prokofiev

Sergei Prokofiev Nacido el 23 de abril de 1891 en Sonsovka, enclave ucraniano a orillas del Don
* Fallecido el 5 de marzo de 1953 en Moscú

 Hijo de un ingeniero agrónomo y de una eficiente pianista, de pequeño le gustaba pasar horas y horas sentado junto al piano y dando rienda suelta a su imaginación. De forma comprensible, su madre le da las primeras lecciones musicales y con tan sólo 6 años escribe su primera composición para piano. Afortunadamente, su madre, María Grigorevna, le sometió a un extraordinario aprendizaje musical basado más en lo pedagógicamente divertido que en el aburrido rigorismo académico, con tal acierto que en poco tiempo fue capaz de interpretar por sí solo algunas sonatas de Mozart y Beethoven. Ante estos progresos, los padres deciden contratar a un reconocido músico, Reingold Grier, quién durante tres meses perfeccionó los rudimentos musicales del pequeño Sergei. Fue en aquella época cuando Prokofiev tuvo contacto con las melodías populares de campesinos ucranianos, circunstancia que contribuyó posteriormente en su desarrollo compositivo.

 A los 14 años, ingresa en el Conservatorio de San Petersburgo, ciudad donde se había instalado con su madre un año antes, en 1904. Desgraciadamente, el profesor Rimski-Korsakov era un docente tan magnífico que casi ningún alumno le entendía, incluido el joven Sergei. Allí aprendió, de mala gana, armonía y contrapunto, superando los exámenes de puro milagro. De esta época, concretamente de 1909, data su Sonata nº1 para piano, una obra importantísima con la que abre su ciclo de nueve sonatas, fundamentales en el legado compositivo del autor. Con 18 años consigue el diploma musical aunque prosigue dando clases de composición por poco tiempo, ya que descubrió que su gran maestro era él mismo en su faceta creativa. Decide complementar su formación pianística con la profesora Esipova y, fruto de aquellos fructíferos cinco años de aprendizaje, consigue ganar el Premio Rubinstein del Conservatorio. Su madre, dichosa y contenta por el hecho, decide regalarle un viaje a Londres (No andaban precisamente mal de rublos en la familia) donde coincidió con su compatriota Diaghilev, el empresario de los Ballets Rusos, quién le recomienda que componga un ballet. Aquello se plasmó en la Suite Escita. Como agradecimiento, Diaghilev le organizó en 1915 un concierto en Roma donde dio a conocer internacionalmente su extraordinario Concierto para piano nº2. No pareció afectar mucho la época prerrevolucionario que se estaba viviendo en Rusia, ya que a principios de 1918 estrenó las Visiones Fugitivas y las Sonatas para piano 3 y 4. Sin embargo, en ese mismo año decide abandonar Rusia, no por motivaciones políticas, sino buscando un lugar donde pudiera trabajar con tranquilidad. De hecho, cuando quince años después decide retornar a su país lo hace por idénticas razones, dada la inestabilidad política que se vivía en Europa en los primeros años treinta.

 Prokofiev se instaló en Nueva York, donde la acogida no fue todo lo bien deseada. Desilusionado, prueba suerte en Chicago y aquí las cosas parecen irle mucho mejor, ya que pudo ofrecer El Amor de las Tres Naranjas y el fabuloso Concierto para piano nº3. En 1922 da un nuevo giro de tuerca y se instala en un pueblo de los Alpes Bávaros; allí conoce a una cantante de origen español, Lina Llubera, y se gustan tanto que acaban casándose al año siguiente. A finales de 1923 se instalaron en París, donde el nombre de Prokofiev era el de toda una estrella consagrada, mayormente en su faceta de concertista de piano. Realiza giras a lo largo y ancho del mundo, incluida Rusia en 1927, con inmejorable éxito de crítica y público. Durante su estancia en París, Prokofiev empezó a encapricharse con la politonalidad y las armonías disonantes y fruto de ello fueron concebidas la Segunda Sinfonía y el Quinteto, Op. 39.

 Tras unos repetidos viajes a la URSS, el compositor decide afincarse definitivamente en Moscú, aunque su mujer nunca llegó a adaptarse del todo. Fue entonces cuando el artista abandona toda pretensión “modernista” y se reafirma como compositor melódico y lírico (Condición, por otra parte, indispensable para agradar a las autoridades culturales soviéticas). Igualmente, y con el objetivo de que los tíos esos pesados del Politburó no le diesen continuamente el tostonazo, compuso la insólita Cantata para el XX Aniversario de la Revolución de Octubre. También de 1936 es Pedro y el Lobo. En 1941, tras la declaración de guerra alemana, Prokofiev es evacuado junto con otros artistas a las Repúblicas del Sur. Fue en esta época cuando las relaciones con su esposa Lina se convirtieron del todo imposibles. Lina se convirtió en persona non grata para el régimen y fue posteriormente deportada a un campo de concentración. Pero mucho tuvo que ver en esta separación la relación que se estableció entre el músico y una joven colaboradora, Mira Mendelson, mujer de la que ya no se separó nunca, aunque las fuentes oficiales soviéticas nunca llegaran a reconocer a Mira como segunda esposa “oficial” del compositor.

 Pero no por ello se libró el bueno de Prokofiev de los rigores estalinistas, muy mosqueados con el autor tras la composición de la Sonata nº9 para piano. En 1948, el Comité Central condenó la ópera La Gran Amistad, de Vano Muradeli, y de paso advirtió sobre la peligrosa tendencia “formalista y antipopular” manifestada en las obras de compositores como Shostakovich, Khachaturian y el propio Prokofiev. El estreno de la ópera Un Hombre Auténtico desencadenó todo el despropósito. El mismo Comité Central declaró que “Dicha obra presentaba graves defectos desde el punto de vista ideológico y artístico; que la música se encontraba en contradicción con el texto; que la ópera era poco melódica…” Y otras estupideces por el estilo. Por si eso no fuera poco, en el diario Izvestia fueron aún más lejos: “Ejemplo claro de separación entre el artista y la vida real, componiendo aquel al abrazo de su torre de marfil”. No obstante, las autoridades, a diferencia de con Shostakovich, siempre tuvieron en cuenta el gran e incontestable amor del autor hacia Rusia y la Revolución, por lo que sus disputas no llegaron a alcanzar las cotas de gravedad de otros colegas.

 A partir de 1950 la salud del compositor se resintió y por ello pasó largas estancias hospitalizado. Llegó a trabajar simultáneamente en siete obras distintas que no llegaron a completarse del todo. Finalmente, el 5 de marzo de 1953 murió como consecuencia de una hemorragia cerebral, siendo enterrado en el moscovita cementerio de Novo Devichi. La información que apareció en el periódico Sovietskoie Iskustvo no tiene desperdicio: “El compositor soviético Prokofiev murió al día siguiente en que fue anunciada la trágica noticia de la enfermedad del gran Stalin. Por ello, el anuncio de su muerte no ha podido aparecer en la prensa soviética hasta algunos días más tarde”. ¡Delirante!

 La mayor parte de la música de Prokofiev es melódica, fácil al oído y de un romanticismo sazonado con armonías inesperadas y ritmos vivaces del siglo XX. Es cierto que su música fue a veces intelectual y disonante, sobre todo la escrita entre los veinte y treinta años, en la que experimentó con ásperas disonancias, tonalidades acumuladas y estridentes sonidos orquestales. Pero lo mejor de su producción se caracteriza por el sentido fluido, la placidez y la inspirada melodiosidad.

OBRAS

– 8 Óperas, destacando El Amor de las Tres Naranjas y Guerra y Paz
– 7 Ballets, destacando Romeo y Julieta y La Cenicienta
– 7 Sinfonías, destacando la Nº1, Clásica, y la Nº5
Sinfonietta y media docena de Obras orquestales más breves, destacando la Suite Escita
– 5 Conciertos para piano, destacando el Nº3
2 Conciertos para violín
2 Conciertos para violoncelo
– 10 Sonatas para piano y otras más obras para el mismo instrumento
– 2 Cuartetos de cuerda
– Una Sonata para violoncelo y otras obras de cámara
– Diversas obras corales, destacando la cantata Alexander Nevski
– Una serie de Canciones