección de Sonatas de Mozart (DG 001341002)
  34. Concierto para piano 23 de Mozart, acompañado de la Orquesta del Teatro de la Scala dirigida por Carlo Maria Giulini (DG 423287)
  35. Cuadros de una exposición de Mussorgski (RCA 60526)
  36. Selección de obra pianística de Poulenc (EMI 63538)
  37. Sonata nº7 en Si bemol mayor de Prokofiev (RCA 60377)
  38. Selección de obra pianística de Rachmaninov (RCA 163471)
  39. Concierto para piano nº3 de Rachmaninov, acompañado de la Orquesta Sinfónica RCA VICTOR dirigida por Fritz Reiner (RCA 7754)
  40. El vuelo del moscardón de Rimski-Korsakov (EMI 63538)
  41. Danza macabra de Saint-Säens (DAL SEGNO 23 — curiosísimo vídeo)
  42. Selección de Sonatas de Scarlatti (SONY 90414)
  43. Impromptus (SONY 805145)
  44. Momentos musicales (DG 001145802) de Schubert
  45. Selección de obra pianística de Schumann (SONY 93023)
  46. Selección de obra pianística de Scriabin (SONY 6215)
  47. Extractos de Petrushka de Stravinski (EMI 63538)
  48. Adaptación para piano del Liebestod (Tristán e Isolda) de Wagner (SONY 92742)

Nuestro humilde homenaje a este excepcional pianista, uno de mis predilectos de siempre.