erik satie

* Nacido el 17 de mayo de 1866 en Honfleur, costa norte francesa
* Fallecido el 1 de julio de 1925 en París

 Sus padres no habían escuchado más música que la de las olas del mar, él en Normandía y ella en Inglaterra, de donde procedía. Ocurrió que ésta falleció y el padre entonces decidió casarse en segundas nupcias con una pianista que se las daba de buena aunque realmente era más bien mediocre. El joven Erik había recibido algunas clases de un organista y, al parecer, tenía ciertas aptitudes. Con todo, en 1878 la familia se traslada a París y Satie comenzó a tomar lecciones de su madrastra. Acabó odiándola, aunque gracias a ella pudo llegar a ser músico. Es muy probable que de esta tempestuosa relación germinase el siempre declarado antiacademicismo del compositor. En 1879 logra ingresar en el Conservatorio de París donde permanece estudiando ocho años, hasta 1887. Pese a superar con brillantez todos los exámenes, Satie se aburría como una ostra y con frecuencia se quedaba dormido durante las clases. Además, en aquellos años conoció y se hizo muy amigo del poeta Contamine quién, como su nombre sugiere, contaminó las primeras composiciones de Satie con un aroma de extraño goticismo.

 En 1887 le llamaron para hacer la “mili” pero el chico era tan delicado que le licenciaron y declararon inútil para la vida militar. La verdad, Satie padecía de bronquitis pero cuentan que no hizo nada para poder curársela, al menos en los días en que permaneció acuartelado. Liberado ya del servicio militar y del Conservatorio, decide ganarse la vida como pianista en ciertos cabarets de París, al tiempo que compone sus Tres Zarabandas. Pudo ingresar, y de hecho ingresó, en el famoso cabaret Chat Noir, pero su comportamiento fue tan estrafalario y excéntrico que le mandaron a hacer gárgaras. Luego de este episodio, fue admitido en otro cabaret, L´Auberge du Clou, donde conoció a Debussy. En 1889 tuvo lugar la Exposición Universal de París y esto puso en contacto a los diversos compositores parisinos con música de otras zonas geográficas del mundo, algunas muy alejadas. Satie, peculiar como él solo, se interesó y mucho por la música de Rumanía.

 Pero Satie siempre fue un alma inquieta, interesada en obtener respuestas allí donde no llegaba el conocimiento racional humano. Por ello, en 1890, empieza a introducirse en ambientes místico-esotéricos, por si no fuera poco su ya carácter atrabiliario. No llega a encontrarse a gusto en las numerosas sectas con las que se vincula y, en un ataque de iluminación, decide crear la suya propia, La Iglesia Metropolitana del Arte de Jesús Conductor, con el lema “Luchemos contra la inmoralidad estética y artística de esta época”. ¡Toma ya! Por añadidura, sintiéndose del todo un elegido de los dioses, Satie empieza a lanzar invectivas y excomuniones a diestro y siniestro, incrementando de manera directamente proporcional la ya amplia lista de sus enemigos. Todo aquello culminó en una delirante sesión de los Conciertos Lamoureux, donde llovieron los bastonazos, bofetadas y puñetazos entre los escasos adeptos a su secta y un grupo de músicos que estaban hasta la mismísima coronilla de Satie. Para contrarrestar aquel escándalo, Satie, valiente como pocos, presenta su candidatura a la Academia en 1892, lo que provocó no pocas burlas y rechiflas por todo París. Pero lo cierto es que hoy conocemos más a Satie que a quién finalmente resultó elegido…

 En 1898, Satie decide instalarse en un arrabal a las afueras de París. Vivía tan miserablemente que se hacía llamar Monsieur le Pouvre. Allí mantuvo contacto con algunas figuras del cabaret para quienes escribió un gran número de deliciosas canciones. En 1903, percatándose de que su formación musical no era del todo completa, se matricula en la estricta Severa Schola Cantorum, ante el delirio de sus conocidos. Algunos piensan que Satie sólo lo hizo para burlarse de aquellas enseñanzas tan académicas y es muy posible que esto fuese completamente cierto, conociendo a Satie. Tras un período de relativa calma, aderezada con alguna que otra polémica, en 1911, y gracias a los oficios de Ravel, se le organiza un concierto monográfico que supuso su consagración como compositor. A esta época pertenecen algunas de sus mejores obras, como el ballet Parade, que se estrenó en 1917 en el Teatro Châtelet con un escándalo de los que hacen historia. La crítica se contagió de aquella polémica y comenzaron a lanzarse tales insultos y groserías entre sus partidarios y detractores que el pobre Satie pasó una semana en la cárcel por delito de injurias. ¡Qué tiempos aquellos! Satie, envalentonado por la afrenta, llegó a afirmar que su música era tan genial que se escuchaba incluso dentro del trullo… Para contrarrestar este estrambótico episodio, el llamado Grupo de los Seis Franceses, patrocinado por Cocteau, decidió adoptarle como padrino: Mal asunto; Satie tenía tanto amor propio que acabó discutiendo con casi todos ellos… En 1920 estrenó la cantata Sócrates, una de sus mejores composiciones, tan inspirada que fue incluso incomprendida por sus admiradores. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra y así ocurrió en 1923: Otro grupo de jóvenes músicos le apadrina y crean la llamada Escuela de Arcueil. Obviamente, Satie acabó discutiendo con todos ellos. También por estas fechas intenta un acercamiento a dadaístas y surrealistas. Fruto de la influencia de los primeros, compone los ballets Relâche y Mercure. Durante los estrenos, y como no podía ser de otra manera, se desataron sendos escándalos.

 Satie siempre estuvo solo, no conociéndosele pareja sentimental alguna. Descuidó mucho su salud personal, motivo por el que envejeció prematuramente. Algunos músicos, en un alarde de osadía, tuvieron el valor de acompañar al compositor en sus últimos días; de todas formas, pese a sus limitaciones físicas, nunca perdió el mal genio. Así, en 1925, tuvo que ser hospitalizado a la fuerza debido a la brutal resistencia que ofreció. Pidió muchas veces que le trasladaran de nuevo a Arcueil para morir pero no fue posible y falleció en París el 1 de julio de 1925 no sin antes tener sus más y sus menos con los médicos que le atendieron en sus últimos momentos.

 Satie fue un compositor peculiar, inclasificable, apartado de cualquier escuela o estilo. Su lema lo resume todo: Hay que ser intransigente hasta el final. Se apartó tanto de los rigores académicos como de las más novedosas vanguardias. Su música, pese a no ser reconocida en su tiempo, fue fundamental para el posterior desarrollo compositivo del siglo XX. Para Satie, el ideal era el de conseguir mayor efectividad, incluso expresividad, con los mínimos medios. Sus obras son encantadoras, de sobria belleza, frente a la presunta excentricidad que reflejaba su comportamiento social. Más que “excéntrico”, propiamente dicho, sus hábitos rayaban a veces en la paranoia: Coleccionaba paraguas; vestía a pantalones de raya y levita en cualquier época del año; bautizaba con títulos grotescos a muchas de sus composiciones (En traje de caballo, Tres fragmentos en forma de pera, A la manera de un ruiseñor con dolor de muelas, Españaña…) Llegó a publicar un libro: Memorias de un amnésico.

OBRAS

– 150 obras para piano, generalmente agrupadas en series o suites.
– 14 series de canciones
– 6 obras escénicas, destacando los ballets Parade y Relâche
Misa para voces y órgano
Sócrates, cantata para cuatro voces y orquesta